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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1972 El Sindicato de Trabajadores y Empleados de la UNAM, STEUNAM se apodera de la Ciudad Universitaria en demanda de un contrato colectivo.

Octubre 25 de 1972

 

El grupo que toma las instalaciones está compuesto predominantemente por personal obrero y de intendencia, a pesar de que el grueso de los trabajadores universitarios son oficinistas. Los paristas cierran el paso a los edificios mediante improvisadas barricadas colocadas en los accesos principales y amenazan con tubos y palos a los empleados que intentan ingresar a sus labores. Tampoco permiten la entrada a los miles de estudiantes y cientos de profesores que son tomados por sorpresa y deambulan por los alrededores sin saber qué actitud asumir. Surgen conatos de violencia entre los que pretenden laborar y los que con insultos y amenazas les impiden hacerlo.

La mayor resistencia inicial proviene de buena parte de los trabajadores administrativos que, acostumbrados al habla y trato amables y cultos de los mejores profesores e investigadores, consideran grotescos los modos toscos de Evaristo Pérez Arreola, líder del movimiento, quien no les simpatiza aun como dirigente de la ATAUNAM, que es la agrupación legal existente, menos como jefe de un nuevo sindicato, el STEUNAM. A los más informados les parece oportunista su discurso de “izquierda”, pues el 13 de junio de 1971, tras la matanza de estudiantes del jueves de Corpus, como líder de la ATAUNAM, Pérez Arreola publicó un desplegado de apoyo al gobierno echeverrista en pro de la legalidad y el orden, y en contra "de conocidos agitadores políticos excarcelados recientemente y que vienen constantemente creando choques e incitando a la violencia".

Estos empleados administrativos se sienten universitarios, comparten la idea de la Universidad como una comunidad de estudiantes, profesores y trabajadores, no de patrones y asalariados, o de burgueses y proletarios. No justifican la huelga porque para ellos no existe al momento, demanda o problema importante qué plantear a las autoridades que merezca un paro. Además, su condición laboral es similar a la prevaleciente en la administración pública federal y aun mejor porque además de estar afiliados al ISSSTE desde 1960, gozan de prestaciones especiales, como la guardería universitaria. Les consta que la administración del rector Pablo González Casanova, como nunca antes, ha mostrado interés en los trabajadores universitarios y entre otras medidas, dedicó a ellos un suplemento permanente en la Gaceta Universitaria, resolvió el retraso del pago de sueldos y prestaciones y, recientemente, miles de ellos participaron en un programa de capacitación en las aulas universitarias durante las vacaciones escolares.

Trabajadores administrativos como los de la Dirección General de Orientación y Servicios Sociales publican sus acuerdos: "Renunciamos a la ATAUNAM, mientras no exista una representación democráticamente elegida; No acataremos la suspensión indefinida de labores (huelga) decretada ilegalmente (a puerta cerrada) por los supuestos líderes de STEUNAM: Nos constituimos en asamblea permanente, en tanto dure el actual conflicto laboral y hacemos responsables a los miembros del Comité Ejecutivo de la ATAUNAM y STEUNAM de cualquier agresión que pudiera sufrir algún trabajador administrativo de esa Dirección". De igual manera, varias dependencias administrativas se niegan a parar, como la Dirección General de Personal Académico y Administrativo, cuyos trabajadores impiden personalmente a Pérez Arreola que clausure sus oficinas, las que permanecerán abiertas durante casi toda la huelga.

Así, miles de empleados universitarios se reúnen en la explanada para condenar la toma de la UNAM, desconocer a los líderes del STEUNAM como sus representantes y emprender acciones contra los "golpistas", como crear una nueva organización gremial democrática, pues pronto queda claro que el sindicalismo naciente tiene, sobre todo, una intención política, no laboral, bajo la influencia directa del Partido Comunista Mexicano y con el consentimiento, por lo menos, del ejecutivo federal. De manera análoga, pocos años después, el mismo ejecutivo usará a los propios cooperativistas para expulsar a Julio Scherer del diario Excélsior. Lo paradójico en el caso de la UNAM, es que desde la "izquierda" se ataca a un rector de izquierda.

“Una Universidad libre y crítica como la que se proyectaba era insoportable a los grupos más reaccionarios y retrógrados de México. Su visión abierta, plural, progresista, democrática y plenamente universitaria le atrajo odios desde el poder. Primero el empresarial, después el gubernamental, al lado de la izquierda y el Partido Comunista Mexicano... (Torres Guillén Jaime. Dialéctica de la Imaginación, la biografía intelectual de Pablo González Casanova).

Pese a todo, por la fuerza, la complicidad, la impotencia o la indiferencia, a partir de hoy, la Ciudad Universitaria se encontrará paralizada y las principales autoridades tendrán que despachar en oficinas externas. La huelga durará hasta el 15 de enero de 1973.

Menos de un año antes, el 12 de noviembre de 1971, 89 trabajadores constituyeron el STEUNAM, encabezado por Evaristo Pérez Arreola, y Leonardo Olivos Cuéllar, paralelo a la existente Asociación de Trabajadores Administrativos de la UNAM, ATAUNAM, que también dirigían. Tres días después, el STEUNAM presentó su solicitud de registro ante las autoridades del trabajo, a pesar de que desde 1963, dichas autoridades habían negado el registro sindical a una organización similar al STEUNAM, el SEOUNAM, argumentando que "la Universidad Nacional no se incluye dentro de lo que en derecho se denomina una empresa lucrativa, sino que su ubicación se inscribe como una empresa de servicio público y, por ello, no se da la denominación de patrón para este tipo de institución”. Como era previsible, el 14 de enero del año siguiente de 1972, la Secretaría de Trabajo y Previsión social negó el registro al STEUNAM argumentado: "que la Universidad no es una empresa administrativa en forma directa o descentralizada por el Gobierno Federal y que no existe relación de trabajo entre la UNAM y sus servidores”. El 28 de enero de 1972 el STEUNAM presentó un recurso de amparo que también le fue negado.

Ante el no reconocimiento de las autoridades laborales, el grupo de dirigentes decidió funcionar de hecho como un sindicato y aun sin registro legal, el STEUNAM emplazó a huelga a la UNAM en los siguientes términos: "Por acuerdo tomado en asamblea general el día 11 de octubre en curso, por mayoría de los trabajadores y empleados que prestan sus servicios a esa institución y que forman parte de este sindicato, y con fundamento en lo previsto por los artículos 354, 456, 357 y 450 fracciones 1, 11 de la Ley Federal del Trabajo, se acordó enviar a usted, el presente Pliego de Peticiones con emplazamiento a huelga, conforme a los siguientes puntos: PETICIONES "I. Se exige de esa Institución, la celebración y firma de un Contrato Colectivo de Trabajo, de acuerdo con el proyecto adjunto, que armonice los factores de la producción, dentro de esa propia Institución y consecuentemente se reconozca a ese Sindicato de Trabajadores y Empleados de la Universidad Nacional Autónoma de México el carácter de representante del mayor interés profesional por controlar a la mayoría del personal a su servicio..."

Al emplazamiento a huelga, el rector González Casanova contesta que todas las demandas laborales deben ser canalizadas por la ATAUNAM, que no puede firmar contrato con un sindicato cuya existencia corresponde reconocer a las autoridades laborales, no a la UNAM, y que el rector no es un patrón, puesto que la Universidad no es una empresa de lucro, sino un organismo descentralizado del Estado.

Aparte de la cuestión legal, al igual que otros universitarios destacados, el rector teme que el sindicalismo universitario planteado en esos términos, con cláusulas de exclusión, inclusión y exclusividad, reproduzca con el tiempo las peores prácticas del sindicalismo "charro", antidemocrático y autoritario, siempre en perversa relación con el gobierno, al añejo estilo de la CTM o la CROM; un sindicalismo pernicioso para los trabajadores, proclive a la corrupción y riesgoso para la autonomía universitaria, pues, de darse el caso, "la UNAM sería presa de los enemigos de la cultura y de la inteligencia nacionales".

Ya otros rectores habían sostenido posiciones similares ante el mismo desafío: Desde el otorgamiento de la autonomía a la Universidad Nacional en 1929, cuando los trabajadores universitarios perdieron su carácter de empleados federales, surgieron varios intentos de constituir sindicatos de trabajadores o profesores universitarios. Sin embargo, prevaleció el criterio de que la Universidad no es equiparable a una empresa privada.

El 26 de julio de 1937, el rector Luis Chico Goerne declaró: "La rectoría de la Universidad Nacional de México ratifica su criterio en el sentido de que estima que la interpretación jurídica correcta acerca de la personalidad de la Universidad es que se trata de un caso típico de personalidad de Derecho Público descentralizada. En consecuencia, el criterio de la rectoría es precisamente el punto de vista opuesto a la opinión de que la Universidad es persona de derecho privado, y que puede estimarse que su situación es equivalente a la de una organización patronal".

La misma tesis sustentó el rector Alfonso caso en 1944: "la Universidad no es una empresa, no organiza los elementos de la producción para la persecución de ningún propósito lucrativo, nunca ha tenido, ni tiene, ni se propone tener, provecho en sentido económico: es, como ya se dijo antes, una comunidad de cultura..."

En igual sentido, el Estatuto General de 1945 estableció: "Las relaciones de la universidad y su personal de investigación, docente y administrativo, se regirán por estatutos especiales que dictará el Consejo Universitario. En ningún caso los derechos de su personal serán inferiores a los que concede la Ley Federal del Trabajo".

El 20 de diciembre de 1965, durante el rectorado del Dr. Ignacio Chávez, se aprobó el Estatuto del Personal Administrativo que estableció: "Los trabajadores administrativos de la Universidad constituirán una asociación denominada Asociación de Trabajadores Administrativos de la UNAM. Los trabajadores no podrán formar parte de las organizaciones propias de estudiantes, profesores e investigadores de la Universidad. La asociación no podrá pertenecer a organizaciones o confederaciones de trabajadores en general ni pertenecer a partidos políticos; podrá guardar con tales entidades relaciones de carácter social o cultural, pero nunca de solidaridad”. Conforme a este Estatuto, el 25 de abril de 1966 se constituyó la ATAUNAM, con representación en el Consejo Universitario

Durante los días siguientes al estallido de la huelga, para tratar de resolver el conflicto planteado por el STEUNAM, el rector González Casanova, sin suspender el pago a los trabajadores, promoverá que una comisión nombrada por el Consejo Universitario y encabezada por los maestros Héctor Fix Zamudio y Víctor Flores Olea, presente a los huelguistas los diez puntos siguientes: ratificar que corresponde al Consejo Universitario normar las relaciones entre la UNAM y sus trabajadores; conciliar autonomía y sindicalismo; estudiar conjuntamente el contrato y demandas sindicales; atender las demandas justas y legítimas; elaborar un nuevo Estatuto laboral que de común acuerdo se propondrá al Ejecutivo y al Legislativo, que de reformarse la legislación, se convertirá en contrato colectivo; garantizar la autonomía universitaria; el STEUNAM será el titular del contrato si demuestra que es democrático; revisión de la cláusula de exclusión; revisión de la cláusula de admisión para puestos especializados; y reanudación inmediata de labores. (Basurto Jorge. Los movimientos sindicales en la UNAM).

Las pláticas se iniciarán en condiciones infamantes para la representación del Consejo Universitario. Sus integrantes serán obligados a caminar del asta bandera a la Facultad de Medicina entre abucheos y burlas de trabajadores de intendencia que forman una valla amenazante. Las discusiones se prolongarán hasta la noche, sin que los paristas muestren ánimo de llegar a un acuerdo, pues están movidos por la consigna de no ceder un ápice en la demanda que no puede resolver la comisión del Consejo Universitario: reconocimiento y firma de un Contrato Colectivo de Trabajo. Ni siquiera aceptarán cambiar la palabra "contrato" por "convenio", así fueran sinónimas, o dejar de usar las palabras "patrón" o "patronal" con intención de resaltar su carácter "proletario". Será obvio que de lo que se trata es de no avanzar y mantener paralizada a la UNAM y esperar la caída del Rector.

Dado el rechazo de las propuestas del Consejo Universitario por los huelguistas, el rector González Casanova presentará su renuncia el 16 de noviembre de 1972, la cual no será aceptada por el propio Consejo. Pero ante la evidencia de que el propósito inmediato de la huelga es su salida, volverá a renunciar de manera irrevocable el siguiente 18 de diciembre. Quizás, cediendo hubiera concluido su periodo y hasta reelegirse, pero como escribe Marcos Roitman Rosenmann (Sin principios no hay ética política): "La política no es un juego que se resuelve en ganar, si para ello se renuncia a la conciencia ética. Sin principios la política acaba siendo un conjunto indeterminado de actos tendientes a justificar la indignidad". 

Triunfará así el segundo intento por provocar la renuncia de González Casanova. El primero había tenido lugar unos meses antes, el 31 de julio anterior, cuando 200 normalistas encabezados por Miguel Castro Bustos y Mario Falcón se apoderaron del despacho del rector, intentando su secuestro (una maniobra similar con la que se derrocó al Dr. Ignacio Chávez en 1966) y exigiendo su incorporación a la Facultad de Derecho. Demanda obviamente inaceptable. El propósito era crear un conflicto que exhibiera la debilidad del rector, lo obligara a pedir la intervención de la fuerza pública, responsabilizarlo de violar la autonomía, y provocar su renuncia. Jorge Basurto señala que el golpe provenía del entonces secretario de Educación Pública, Víctor Bravo Ahuja, apoyado por Rubén Figueroa, gobernador de Guerrero. (Citado en Torres Guillén, ya mencionado). Durante sesenta días las autoridades policiacas no pudieron aprehender a Castro Bustos y Falcón pese a que salían con frecuencia de Ciudad Universitaria, pues lo que querían era entrar a la misma. El rector no solicitó el desalojo por la policía y en cambio, ratificó que la única fuerza válida en la UNAM era la fuerza moral. Finalmente salieron los delincuentes de CU, uno de ellos para el exilio en Panamá, mientras que el otro permaneció oculto. Posteriormente ambos fueron encarcelados.

Con la renuncia de González Casanova concluirá un rectorado cuyo proyecto era descentralizar la UNAM a todo el país “con la intención de que la universidad llegara realmente a todo el pueblo... desclaustrar la academia y ligarla a la fábrica, al hogar, la biblioteca, el hospital... un sistema nacional de servicio educacional que permitiera generar el conocimiento y la cultura en todos los ámbitos de la sociedad... una Universidad libre y crítica como la que se proyectaba era insoportable a los grupos más reaccionarios y retrógrados de México. Su visión abierta, plural, progresista, democrática y plenamente universitaria le atrajo odios desde el poder. Primero el empresarial, después el gubernamental, al lado de la izquierda y el Partido Comunista Mexicano... (Torres Guillén, ya citado).

Durante su breve y accidentado rectorado, que se inició el 2 de mayo de 1970, González Casanova sólo pudo crear el Sistema de Universidad Abierta y el Colegio de Ciencias y Humanidades CCH, además de combatir los prejuicios que sustentan la universidad elitista, sólo accesible a los más "aptos", pero que en realidad cierra el paso a los hijos de las clases populares, perpetua la desigualdad social y beneficia a las clases dominantes. (Torres Guillén, ya citado).

El 8 de enero de 1973 tomará posesión como rector Guillermo Soberón Acevedo, con quien el STEUNAM sí accederá a la firma de un “convenio", ya no contrato, con lo cual, al margen del registro legal, obtendrá su reconocimiento y titularidad en la contratación colectiva y exclusividad en la admisión de personal; derecho de revisión contractual; derechos de huelga, conciliación, revisión salarial anual y capacitación; creación de un tabulador salarial y respeto al escalafón.

El 15 de enero de 1973, se dará por terminada la huelga sin que el STEUNAM consiga sustancialmente, más de lo ya ofrecido por el anterior rector o lo estipulado en el Estatuto del Personal Administrativo y el apartado B del Artículo 123 Constitucional y la legislación correspondiente. En febrero se firmará el convenio colectivo de trabajo, que regirá las relaciones laborales entre los trabajadores y la administración universitaria, ya no llamada "la patronal". El Consejo Universitario ratificará el convenio en su sesión del 13 de febrero siguiente.

El 27 de marzo de 1977 el STEUNAM se convertirá en el Sindicato de los Trabajadores de la UNAM, STUNAM, integrado por empleados y profesores. Evaristo Pérez Arreola dirigirá el sindicato durante 17 años a partir del 9 de mayo de 1973; será diputado federal por el PCM, diputado local en Coahuila por el PARM (partido apéndice gubernamental), presidente municipal de Acuña por la Unidad Democrática de Coahuila y el PARM, asesor del presidente Carlos Salinas de Gortari y participará en la campaña de Vicente Fox. Lo sucederá durante cinco años Nicolás Olivos Cuellar. De 1994 a 2017, por lo menos, encabezará el STUNAM durante 23 años, el ingeniero Agustín Rodríguez Fuentes.

A más de cuarenta años de estos hechos, para sus críticos, el STUNAM parece un sindicato proclive a los dictados de la rectoría, alejado de las prácticas democráticas y ajeno a toda renovación. Sólo se diferencia del sindicalismo "charro" porque se dice de izquierda y sus miembros acuden selectivamente a manifestaciones de oposición al gobierno para seguir aparentando independencia.

Francisco Cruz Jiménez (Los amos de la mafia sindical) describe los rasgos que caracterizan a estos sindicatos:

"Los 'grandes' líderes sindicales de México son lo que parecen y lo que aparentan: viejos dictadores, caciques depredadores, el club de la eternidad. Una relación perversa con el poder les ha permitido forjar una gerontocracia tan profundamente antidemocrática que se han convertido en representantes emblemáticos del régimen antiguo; no admiten la crítica, ni ejercen la auto crítica, son adaptables a cualquier escenario, situación o ideología; y un despotismo ilustrado caracteriza su comportamiento; empero, el fraude radica no en engañar a sus representados, sino en que han traicionado sus principios. Sólo la muerte o la cárcel son capaces de arrancarles su liderazgo.

Como gestores económicos y sociales, son un desastre. Amalgamados con el poder, se limitan a presentar demandas y aceptar lo que el gobierno o el patrón les quieran dar. Por ellos, en México parece practicarse una sola política laboral, la del cinismo: abundancia para unos cuantos, el mundo de los privilegiados; pobreza, carestía e inflación para los más.

Su éxito se basa en la capacidad para mostrar docilidad al presidente de la República, complacer a los empresarios y contener a los trabajadores, mantenerlos en un ejército cautivo y temeroso, utilizando todo tipo de artimañas o métodos sugestivos como la cláusula de exclusión, la lista negra, y la manipulación de estatutos, autorizando su reelección 'por esta única vez', cuando se proclaman dirigentes vitalicios, líderes a perpetuidad. Y eso les garantiza la funcionalidad política de su sector.

A cambio, el gobierno se hace de la vista gorda, les mantiene sus prebendas, les permite usar a sus organizaciones para lograr aspiraciones personales y alcanzar poderío económico; nada trastoca en su nivel de vida de ensueño ni el de sus descendientes. Mientras sus privilegiados hijos ven cómo engordan sus cuentas bancarias, aumentan sus joyas y ujieres, se divierten en el extranjero y pueden estudiar en universidades de España, Gran Bretaña, Alemania o Estados Unidos, los hijos de sus representados enfrentan un magro porvenir. Si bien les va, éstos están condenados a vivir en las "palomeras" del Infonavit; aquéllos, en Polanco, cuando mal les va, El Pedregal, Miami o Lomas de Chapultepec.

Anclados en la impunidad o en el sindicalismo más oscuro y siempre al lado del poder, los protagonistas de esta particular gerontocracia mexicana están enquistados casi en todos los sectores y se reproducen fielmente en los estados. Aunque en algunas ocasiones se ha puesto en peligro la seguridad de los charros, sus nombres son de uso común: Víctor Flores Morales, Francisco Hernández Juárez, Juan Díaz de la Torre, Napoleón Gómez Urrutia, Joel Ayala Almeida, Carlos Romero Deschamps, Joaquín Gamboa Pascoe, Víctor Fuentes del Villar y Agustín Rodríguez Fuentes.
[…]
Para ellos es letra muerta el 'sufragio efectivo no reelección'. Todos han seguido la 'escuela' que impunemente impusieron personajes de negro historial: Elba Esther Gordillo Morales, Fidel Velázquez Sánchez, Joaquín Hernández Galicia, Carlos Jonguitud Barrios, Salustio Salgado Guzmán, Luis Gómez Zepeda, Napoleón Gómez Sada, Nezahualcóyotl de la Vega García, Venustiano Reyes, Leonardo Rodríguez Alcaine o Luis Napoleón Morones Negrete.
[…]
Si no pasa nada extraordinario, Agustín Rodríguez Fuentes cumplirá en 2013 casi dos décadas como líder del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM). Tampoco se le ven muchas ganas de irse. Hace mucho los trabajadores universitarios se convirtieron en un gremio despolitizado y desmovilizado, 'en el que operan el clientelismo, el cochupo y el contubernio de los delegados sindicales con las autoridades administrativas', como advirtió en su momento René Rivas Ontiveros, doctor en Ciencia Política e investigador de la Máxima Casa de Estudios".

Martín Moreno (Los Demonios del Sindicalismo Mexicano) agrega que en el STUNAM la corrupción existe en la venta de los préstamos que otorga el ISSSTE y de las plazas, así como en las ayudas millonarias que le da la UNAM. No hay auditorias desde hace veinte años. El propio Rodríguez Fuentes dispone para sí, sin comprobación, de casi cuatrocientos mil pesos mensuales en tanto que el presidente de la República tiene como sueldo bruto doscientos cuarenta mil pesos. "Por su antidemocracia sindical; por los años que ya tiene al frente del STUNAM; por cómo tolera la presunta corrupción según sus opositores en el entorno del sindicato; y por su demagogia, Agustín Rodríguez Fuentes es conocido dentro del sindicato y de la comunidad, como el 'Fidel Velázquez' de la UNAM, mote más que merecido, ganado a pulso y, en realidad, nada honroso para cualquiera".

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.