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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Inicia la Convención Revolucionaria de Aguascalientes en el Teatro Morelos

10 de Octubre de 1914

 

La reunión de los jefes de las distintas facciones de la revolución trata de dirimir las divergencias entre los grupos revolucionarios. Villa domina el norte hasta La Laguna; Carranza por medio de Pablo González ocupa el noreste, parte de la costa del Golfo de México y el centro de la República incluyendo la capital; Obregón se asienta en Sonora y la costa del Pacífico hasta Jalisco; y Zapata tiene Morelos y parte de los Estados de México, Guerrero y Puebla. Participan 57 generales y gobernadores, así como 95 representantes de jefes revolucionarios; al conjunto inicial se agregará una representación del general Emiliano Zapata.

La pugna entre los grupos que derrocaron a la dictadura de Huerta comenzó tras el asesinato de Madero, cuando Carranza asumió el mando del Ejército Constitucionalista para luchar contra Huerta, e invitó a Villa a integrarse, pero éste no aceptó subordinarse a Obregón, por lo que Carranza nombró a Villa general del Ejército Constitucionalista al mando de la División del Norte.

Villa tomó Zacatecas, y aunque prácticamente destruyó al ejército federal, causó el disgusto de Carranza porque desobedeció sus órdenes. Cuando Villa avanzó hacia la ciudad de México, Carranza le ordenó regresar, pero Villa tampoco acató la orden. A la derrota de Huerta, algunos jefes constitucionalistas, como Lucio Blanco, Ignacio L Pesqueira y Rafael Buelna, formaron la Junta Permanente de Pacificación con el objeto de conciliar a villistas y carrancistas, además de atraer a los zapatistas. Carranza cedió a: la presión de los villistas para que convocara a una convención que fijara la fecha de nuevas elecciones, a pesar de que no había resuelto sus diferencias con Villa y Zapata y ya se conformaba el grupo político integrado por Obregón, Hill y Calles.

En este contexto, Carranza mandó a Obregón a dialogar con Villa, quien condicionó su participación al cumplimiento del acuerdo firmado el 9 de septiembre de 1914 en Chihuahua, en donde Obregón se comprometió a instaurar un gobierno democrático; resolver los problemas sociales y económicos del país; convocar a elecciones de gobernadores, formar un Congreso que discuta las reformas constitucionales y llamar a elecciones.

Carranza no aceptó este pacto firmado por Villa y Obregón, en tanto no fuera discutido en una asamblea representativa nacional. Villa se negó a participar en esa Convención y Obregón fue a Chihuahua a convencerlo de que asistiera; Villa ordenó fusilarlo; intercedió Chao y Obregón se salvó.

Finalmente, el 1º de octubre pasado, con asistencia de 69 delegados, se inició la Convención en la ciudad de México. Villa se negó a ir a la capital. Por su parte, Carranza condenó a la “minoría indisciplinada” (Villa) y renunció a la presidencia y a la jefatura del ejército, pero la Convención no lo aceptó. Entonces, Villa accedió a asistir a un terreno neutral, en Aguascalientes, de donde tomará su nombre la Convención, pero entonces fue Carranza quien no aceptó participar personalmente.

En el Teatro Morelos de Aguascalientes, tiene lugar la primera sesión, se aclara que se trata de continuar la Convención iniciada en la capital de la República; sin embargo, se procede a integrar una nueva Mesa Directiva: Antonio I. Villarreal, inclinado hacia Carranza, presidente, con dos vicepresidentes villistas, José Isabel Robles y Pánfilo Natera, así como Samuel de los Santos, Marciano González, Federico Montes y Mateo Almanza, secretarios.  Para revisar las credenciales de los delegados se integra una Comisión por los generales Blanco, Aguirre Benavides, Ángeles, Iturbe y Márquez.

En la práctica, se forman de hecho tres grupos: el carrancista (muy dividido y sin representante oficial de Don Venustiano), el de la Junta Permanente de Pacificación y el villista que encabeza Felipe Ángeles.

El debate se inicia acerca de los requisitos para ser delegado a la Convención: ser gobernador, general con mando o no de tropa, etc. Se aprueba que nadie pueda ostentar más de una representación y que haya un voto por cada delegado.

El día 12 de octubre se reanudará la sesión con el dictamen aprobatorio de 55 credenciales y las propuestas de que se giren invitaciones a las fuerzas de los generales Zapata y Maytorena, cuya participación en la Convención se considera indispensable.

Al siguiente día, se expulsará al supuesto general Antonio Castellanos y se reiterará la obligación de todos los bandos revolucionarios de poner en libertad a sus presos políticos; el general Felipe Ángeles repetirá su propuesta de que sean invitados a la Convención Zapata y Maytorena, a la cual se adherirán otros delegados.

El 14 de octubre, a propuesta de los generales Hay, González Garza y Rodríguez se constituirá la Convención y se declarará soberana por aclamación unánime. La mesa directiva será la misma, salvo Almanza quien será reemplazado por Vito Alessio Robles. A continuación los delegados harán el siguiente juramento: “Ante esta bandera, por mi honor de ciudadano armado, protesto cumplir y hacer cumplir las decisiones de esta Convención”, y estamparán su firma sobre lo blanco de la bandera.

Luís Fernando Amaya C. (La Soberana Convención Revolucionaria 1914-1916) recoge las palabras de Antonio I. Villarreal pronunciadas tras la jura de fidelidad:

"Los grupos disidentes -manifestó- ya tendrán un centro que obedecer… Declarados en Convención Soberana, declarados en poder inapelable de la República, bien podemos ya, señores, hacer que la tranquilidad vuelva, hacer que la paz renazca, que las hostilidades se suspendan, que no se derrame más sangre hermana… la Revolución no se hizo para que determinado hombre ocupara la Presidencia de la República; la Revolución se hizo para acabar con el hambre en la República Mexicana. (Aplausos nutridos. Bravos y vivas.).

"Debe ser uno de nuestros principales propósitos aniquilar al enemigo, que el enemigo muera de verdad, para que quede asegurado el dominio de la Patria liberada. Nuestro enemigo es rico, nuestro enemigo es poderoso, hagámosle pobre. (Aplausos.) La Constitución nos prohíbe que confisquemos, por eso queremos vivir un poco de tiempo sin nuestra Constitución. (Aplausos.) Necesitamos arrebatar al enemigo los fondos de donde ha de surgir la nueva revolución reaccionaria, necesitamos arrebatarle sus propiedades, necesitamos dejarlo en la impotencia, porque ese enemigo sin oro es un enemigo del que podemos burlarnos implacablemente. (Aplausos.)

"Nuestro enemigo fue el privilegio, el privilegio sostenido desde el púlpito por las predicas del clericalismo anticristiano que tenemos en esta época de vicios, asociado también al militarismo de los cuartelazos… Debemos arrebatarle las riquezas a los poderosos y debemos cumplir también con las Leyes de Reforma en lo que respecta a las riquezas del clero. (Aplausos.)

"Así como nuestras Leyes de Reforma nacionalizaron los bienes del clero, nosotros también podemos nacionalizar los bienes del privilegio para bien de la Republica. (Aplausos y voces: ¡muy bien!)

"Se ha hecho, se ha procurado, arrebatar a los ricos lo que los ricos habían arrebatado a los hambrientos; pero no se ha hecho con orden, ni lo arrebatado ha aumentado el caudal de la República en gran proporción. Debemos hacerlo con orden, debemos hacerlo sabiamente para, con esas riquezas recogidas, pagar, que bien podemos hacerlo, todas las deudas de la guerra y cubrir todas las necesidades para asegurar el futuro económico de la Patria. (Aplausos.)

"Y al clero debemos arrebatarle también los bienes que ha adquirido, amparado con la política de conciliación del general Díaz. El clero tiene derecho únicamente a poseer los templos, los templos consagrados al culto, pero no tiene derecho a poseer, como posee, conventículos y hermosos edificios consagrados a lo que ellos llaman enseñanza, que no es otra cosa que la perversión del criterio de los niños. (Aplausos y voces: i muy bien!)

"No debe la Revolución atentar contra la libertad de conciencia ni contra la libertad de cultos; en el periodo agitado es muy justo y así se ha hecho, castigar a la clerigalla que se asoció con Huerta, castigar el catolicismo que dio dinero con que pudiera el clero fomentar el gobierno de Huerta; pero pasado el periodo agitado, nosotros, como buenos liberales, debemos respetar todos los cultos; pero no permitir que nuestra niñez sea envenenada. (Aplausos.) Es más trascendental prohibirle al clero la enseñanza que prohibirle la religión; que sigan rezando, que sigan predicando; pero que no enseñen mentiras. (Aplausos.)

"Aniquilados nuestros tres principales enemigos: el privilegio, el clericalismo y el militarismo, podremos entrar de lleno al periodo constitucional que todos anhelamos. (Aplausos.)

"Y abriguemos temores por el futuro del ejército que nace; más bien que temores, velemos su despertar, cuidemos su organización, estemos pendientes de los vicios que empiecen a observarse en él, tengamos siempre presente que somos ciudadanos armados en estos momentos y que queremos formar un ejército que sea el aseguramiento de las libertades y no el ejército de los cuartelazos y el sostenedor de las tiranías. (Aplausos. )

"Debemos laborar con todas las fuerzas de nuestra conciencia, con todos los impulsos sanos de nuestros corazones, porque no se fomente el pretorianismo en nuestras filas, porque no se llegue a formar nunca un ejército que aspire a gobernar; porque en las Repúblicas, cuando se ha aceptado el voto de las mayorías, no son los hombres armados, no es la fuerza bruta la que debe deliberar, la que debe ver por los destinos del país sino los ciudadanos libres, en el seno de la paz y la armonía general.

"Esta Revolución, que tiene muy poco de política, que es eminentemente social, ...que ha surgido de la gleba dolorida y hambrienta, no habrá terminado, no habrá cumplido su obra hasta que hayan desaparecido de nuestro país los esclavos que hasta hace muy poco teníamos en Yucatán y en el Sur, y hasta que hayan desaparecido de nuestros talleres los salarios de hambre, y de nuestras ciudades los pordioseros que pueden trabajar y piden limosna, porque no encuentran donde trabajar. (Aplausos.)

"Vamos a acabar con el peonaje, vamos a hacer que los salarios suban, que disminuyan las horas de trabajo, que el peón, que el obrero sea ciudadano; reconozcámosle el derecho de comer bien, de vestir bien, de vivir en una buena casa… Y vamos a acabar con los personalismos... que no sean los caprichos de los caudillos los que han de lanzarnos a la guerra… Tengamos el valor de decir: que primero son los principios que los hombres; tengamos el valor de proclamar que es preferible que mueran todos los caudillos con tal de que salvemos el bienestar y la libertad de la patria. (Voces: j muy bien! Aplausos.)

"Y en vez de gritar vivas a los caudillos que aun viven y a quienes todavía no juzga la Historia, gritemos, señores: i Viva la Revolución! (Voces: i viva! i viva! Aplausos.)

"Queda solemnemente instalada esta Convención Soberana. (Voces: ¡Viva la Revolución! i Viva la Convención!" (Aplausos prolongados.)

El día 15 de octubre, se designarán cinco delegados, encabezados por el general Ángeles, a invitar a Zapata a que envíe delegados a la Convención. Se acordará que entretanto llegan los zapatistas, no se tratarán asuntos importantes sino a partir del 22 de octubre próximo.

En los siguientes días se discutirán las quejas de los carrancistas y de la gente de Maytorena que se dicen sujetas al amago de los zapatistas y de los villistas, a pesar de que se había acordado que todos suspendieran las hostilidades en tanto sesionara la Convención. Así se comenzará a poner de manifiesto la incapacidad de la Convención para hacerse obedecer de los jefes militares.

Villa se presentará en la Convención el día 17 y firmará la bandera; se reconciliará con Obregón, aprobará los acuerdos y nombrará a Roque González Garza su representante oficial.

Zapata no aceptará asistir oficialmente a la Convención, en tanto Carranza siga en el poder ejecutivo, no se acepte el Plan de Ayala y no se traslade la Convención a la ciudad de México. Sin embargo, mandará a un grupo de civiles con grados militares, entre ellos Paulino Martínez, Antonio Díaz Soto y Gama y los hermanos Magaña, quienes al frente de un grupo de 23 personas se presentará a la sesión del día 27 de octubre.

Paulino Martínez expondrá los motivos de la revolución: no sufragio efectivo y no reelección, sino pan y justicia; los motivos del zapatismo concretados en el Plan de Ayala y la negativa de Zapata a enviar delegados. Advertirá el inminente enfrentamiento entre los seguidores del Plan de Guadalupe y el de Ayala y concluirá señalando que si los convencionistas se adhieren al Plan de Ayala, “lucharemos contra el enemigo común de nuestras libertades: clero, militarismo y plutocracia.”

Será ese mismo día que un discurso de Soto y Gama en el que tacha a la bandera nacional, sobre la que habían firmado los delegados y Villa, de “triunfo de la reacción clerical encabezada por Iturbide”, provocará la respuesta patriótica iracunda y escandalosa de los asistentes, pero finalmente se impondrá el orden y el orador aclarará que sus palabras no tratan de denigrar al símbolo patrio, sino de evitar que se le use con propósitos políticos.

El incidente dará lugar a que el general Hay, aclare que la ratificación a Carranza sólo tenía validez hasta que la Convención decida quien ocupará el Poder Ejecutivo y que no hubo móvil político en la firma de la bandera.

En apoyo de los zapatistas, Roque González Garza declarará su adhesión al Plan de Ayala y pedirá a los generales de la División del Norte que hagan lo mismo poniéndose de pié. Así, sin ninguna objeción, el Plan de Ayala será adoptado por la Convención. Sin embargo, en sesiones siguientes, se discutirá en lo general y en lo particular el Plan, que será defendido principalmente por Soto y Gama, de quienes lo encuentran poco radical o no aprueban algunos de sus medidas concretas. Además, los intelectuales zapatistas harán planteamientos políticos tales como el establecimiento de un gobierno parlamentario, la instauración del voto directo, la calificación de las elecciones por el poder judicial y la revocación del mandato de los gobernantes.

En los siguientes días, se invitará a Carranza a acudir personalmente o por medio de un representante a la Convención, pero éste se negará para “no coartar la deliberación” y sugerirá que Villa adopte una actitud similar. Rechazará las imputaciones de que pretende conservarse en el poder y declarará estar dispuesto a renunciar si se cumplen tres condiciones: establecimiento de un gobierno preconstitucional que realice las reformas sociales y políticas, antes de que se restablezca el gobierno plenamente constitucional; que renuncie Villa a la División del Norte y Zapata  al Ejército del Sur, y ambos, lo mismo que Carranza, abandonen el país.

Hasta el 13 de noviembre siguiente, sesionará la Convención. Adoptará el Plan de Ayala, y a sugerencia de Obregón aprobará los ceses de Carranza como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y encargado del poder Ejecutivo, y de Villa como jefe de la División del Norte. Enseguida procederá a elegir presidente provisional de la República. Ganará Eulalio Gutiérrez con 112 votos contra 21, con la reserva de que sea ratificado por los zapatistas.

 

Villa aceptará su destitución, pero Carranza no reconocerá la soberanía de la Convención y llamará a todos los jefes constitucionalistas para que la combatan y sus seguidores abandonarán la Convención para seguirlo. El presidente Gutiérrez tratará insistentemente de que regresen, pero su actitud conciliatoria molestará a villistas y zapatistas.

Martín Luis Guzmán (El Águila y la Serpiente) reflexiona sobre la situación: "La Convención, en efecto, había votado, de una parte, que desapareciera la Primera Jefatura, para lo cual nombró un presidente provisional, y de la otra, que Villa entregara el mando de la División del Norte. Pero mientras los generales independientes y los enemigos de Carranza acataron la orden, que era bien clara, poniéndose sin condiciones al lado de Eulalio Gutiérrez, los generales carrancistas acordaron seguir apoyando al Primer Jefe -lo cual era un acto de rebeldía- hasta que los nuevos requisitos que don Venustiano alegaba para retirarse se cumplieran. Ahora bien: frente a la soberanía de la Convención, Carranza no tenía derecho a fijar condiciones de ningún género, ni las habría puesto, de no recibir el apoyo de sus generales adictos. Se le habla privado de su investidura, y todo terminaba ahí. Villa, a su vez, tampoco podía interpretar ni tergiversar a su antojo el mandato de desprenderse de sus tropas.

¿Cuál, en consecuencia, era el deber de los generales; sinceramente ajenos a las facciones personalistas? ¿No era el rodear a Gutiérrez, y de ese modo capacitarlo a cumplir lo dispuesto? Pero en lugar de proceder así, los sostenedores de Carranza huyeron de Aguascalientes para remitir desde México, o desde Orizaba, mensajes donde notificaban a Eulalio que no estarían con él, sino con el Primer Jefe, mientras no se ejecutara la orden de separar a Villa, y esto era no sólo una deslealtad -un desconocimiento inmotivado del pacto donde se estampó la firma-, sino un ardid de mala ley, fingida pretensión de que Gutiérrez hiciera, con el concurso de unos cuantos, lo que todos se habían comprometido a hacer juntos, lo que sólo con el auxilio de todos era factible. Imitando a los enemigos de Villa, los enemigos de Carranza hubieran podido negarse a seguir a Eulalio mientras éste no arrojara de México al Primer Jefe. y entonces el Presidente Provisional se hubiera visto en el graciosísimo aprieto de luchar él solo contra los dos bandos en pugna.

Las medidas necesarias para nulificar a Carranza y acabar con Villa venían a resolverse, como quiera que se las abordase, en un problema militar, pues era seguro que ambos destituidos resistirían con la fuerza. Pero ese problema, echado por la Convención sobre los hombros de Eulalio Gutiérrez, resultaba insoluble sin la inmediata ayuda de la mayoría de los generales de la Convención misma, que reunidos formaban el núcleo más fuerte, pero que disgregados -cada grupo en espera de que se impusiese la sanción al otro- restablecían las divisiones personalistas. Rota la unidad de la Convención por los partidarios de Carranza (que exigían a Gutiérrez un imposible: destituir a Villa sin más apoyo que el de los villistas), Gutiérrez hizo lo que cualquier otro en circunstancias análogas: contemporizar con Villa, más aún, quitarle todo motivo de recelo, mientras llegaba la coyuntura a propósito para desposeerlo del mando y, en último extremo, combatirlo, cosa que no podía intentarse siquiera si los generales de Carranza no volvían a la razón".

Comenzará así una de las etapas más violentas de la Revolución, en la que se enfrentarán Villa y Obregón en el campo de batalla. El gobierno de Eulalio Gutiérrez tomará la capital con el apoyo de Villa y Zapata y la asamblea de la Convención volverá a sesionar en enero de 1915, pero villistas y zapatistas no podrán ponerse de acuerdo respecto al Programa de Reformas Políticas y Sociales. El gobierno de la Convención se trasladará a San Luís Potosí, Toluca Y Cuernavaca, ante el amago de los carrancistas que derrotarán a Villa y recobrarán la capital. La Convención nombrará dos presidentes más: Roque González Garza y Francisco Lagos Cházaro, antes de disolverse definitivamente el 6 de mayo de 1916.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.