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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Son encarcelados los autores del rumor de que el indio Mariano se levantará en armas para restaurar la monarquía de Moteczuma y coronarse rey.

2 de Enero de 1801

En la ciudad de Tepic, María Paula de los Santos,  José Disiderio Maldonado, Juan Hilario Rubio y Juan Francisco Medina son encarcelados como principales promotores y organizadores de una rebelión indígena. Desde ayer ha corrido el rumor, sobre todo entre los indígenas, de que el próximo día 6, en el templo de la Cruz del Zacate, se coronará como rey de las Indias al indio Mariano o Máscara de Oro, quien les devolverá sus tierras y su independencia. Se dice que en su apoyo llegarán 14 barcos ingleses al puerto de San Blas. El temor a una rebelión indígena hará crecer el rumor rapidamente que llegará hasta la ciudad de Guadalajara y otras poblaciones de la zona.

En los siguientes días unos dos mil indígenas comenzarán a concentrarse en la población mencionada y el ejército español aprehenderá unos trescientos de ellos, sin que opongan resistencia; pero no será capturado ni quedará en claro cuál es la verdadera identidad del Indio Mariano. La agitación concluirá en Tepic el día 8 de enero, aunque los rumores de rebeliones de miles de indígenas continuarán durante las siguientes semanas. No se volverá a saber más del Indio Mariano.

Según Pablo Abel Medina ( A 200 años del Indio Mariano) el rumor se inició en diciembre del año pasado, cuando tres indígenas, uno de ellos supuestamente hijo de un cacique tlaxcalteca,  visitaron a la señora María Paula de los Santos para invitarla en compañía de sus amigos a elaborar cartas que llevaran la noticia a las comunidades indígenas aledañas. Es así que con ayuda del indígena José Desiderio Maldonado, alcalde de Tepic, comenzaron a convocar a los poblados de Xalisco, Guaynamota, Santa María de Oro, San Pedro Ixcatán e Ixcuitla para reunirse armados en las afueras de Tepic.

También se dijo que el organizador del levantamiento fue Juan Hilario Rubio, presente en la casa de señora María Paula durante la visita de los tres indígenas, quien convocó en nombre de Mariano a la concentración para "recibir al Rey". Hilario Morirá en Guadalajara y será condenado postmortem a la confiscación de sus bienes, la destrucción de su casa y el salado de sus tierras. Los otros implicados serán enviado a Veracruz a realizar trabajos forzados.

La rebelión del indio Mariano ocurre durante el gobierno del virrey Félix Berenguer de Marquina (1800-1803), en cuyo periodo destacaron la actividad de corsarios ingleses que frecuentemente atacaban las costas de los actuales Estados de Tabasco y Campeche, y el acoso en el norte de las tribus de indios y de aventureros y contrabandistas que invadían el territorio confinante con los Estados Unidos del Norte. Por esa época, también corrían rumores de que los ingleses, aliados con algunas tribus indígenas del alto Mississipi, intentaban atacar las posesiones españolas. En este contexto se da la conspiración del indio Mariano que tenía por objeto restablecer la monarquía indígena convocando a muchos pueblos de indios. Su propuesta de independencia alarma sobremanera al gobierno español, que supone que Mariano está de acuerdo con los ingleses que invadirán sus dominios y que éstos ayudarán a los insurrectos.

Posteriormente, el 1º de marzo de ese mismo año, habrá otro levantamiento -del que no se sabe con certeza si todos los participantes estaban vinculados con el de Mariano en Santa Fe Izcatán-; pero es el caso que en Tepic, sublevados de Nayarit intentarán tomar la plaza. El movimiento será delatado ante el presidente de la Audiencia de Guadalajara, José Fernando de Abascal quien dará parte al virrey, enviará tropas que persiguen a los alzados y los derrotarán en un paraje cercano a Tepic, llamado El Rodeo. Abascal aprehenderá a los que cree son cómplices y habrá tal cantidad de detenidos que no bastando las cárceles usarán para su encierro un convento.

Luis Páez Brotchie escribirá (Jalisco, Historia Mínima): “En esta ciudad (Tepic) el movimiento produjo una conspiración abortada el sábado 1º de marzo por la traición del cochero Valerio Beltrán, que denunció al promotor, Josef Simón Méndez, monaguillo de la Catedral, de 21 años de edad, quien había redactado una proclama sediciosa para iniciar la independencia, y en la cual se obligaban los conjurados ‘a derramar la última gota de sangre en defensa de su patria y vengarse de las incomparables injurias del gobierno y de todos los europeos por el abatimiento e infeliz estado a que los tenían reducidos, y que para no pagar por ser cristianos y que sus cuerpos fuesen sepultados, ni el tanto por ciento de sus caudales, ni tener alcabalas: viendo estas crueldades y que les tiraban a destruir con sus latrocinios, prometían por Dios y por su santo bautismo no dejar la empresa hasta morir o vencer, y si algún infame por temor o estipendio llegase a descubrir la conjura, sería destruido…ofreciendo todos y cada uno… no declarar nada de esto, obedecer cuanto se les mandase, poner su vida y armas suficientes para tal empresa’. Se hallaban inodados en la junta sediciosa, además de Méndez y el cochero Beltrán, ‘don Juan Delgadillo, vendedor de caldos y de oficio sastre’, ‘don Manuel Robles, soltero, de veinte y cuatro años de edad y escribiente’, y ‘Josef Antonio Núñez, de ejercicio tendero, casado y de veinte y seis años de edad’. Méndez, ‘con motivo de hablar de la revolución de los indios de Tepic, les había indicado que si tuvieran trescientos hombres se apoderarían de esa ciudad (Guadalajara)’ y declaró ‘que Beltrán fue quien le indujo a extender el papel, quejándose de todos los ministros de esa Audiencia y expresándole su deseo de matarlos’. ‘Beltrán sostuvo que Méndez le había comunicado el criminal proyecto de emprender una sublevación apoderándose del gobierno por los inicuos medios de dar muerte al presidente y ministros de esa Audiencia, a todo europeo y a los criollos que obtuviesen mando’. El fiscal pidió para Méndez ‘la pena ordinaria de muerte, confiscación de todos sus bienes, incurso en infamia, y que, cortada la cabeza por mano del verdugo, se pusiera en una escarpia en la casa de su habitación, y a los cómplices la pena de cinco años de presidio por haber sabido el delito y no haberle delatado…’. La Audiencia, un poco más benigna que su fiscal, condenó en 5 de abril de 1802 ‘a Méndez a que por tiempo de ocho años nos sirviese —dice el rey Carlos IV en su cédula de 5 de julio de 1803, fechada en Madrid… y por lo que respecta a los demás reos, disteis por compurgada su criminalidad: añadiendo en vuestra expresada carta —de 15 de junio de 1802— que al tiempo que se estaba siguiendo en esa Audiencia causa contra varios pueblos de indios de la jurisdicción de Tepic y otras inmediaciones, por sublevación intentada... Visto lo referido en mi Consejo de las Indias... he resuelto que no se haga novedad... en esta causa. Pero asimismo he resuelto manifestaros que habéis incurrido en mi real desagrado por la indulgencia con que os versasteis en la determinación siendo peculiar de mi soberanía el moderar las penas... y consistiendo la verdadera clemencia en castigar severamente los delincuentes, particularmente los de esta gravedad: lo que espero tendréis entendido para gobierno en lo sucesivo y que, en casos semejantes, procederéis con sujeción y puntual arreglo a las leyes, como os lo ordeno y mando... por ser así mi voluntad... Yo el rey’.”

Como se lee en el documento citado por Páez, la corte del rey Carlos IV reprobará ésta y otras disposiciones del virrey Marquina razón por la que renunciará al cargo; en enero de 1803, será sustituido por José de Iturrigaray cuyos desaciertos en el gobierno, aunados a los conflictos políticos de España, fueron causas que se acumularon y que estallarán en el movimiento de independencia de 1810.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.