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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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El general Francisco Murguía desconoce al gobierno del general Álvaro Obregón y convoca a emprender un movimiento restaurador de la legalidad conforme al Plan de Saltillo.

Enero de 1921

 

 

Desde Saltillo, Coahuila, publica un manifiesto en el que denuncia “el cuartelazo” perpetrado por el obregonismo que condujo al asesinato del presidente Carranza y a la suspensión de las elecciones presidenciales, so pretexto de que se trataba de imponer un candidato. En consecuencia, Adolfo de la Huerta, el presidente interino nombrado por el Congreso fue espurio y un instrumento más del general Obregón; asimismo, no considera válidas las elecciones realizadas extemporáneamente y conforme a reglas establecidas para favorecer a Obregón, quien además, no puede ser presidente porque la Constitución prohíbe que ocupe el cargo quien haya participado en asonada o rebelión, y Obregón tiene sangre en las manos y se ha echado en brazos de los enemigos del constitucionalismo. Por eso su gobierno es ilegal e ilegítimo.  

Para restaurar la legalidad desconoce a todas las autoridades emanadas o participantes en los hechos denunciados y como Jefe del ejército Reivindicador, asume por ahora el Poder Ejecutivo de la Nación, a efecto de combatir y derrocar al Gobierno Usurpador. Al triunfo del movimiento, con el concurso del Congreso, se procederá a reorganizar el gobierno y a restablecer el orden constitucional.

En 1920, el general Murguía permaneció fiel al presidente Carranza durante la rebelión del Plan de Agua Prieta y lo acompañó en su huida a Veracruz; dirigió la defensa de Aljibes, Puebla y marchó con él hasta Tlaxcalantongo. Asesinado don Venustiano, Murguía fue encarcelado en Santiago Tlatelolco, acusado de “falta de espíritu militar”, pero logró escapar y refugiarse en los Estados Unidos.

Francisco Murguía nació en el estado de Zacatecas en 1873; trabajó como fotógrafo en Monclova, Coahuila. Participó en la revolución maderista. En 1912 se incorporó a un cuerpo de "Carabineros de Coahuila" que comandaba Gregorio Osuna y luchó contra la rebelión de Pascual Orozco. Al darse el cuartelazo de Victoriano Huerta y ser asesinados Madero y Pino Suárez, Murguía se incorporó al Ejército Constitucionalista y combatió en las fuerzas del general Pablo González. A la derrota del ejército federal en 1914, fue nombrado gobernador y comandante del estado de México.

Durante la Convención de Gobernadores y Generales Revolucionarios realizada en la ciudad de México el 1° de octubre de ese mismo año de 1914, se opuso a la renuncia de Venustiano Carranza y cuando la Convención de Aguascalientes designó a Eulalio Gutiérrez como presidente, se mantuvo leal a Carranza, y con 10 mil hombres abandonó la ciudad de México para reunirse con el general Diéguez. El 18 de enero de 1915 ambos generales recuperaron la plaza de Guadalajara.

Participó en la campaña del Bajío (Celaya, Trinidad y León) contra los villistas, y pudo convertir una retirada inminente en una victoria en la hacienda de Santa Ana del Conde. En estas batallas fue prácticamente destruida la División del Norte del general Villa.

De 1916 a 1919, ya con el grado de general de división, fue jefe de operaciones militares en Durango y Chihuahua, en donde continuó la persecución de Francisco Villa. Fue separado del mando por dificultades con las autoridades estado de Chihuahua y solicitó su retiro del ejército, pero meses después regresó al servicio activo.

Fracasará en su intento de derrocar al grupo de Agua Prieta porque muy pocos militares carrancistas acudirán a su llamado. Caerá prisionero en Tepehuanes, Durango, mismo lugar en donde será fusilado en 1922.

Doralicia Carmona. MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.