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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Zaragoza Seguín Ignacio

1829-1862

Nace el 24 de marzo de 1829 en Bahía del Espíritu, cerca de Goliad, en Coahuila y Texas cuando este territorio pertenecía a México y su padre, el capitán Miguel G. Zaragoza, se encontraba destinado en aquel lugar. Estudia en Matamoros su primaria y después ingresa a la secundaria en el Colegio Seminario de Monterrey. Deja sus estudios en el seminario para tratar de combatir la invasión norteamericana. En 1853 se alista en Nuevo León a la Guardia Nacional como sargento. Después se incorpora al ejército regular como capitán.

Cuando Juan Álvarez proclama el Plan de Ayutla, se levanta en armas con cien hombres. En 1855 gana en Saltillo una batalla contra las tropas santanistas. Defiende Monterrey contra los conservadores en 1856. En 1858 regresa a la milicia con las fuerzas de Vidaurri, cuando Comonfort, siendo presidente de la República, se pronuncia en contra de la Constitución de 1857.

Muy pronto se revela como uno de los jefes militares liberales más capaces de la Reforma. En 1859 derrota en Querétaro a Tomás Mejía; se une a Jesús González Ortega en Irapuato; responsable del ejército en Guanajuato; vence a Miguel Miramón en Silao, Guanajuato y a Leonardo Márquez en las Lomas de Calderón. En 1860, participa en la batalla de Calpulalpan, donde los conservadores dirigidos por Miramón, son derrotados definitivamente, hecho con el que acaba la Guerra de Reforma. A Zaragoza se encomienda la toma de la capital de la República y el mantenimiento del orden entre sus habitantes.

"Zaragoza, que escribía el Ignacio con Y griega, no tenía buena ortografía, pero transmitía en sus escritos candor y calor, convicción y fuerza; pocos generales de la Reforma lograban pasar a sus subordinados el temple y la emoción. Uniformado con paño gris y sin adornos, la sobriedad de su imagen era una rebelión contra las plumas y los botones dorados del viejo régimen. Su mirada miope y sus pequeños lentes hacían que a los ojerosos se les dijera que traían los anteojos de Zaragoza. Pero nadie se atrevía a burlarse de su radicalismo político". (Taibo II. Los libres no reconocen rivales)

Restablecido el gobierno constitucional, el 13 de abril de 1861, Juárez lo nombra Ministro de Guerra en sustitución de González Ortega. Al iniciar la invasión francesa, se forma el Ejército de Oriente dirigido por López Uraga. El 22 de diciembre siguiente, Zaragoza renuncia al ministerio para ir al campo de batalla. Cuando López Uraga deja el Ejército de Oriente ese mismo año de 1861, Juárez le da el mando a Zaragoza, quien se dedica a organizarlo y se le unen seiscientos indígenas zacapoaxtlas y de otras comunidades de Tetela y de la Sierra Norte. Con siete mil hombres, Zaragoza combate tanto a invasores como a conservadores.

El 28 de abril de 1862, libra la primera batalla en las Cumbres de Acultzingo, el saldo es de quinientos franceses y cincuenta mexicanos muertos. Zaragoza instalará en Puebla su base de operaciones para evitar una guerra de guerrillas. El 3 de mayo de 1862, llega a Puebla, que es partidaria de los franceses. Ese mismo día fortifica los cerros de Guadalupe y Loreto. El día 4, Lorencez al frente del ejército francés avanza para disponer su posición de ataque; días antes, había escrito a su ministro de la Guerra: "Tenemos ante los mexicanos tal superioridad de raza, de disciplina, de moral y de elevación de sentimientos, que ruego a vuestra excelencia decir al emperador que ya, desde ahora, a la cabeza de sus seis mil soldados, soy dueño de México". Zaragoza, sabe que su ejército está en desventaja en disciplina y armamento respecto al francés, pero también había escrito: "Los libres no reconocen rivales, y ejemplos mil llenan las páginas de la historia de pueblos que han vencido siempre a los que intentaron dominarlos”.

Narra Porfirio Díaz en sus Memorias acerca de esa noche del 4 de mayo: “nos manifestó el general Zaragoza que la resistencia presentada hasta entonces era insignificante para una nación como México de ocho a diez millones de habitantes; pero que era a la vez lo más que podía hacer el gobierno, dadas sus circunstancias; que vista la situación bajo el primer aspecto, era muy vergonzoso que un pequeñísimo cuerpo de tropa, llegara a la capital de la República sin encontrar la resistencia que corresponde a un pueblo que pasa de ocho millones; que en consecuencia, creía que los que estábamos presentes nos debíamos comprometer a combatir hasta el sacrificio, para que si no llegáramos a alcanzar la victoria, cosa muy difícil, aspiración poco lógica, supuesta nuestra deventaja en armamento y en casi todo género de condiciones militares, al menos procuráramos causarle algunos estragos al enemigo, aun cuando nuestros elementos actuales fueran consumidos, porque así el gobierno y la Nación contarían con el tiempo necesario para preparar la defensa del país, pues teniendo el enemigo muchas bajas y mucho consumo y deterioro en sus materiales, se vería obligado a estacionarse en Puebla”.

Al amanecer del 5 de mayo de 1862, Zaragoza arenga a sus soldados: “Nuestros enemigos son los primeros soldados del mundo, pero vosotros sois los primeros hijos de México y os quieren arrebatar vuestra patria”. Ordena a Miguel Negrete dirigir la defensa por la izquierda; a Felipe Berriozábal por la derecha y a Porfirio Díaz que esté junto a él. Tras varias horas de lucha, la batalla no se decide, se enfrentan cuerpo a cuerpo mexicanos y franceses, finalmente, los invasores se retiran mientras Zaragoza grita: "Tras ellos, a perseguirlos, el triunfo es nuestro".

En el parte oficial de la batalla dirigido al general Miguel Blanco, ministro de Guerra y Marina, Zaragoza escribe: “Las armas nacionales, ciudadano ministro, se han cubierto de gloria, y por ello felicito al primer magistrado de la República por el digno conducto de usted, en el concepto de que puedo afirmar con orgullo que ni un solo momento volvió la espalda al enemigo el Ejército Mexicano durante la larga lucha que sostuvo”.

Por esta acción, Zaragoza es considerado Héroe de la Libertad y prócer de la Batalla de Puebla y recibe en Palacio Nacional una medalla en nombre de la Patria. “Muy pronto se convencerá el usurpador del trono francés de que ya pasó la época de las conquistas".

Zaragoza regresa a Puebla donde, a los treinta y tres años, muere de fiebre tifoidea contraída a consecuencia de las fatigas de la campaña, el 8 de septiembre de 1862. Sus restos son trasladados a la capital y enterrados en el Panteón de San Fernando. Zaragoza es sustituido por González Ortega. El 11 de septiembre de 1862, Juárez decreta que se cambie el nombre de la ciudad de Puebla de los Ángeles por el de Puebla de Zaragoza.

En diciembre del mismo año, el cabildo de la capital de México acuerda nombrar Cinco de Mayo a una nueva calle del centro de la ciudad para recordar la victoria sobre los invasores. Meses después, los franceses destruyen la placa que nombra esa calle cuando entran a la capital mexicana. Por su parte, en noviembre de 1863, Napoleón III nombra Puebla a una calle de París, en memoria de la toma por el ejército francés de la ciudad poblana.

Sin embargo, como lo había querido Zaragoza, la derrota del 5 de mayo retrasó casi un año el avance de los invasores y obligó a Napoleón III a enviar a México, en septiembre del mismo año, un nuevo ejército de 30,000 hombres al mando del general Élie-Frédéric Forey, con lo cual, la fuerza expedicionaria francesa llegó a 40,000 efectivos, más “las bandas reaccionarias que se habían unido al invasor en Barranca Seca”.

A más de un siglo de su triunfo en Puebla, se erige la estatua del general Zaragoza en Goliad, Texas, EUA.

Ya en pleno siglo XXI, los regidores poblanos pretenderán borrar el apellido Zaragoza para recuperar el nombre colonial de "Puebla de los Ángeles", pero volvió a vencer Juárez, porque un edicto municipal no puede derogar un decreto presidencial y Puebla continuará siendo "de Zaragoza".

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

 

Efeméride Nacimiento 24 de marzo de 1829. Muerte 8 de septiembre de 1862.