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Edicion 2017

 

Autora: Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

 

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Zumárraga Juan de

1468-1548

Hijo de Juan López de Zumárraga y de Teresa Lares, nació en el seno de una familia humilde en la Villa de Durango (conocida también como Tavira de Durango), Vizcaya, España, en 1468. Desde muy joven se integró a la Orden de San Francisco en la provincia de Concepción. En 1526 fue nombrado guardián del convento del Abrojo, muy cerca de Valladolid; en ese lugar fue, además de guardián, definidor, provincial y eventualmente inquisidor, represor de brujas en el País Vasco. En ese convento conoció a Carlos I al celebrarse las Cortes Generales en Valladolid, quien por la manera como lo recibió, lo tuvo en alta estima, tanta que el 12 de diciembre de 1527, Zumárraga fue nombrado obispo de México y protector de los indios.

Llegó a la Nueva España el 6 de diciembre de 1528 en compañía de Alonso de Parada, Francisco Maldonado, Juan Ortiz de Matienzo y Diego Delgadillo, oidores de la primera Audiencia, que sería presidida por Nuño de Guzmán, quien paradójicamente era responsable de la esclavitud de miles de indígenas. Los oidores traían el encargo de investigar cómo se había realizado la conquista de la nueva colonia y analizar si se había rebelado Hernán Cortés contra el rey, pese a que Cortés ya había marchado a España para defenderse personalmente de esa acusación.

Zumárraga tuvo muchos problemas con la primera Audiencia debido a serias desavenencias sobre el cumplimiento de su encargo de protector de los indios, y a que la Audiencia estuvo integrada por administradores violentos y corruptos, a los que acusó ante la Corte, y a cuyos oidores excomulgó. El conflicto principal fue contra Nuño de Guzmán, enemigo acérrimo de Cortés, quien en su afán de enriquecerse, había mandado matar a Calzontzin, cacique de Michoacán, porque no pudo darle suficiente oro.

Dado que no había sido aún consagrado obispo, Zumárraga era poco atendido por las autoridades civiles. Sin embargo, pudo evadir la censura y enviar su informe a las cortes españolas acerca de las crueldades que los conquistadores cometían en la nueva colonia. Escribió: "Los jueces del tribunal supremo, con malsana avaricia, cometen toda suerte de abusos. Se reparten entre ellos a miles de indios, encadenan esclavos, venden la justicia, toman a nobles indígenas como rehenes para pedir luego un rescate y todo para acumular cada vez más riquezas. Cometen tales venganzas que ponen en sublevación a todo el país". Gracias a las investigaciones de Zumárraga, Nuño de Guzmán, ante la perspectiva de que se le iniciara un proceso en contra, obtuvo permiso para emprender otras campañas de exploración y conquista, con lo que se logró que se nombrara una segunda Audiencia, esta vez encabezada por Ramírez de Fuenleal. Por fin Zumárraga obtuvo así, que este nuevo gobierno de la Nueva España pusiera en práctica sus criterios relativos al tratamiento que se debía dar a la población indígena.

Fue en 1531 -se cuenta,- cuando Zumárraga se enteró del relato del indio Juan Diego, quien le informó de la aparición de la Virgen en el cerro del Tepeyac; según la leyenda, Zumárraga pidió una prueba del milagro, la que le fue entregada después: la imagen de la Virgen pintada en el ayate del indio. Es por lo menos curioso, que Zumárraga no refiera estos hechos en los varios textos que escribió. No obstante, en las pupilas de la Guadalupana algunos creen ver reflejado, entre otros personajes, a Zumárraga, testigo del prodigio. Por ello se hizo construir una capilla en el sitio donde habría ocurrido el milagro, en lo que es considerado como el origen del culto guadalupano.

Entretanto, en España, Zumárraga fue víctima de la intriga y fue acusado de participar en los mismos abusos que denunciaba, de modo que se vio en la necesidad de regresar a Madrid a hacer frente a esos cargos. Por fortuna, pudo hacer frente a las 34 acusaciones que se le hacían y el rey logró que el papa Clemente VII erigiera el obispado de México y se nombrara obispo a Zumárraga, quien fue consagrado en el convento de San Francisco de Valladolid, el 27 de abril de 1533.

Regresó a Nueva España en 1534, acompañado de seis monjas y varias familias de artesanos que debían impartir sus conocimientos a los indios, y trayendo consigo la cédula real en la que se prohibía la esclavitud indígena. Nuevamente se enfrentó a Nuño de Guzmán, el más cruel de los conquistadores, quien había logrado vender cerca de diez mil indígenas, según lo relató el mismo Zumárraga.

Desde 1535, con el apoyo del primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, trató de dar cumplimiento a la cédula de 1530, que prohibía la esclavitud.

Nombrado inquisidor ese mismo año, ordenó quemar vivo al señor de Texcoco, Carlos Ometochtzin, por idolatría –en realidad por rebeldía,- y la destrucción de numerosos textos religiosos mexicas. El acto, celebrado en la Plaza Mayor de la capital novohispana el 30 de noviembre de 1539, mereció la reprensión de las autoridades porque estando los indígenas recién convertidos no les era aplicable la persecución del Santo Oficio ni tamaña severidad, por lo que Zumárraga intento viajar a Filipinas y China.

De 1536 a 1543 ejerció el cargo de inquisidor apostólico, llevando a cabo la realización de 183 causas.

Su labor evangelizadora también fue importante: introdujo la imprenta en México para la publicación de sencillos manuales que atrajeran a los nativos al cristianismo. Inició las célebres escuelas y colegios franciscanos para indios, para niñas indígenas y para hijos de españoles: fundó el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco (destinado a niños indígenas especialmente dotados) y el de San Juan de Letrán, así como el Hospital del Amor de Dios. Asimismo, realizó trámites para la fundación de la Real y Pontificia Universidad.

Además, intentó aplicar las llamadas Leyes Nuevas de 1542, por las que se prohibió el trabajo obligatorio  de los indios, el establecimiento de futuras encomiendas y se aumentó la protección a los indígenas (aunque en un principio las rechazó, junto al virrey Antonio de Mendoza). No estuvo de acuerdo con las ideas de Fray Bartolomé de las Casas sobre la devolución de bienes y derechos a los indios.

Promovió la conversión de la diócesis de México en metropolitana, por lo que fue promovido a arzobispo el 8 de julio de 1546, así como las obras de la iglesia mayor.

Zumárraga escribió Apuntamientos acerca de las cosas de la Nueva España, para el Concilio de Trento, así como Doctrina Cristiana Breve para la Enseñanza de los Indios (1543) Doctrina breve muy provechosa (1543), Doctrina cristiana cierta y verdadera  (1546) y Regla Cristiana Breve (1547), para la evangelización de los indígenas.

Humanista, apóstol, hombre de gobierno y hombre de Dios", Zumárraga murió en la ciudad de México el 3 de junio de 1548. Sus restos se conservan en la cripta subterránea de la Catedral de México.


Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.


Efeméride: Muerte 3 de junio de 1548.