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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

 


 
 

 


 


Zavala Lorenzo de

1788-1836

Hijo de don Anastasio de Zavala y de doña María Bárbara Sáenz, Manuel Lorenzo Justiniano, nació en Tecoh, Yucatán, el 3 de octubre de 1788 (también hay las versiones de que nació en Conkal y en Mérida). Tras haber concluido sus primeros estudios, acudió como pensionista al Seminario Conciliar de San Ildefonso, en Mérida. Ahí fue un destacado alumno: estudió gramática latina bajo la dirección de Diego O’Horan, y filosofía con don Pablo Moreno, dos de los profesores más eminentes de la época. Concluyó sus estudios de teología en el año de 1807; sin embargo, desde antes logró levantar revuelo por su racionalismo, debido a que, al preguntarle un profesor: ¿Niegas la autoridad de Santo Tomás?, respondió: “¿Y por qué no? Santo Tomás, como tú y yo, era hombre y estaba expuesto a errar.”

No eligió la carrera sacerdotal ni tampoco pudo ir a estudiar a la ciudad de México, por lo que el levantamiento independentista lo alcanzó en su estado, donde participó activamente en las juntas de San Juan, organizadas por el capellán Vicente María Velázquez. Ahí jugó un papel muy destacado en las discusiones, que para 1812 se volvieron eminentemente políticas, por la promulgación de la Constitución de Cádiz. Varios de los participantes a las reuniones pronto respaldaron la causa independentista, ya que como criollos sufrían muchas discriminaciones. Para difundir las ideas de aquel grupo, Zavala fundó un periódico, el primero que se publicó en su estado natal. En 1813 era el principal redactor de “El Aristarco Universal”; luego, fundó “El Redactor” y “El Filósofo”.

El 25 de Julio de 1813 fue elegido vocal de la Junta de censura de Yucatán. Tras la cancelación de la constitución gaditana en 1814, el gobierno decidió apresar a los llamados “sanjuanistas”; varios de ellos fueron hechos presos –entre ellos, por supuesto, Zavala- y enviados a la fortaleza de San Juan de Ulúa, Veracruz. Ahí permaneció hasta 1817; durante el tiempo que estuvo en la prisión Zavala adquirió conocimientos de medicina e inglés, los que le sirvieron tiempo después.

Puesto en libertad, Zavala fue a Mérida, en donde se hizo comerciante al mismo tiempo que daba vuelo a sus ideas independentistas. En 1818 fundó la Confederación Patriótica, grupo que profesaba la idea de que el pueblo podía hacerse justicia por sí mismo y relevar a sus autoridades. Así logró echar al gobernador yucateco Miguel de Castro y Aráoz. Obtenido este triunfo, el grupo emprendió la lucha por la independencia de Yucatán. No prosperó la idea y al restablecerse la Constitución de Cádiz, en 1820, publicó el periódico “El Hispano-Americano” y reorganizó la sociedad San Juan.

Zavala fue elegido diputado a las Cortes españolas. Al pasar por Cuba, publicó “Pruebas de la estensión del despotismo o Idea del estado actual de la capital de Yucatán”. En Madrid concibió la idea de la independencia de América, con formas monárquicas y príncipes españoles. En el verano de 1821 se fue a París; al año siguiente, para hacerse pagar el viaje de regreso, concibió el proyecto de coronar a Alfonso Mancilla de Ternel como Moctezuma III, quien lo nombró su ministro universal. Pasó de París a Londres, y por los Estados Unidos regresó a México. Fue en Europa donde supo del final de la guerra de independencia y de los Tratados de Córdoba.

Retornó a México en 1822, durante la regencia encabezada por Agustín de Iturbide, quien reconoció sus méritos. De inmediato fue nombrado diputado al Primer Congreso Nacional Mexicano, en el que resaltó como un gran orador. Partidario de Iturbide, se distanció de él cuando se coronó emperador, y publicó el “Proyecto de reforma del Congreso”, folleto que obligó al Emperador a sustituir al Congreso por una Junta Instituyente, en la que Zavala representó a Yucatán, lo que no frenó la oposición de éste. Publicó “Voto [...] sobre el reglamento político que se proyectaba en la Junta Instituyente” y tradujo el “Tratado de las garantías individuales”, de Daunou, y el “Dictamen de las Comisiones de Crédito Público y Especial de Hacienda”, sobre la organización de la oficina de este ramo.

Desde antes de la caída de Iturbide, se fueron formando dos grupos políticos que se disputaron la conformación de la república: los centralistas y los federalistas. A este segundo bando perteneció Zavala, que expuso sus posiciones al respecto en el periódico El Águila. En muchos de los Departamentos del país triunfó el federalismo, como también ocurrió en Yucatán.

Para 1824, ya derrocado Iturbide, se reinstaló el Congreso Constituyente, del que Zavala fue presidente, y en tal carácter redactó el discurso preliminar de la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos. Al concluir su labor constituyente, logró ser electo senador por Yucatán, tras lo cual llegó a ocupar el 8 de marzo de 1827, el cargo de gobernador del Estado de México. Fue en esos tiempos cuando se opuso a la expulsión violenta de los españoles del territorio nacional, lo que le acarreó malquerencias incluso entre sus compañeros de partido. Asimismo, tuvo que enfrentar diversos conflictos por la tenencia de la tierra; eso lo condujo a solicitar licencia. También tradujo del francés “Las cuatro primeras discusiones del congreso de Panamá”, de Orazio de Attelis

Zavala perteneció a la logia masónica yorkina, que había fundado con Poinsett y Ramos Arizpe en 1826, la cual tenía problemas cada vez más agudos con sus adversarios, los masones escoceses. En la disputa participó activamente Zavala, quien dirigió el periódico Correo de la Federación, desde el que se atacaba a los escoceses. También editó en 1828 el “Manifiesto de los principios políticos del Excmo. Sr. D. J. R. Poinsett”.

Actuó en el movimiento del 30 de noviembre de 1828, que culminó en el motín de la Acordada, cuyo fin fue impedir que tomara posesión Manuel Gómez Pedraza, que había resultado electo con el apoyo del presidente Guadalupe Victoria. Al asumir el poder Vicente Guerrero, jefe yorkino, Zavala fue su secretario de Hacienda del 16 de abril al 1 de octubre de 1829. En ese mismo año de 1829 publicó el “Manifiesto del gobernador del Estado de México”.

Como encargado de la hacienda pública, Zavala estableció un impuesto directo de 5% a los ingresos superiores a mil pesos anuales y una patente para todos los negocios. Esto le acarreó enemistades entre la clase media trabajadora.

Hacia fines de 1829, cuando se inició un movimiento separatista en Campeche y Yucatán, Zavala fue enviado a persuadir a los rebeldes de continuar en la unión. Sin embargo, a su llegada fue amenazado, detenido y reembarcado hacia Veracruz. En el puerto se enteró de la difícil situación política del gobierno, por lo que decidió embarcarse hacia los Estados Unidos, de donde pasó a Europa, en donde fijó su residencia en París. Visitó varios países en ese viaje: Inglaterra, Escocia, Holanda, Bélgica, Alemania, Suiza e Italia.

En esa estancia europea fue donde escribió su célebre Ensayo histórico de las revoluciones de México desde 1808 hasta 1830. Esta obra, que por primera vez incluye al pueblo como protagonista de la historia, está integrada por dos tomos. En el primero se explican las condiciones sociales y políticas prevalecientes en Nueva España en 1808; el surgimiento de las ideas libertarias en los mexicanos; la insurrección de Hidalgo, caracterizada por la participación de grandes masas indisciplinadas; y el movimiento de José María Morelos, continuado por Ignacio López Rayón, Mariano Matamoros, Vicente Guerrero, Nicolás Bravo, Manuel Mier y Terán, y Guadalupe Victoria, que busca el establecimiento de leyes e instituciones que garanticen a los ciudadanos el ejercicio de sus derechos.

En el Tomo II, Zavala reconoce la aportación de Iturbide en la consolidación de la Independencia, pero como republicano, rechaza la instauración del Imperio; analiza las condiciones sociales y políticas en las que comienzan a surgir los dos partidos que en adelante se disputarán el poder aun por encima de las leyes; enseguida, se refiere a la lucha de facciones y analiza las cuatro instituciones que considera influyen más en la sociedad, y que según él, determinan casi exclusivamente el carácter de los habitantes de un pueblo: la religión, la educación, la legislación y las ideas de honor que se inspiran. Concluye, optimistamente, que "el pueblo quiere bienes positivos y el alimento del espíritu", y que "su instinto lo conducirá siempre a la consecución de este objeto y romperá los obstáculos que opongan a sus progresos el egoísmo y el interés". El Ensayo histórico de las revoluciones de México, se publicó en París, en 1831.

Al cambiar la situación política en el país, Zavala decidió regresar en 1832, y a su vuelta fue reinstalado como gobernador del Estado de México.

En 1833 volvió a ser electo diputado federal por Yucatán. En el Congreso destacó nuevamente, esta vez con una formación más sólida y con una madurez que le atrajo la admiración de sus compañeros. Desde ese cargo, durante la presidencia interina de Valentín Gómez Farías, el 7 de noviembre de 1833, propuso al Congreso la nacionalización de los bienes eclesiásticos para pagar con su producto la deuda pública, así como una serie de reformas con la finalidad de cancelar la intromisión del clero y del ejército en las decisiones del Estado. Entre las más importantes destacan: libertad de culto; separación entre Iglesia y Estado; liberación de los agricultores de la obligación civil de pagar el diezmo eclesiástico; destrucción del monopolio del clero en la educación; la clausura de la antigua Universidad; la disolución de los cuerpos del ejército que se hubieran sublevado contra el gobierno y la creación de la milicia nacional. Por lo anterior se considera a Zavala precursor de las leyes de reforma.

La reacción del clero y de los militares fue violenta y provocó la salida de Gómez Farías. A fines de ese año de 1833, Zavala fue nombrado ministro plenipotenciario en París. Ahí fue en donde escribió otra de sus obras fundamentales, Viaje a los Estados Unidos. Sin embargo, a la caída del gobierno renunció a su cargo y regresó a México para establecerse en Texas, en donde Zavala y Stephen F. Austin eran los terratenientes más importantes. Zavala poseía negocios de concesiones de tierras para los colonos norteamericanos, que le habían sido otorgadas en 1828. "En Texas me ocuparé de mis intereses privados, sin olvidar mi noble titulo de ciudadano mexicano." Empero, después de una breve estancia en Nueva Orleáns, llegó a Brazoria y pronto se puso al frente de la rebelión de los colonos norteamericanos que conduciría a la separación de Texas de la República Mexicana y fue elegido diputado a la convención en San Felipe, la que el 7 de noviembre de 1835 declaró al pueblo de Texas en guerra con el gobierno de México, "por cuanto el general Antonio López de Santa Anna y otros caudillos militares han demolido a fuerza de armas las instituciones federales de México, y disuelto el pacto social que existía entre Texas y los demás miembros de la confederación mexicana…”

Gastón García Cantú (Las invasiones norteamericanas en México) señala: “La actividad de Zavala, a partir de su arribo a los Estados Unidos, se consigna en esta lista por ser parte importante de la política norteamericana en Texas.

1835

Julio 10

a) En una de las primeras reuniones de los colonos en San Felipe, Zavala apoya su rebelión abundando en describir la impotencia militar de México para reprimirlos.

Julio 22

b) Con ‘entusiasmo y celo revolucionario’ -como califica Estep a su traición- levantó a los colonos, visitando a sus principales jefes. A la reunión de Lynch's Ferry, remitió una carta desde Sloop Point, donde cayó enfermo, en la que afirmaba, para justificar la rebelión de los colonos, que Santa Anna había traicionado al federalismo y que, por tanto, había perdido el mandato de los ciudadanos mexicanos. Teoría legal que dio a la sublevación la apariencia de ser, en su primera fase, una oposición política al gobierno mexicano.

Agosto 8

c) En una larga carta a Esteban Austin, Zavala expone su idea para "independizar" a Texas de México, oponiéndose a la sugestión del propio Austin -15 de septiembre- de defender la Constitución de 1824 para fundar, ‘legalmente’, la rebelión de los colonos. Ante la incompatibilidad de los ‘derechos, costumbres y educación del pueblo de Texas’, decía Zavala, habría que establecer, frente al régimen militarista de México, un estatuto de independencia provisional. Sosteniendo sus derechos, Texas podría añadir a otros estados que, en dos años, pudieran recobrar sus perdidos derechos. Si Santa Anna cometía la indiscreción -escribe Estep- de llevar un ejército a Texas, los ‘ríos, selvas, desiertos, rifles, las pocas simpatías... la falta de idioma, y más que nada la constancia americana’, se combinarían para acabar con él, rápidamente. ‘No hay que temer en mi opinión -afirmó Zavala-, y Santa Anna teme más a Texas que [a] todo el resto del país porque tiene el instinto de que será el principio de su ruina.’

Septiembre 17

d) Los colonos nombran a Zavala presidente del Comité de Seguridad Pública.

Octubre 5

e) En la reunión de San Felipe, en reconocimiento a su ‘vasta experiencia’, los colonos nombran a Zavala miembro de la comisión financiera. Una de sus primeras proposiciones fue que el consejo nombrase funcionarios aduanales para cobrar derechos conforme a la tarifa oficial de los Estados Unidos. La sugestión se remitió a la asamblea para su aprobación. El ‘mexicano’ había ido más allá de lo previsto.

Octubre 16

f) Zavala dirigió a la población mexicana en Texas una proclama para persuadirla de los principios de la sublevación. El liberalismo le servía a Zavala para alentar la que llamo gran causa: ‘El noble ardor que los llamó a las armas para lograr su independencia aún no se ha enfriado. No ha muerto el espíritu que tantas veces lo ha llevado a la victoria contra las fuerzas combinadas de los militares y los eclesiásticos’.

Octubre 25

g) En la asamblea de los colonos para decidir su política, se impuso la idea de Zavala expuesta en carta a Esteban Austin, declarándose la constitución de un gobierno provisional.

Noviembre 7

h) No sólo fueron jurídicos, administrativos y políticos los ‘consejos’ de Zavala a los norteamericanos; les dio a los tejanos, además, su bandera: ‘Generalmente se ignora -escribió Estep- que como miembro de la comisión designada para escoger una bandera para Texas, Zavala hizo un dibujo que fue adoptado y que parece ser idéntico al actual.’

Al siguiente año, Zavala también concurrió como diputado a la convención que declaró la independencia de aquel Estado el 2 de marzo de 1836. La naciente república libre y soberana designó presidente a David G. Burnet y a Lorenzo de Zavala, vicepresidente. Ambos tuvieron serias diferencias acerca de la forma en que debía organizarse el nuevo gobierno y la manera en que debía consolidarse la separación texana, por lo que Zavala presentó en dos ocasiones su renuncia al puesto. Sin embargo estuvo presente y fungió como intérprete, en la firma de los Tratados de Velasco, firmados por Santa Anna en su condición de prisionero de los texanos el 14 de mayo de 1836.

Zavala, que había perdido la nacionalidad mexicana por considerársele traidor, falleció en Austin, Texas, el 15 de noviembre de 1836. El 17 de octubre anterior había sido sustituido como vicepresidente por Mirabeau B. Lamar, al aceptarse su tercera renuncia. Padeció de malaria, pero murió de pulmonía, como resultado de que en Buffalo Bayou, cruzando un río, al volcarse la canoa en que viajaba con sus hijos, puso al más pequeño sobre el bote y nadó hasta la orilla, en donde, empapado, le sorprendió una fría ventisca.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

 

Efeméride Nacimiento 3 de octubre de 1788. Muerte 15 de noviembre de 1836.