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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Zarco Francisco

1829-1869

Hijo del coronel Joaquín Zarco y de la señora María Mateos, nació el 4 de diciembre de 1829 en la ciudad de Durango. Realizó sus estudios básicos en la ciudad de México y en Toluca, después de lo cual se convirtió en un precoz autodidacta. Fue tan brillante que a los 11 años de edad pronunció su primer discurso público en una ceremonia del 16 de septiembre. También aprendió idiomas en el Colegio de Minas, y debido a que la pobreza familiar lo obliga a trabajar desde muy joven, no cursó carrera alguna, pero recibió nociones de derecho, teología y otras ciencias. Autodidacta, destacó por sus composiciones literarias, su inteligencia y su dedicación al trabajo.

Como dominaba el inglés, el francés y el italiano, inició su vida pública como meritorio en la sección de traducciones de la secretaría de Relaciones Exteriores. Asimismo, inventó un sistema de taquigrafía que impresionó al presidente Gómez Pedraza por su precisión y rapidez para transcribir sus discursos.

Debido a sus talentos y méritos, durante la guerra contra la invasión de Estados Unidos y habiéndose establecido el gobierno mexicano en Querétaro, el ministro universal, Luis de la Rosa, siendo traductor Zarco, lo designó Oficial Mayor de las cuatro secretarías bajo su cargo. Después ocupó el mismo puesto en la secretaría de Relaciones Exteriores. Se encargó entonces de varios asuntos, uno de los más importantes fue el de redactar las Actas del Consejo.

Tras la rendición frente a los norteamericanos, Zarco se estableció en la ciudad de México. Entonces empezó a colaborar en diversas publicaciones, dando inicio a una de las más importantes carreras periodísticas de su tiempo: en 1849 escribió para el Álbum Mexicano y para el periódico satírico Las Cosquillas, por lo que fue consignado ante las autoridades en dos ocasiones; entró a colaborar en El Siglo XIX bajo el seudónimo de “Fortun”, para después hacerse cargo del periódico La Ilustración Mexicana –en el que llegó a ocuparse de tomos enteros- y también escribió en El Demócrata, desde donde mantuvo una fuerte oposición al gobierno del presidente Mariano Arista, por lo que fue perseguido y encarcelado por primera vez.

Ya libre, fue nombrado jefe de redacción de El Siglo XIX por Ignacio Cumplido, cargo en donde se mantuvo hasta la administración de Santa Anna. En esa época publicó una gran diversidad de textos: artículos de costumbres, literatura, historia, crítica y crónica. Sufrió también multas, vejaciones, amordazamiento.

En 1851 presidió el Liceo Hidalgo y fue electo diputado suplente por Yucatán al Congreso de la Unión. Tuvo que abandonar el país y enfilar hacia Nueva York debido a su oposición a Santa Anna. Volvió al país al año siguiente, y se hizo cargo nuevamente de El Siglo XIX, publicación que llevó a los más altos niveles del periodismo de aquellos años y que dirigiría casi hasta su muerte.

En 1852 fue acusado por escribir un artículo titulado ¿Qué sucede?, en el que denunciaba las negociaciones turbias del presidente Arista con el gobierno de Estados Unidos, sin embargo el Congreso desechó la acusación por mayoría de votos.

Como director de “El Siglo XIX”, durante los últimos años de la dictadura santanista, se vio obligado a no publicar editoriales para salvar la vida de su diario, ya que la ley de imprenta vigente prácticamente prohibía toda crítica política. Entonces escribió artículos literarios bajo el seudónimo de Fortín. No obstante, dos días después de la salida de Santa Anna, publicó el Plan de Ayutla y el primer editorial a favor de su causa.

Durante el gobierno del general Álvarez defendió la libertad de expresión de la prensa conservadora y se opuso a que fuera reprimida.

En 1856 fue electo diputado por Durango al Congreso constituyente. En este acto clave para la vida de la República, Zarco desempeñó brillantemente dos papeles: por un lado, como participante en varias de las grandes discusiones para definir la nueva carta fundamental, en las que con más de ciento cincuenta magníficos discursos, destacó por sus opiniones eminentemente liberales a favor de una nueva Constitución y sobre todo, porque se garantizara la existencia de una prensa libre e independiente. Luchó también contra la leva, la pena de muerte, la supresión del senado, las loterías y los requisitos de residencia para los puestos de elección popular. Asimismo propuso que los candidatos presidenciales dieran a conocer su programa de gobierno con toda anticipación a las elecciones, que el ejército se subordinara a la autoridad civil, así como la supresión de las alcabalas y la construcción de carreteras y del ferrocarril. Apoyó la educación en todos los niveles, la educación de adultos y de los funcionarios para tener mejores gobernantes. También señaló la necesidad de crear una comisión para atender los problemas de los grupos indígenas y darles solución.

Por otra parte, desde la primera sesión, sin desmayar un solo día de los doce meses de sesiones, hizo la crónica inmediata de los debates del Congreso, cuyos registros, apostillados con opiniones y comentarios, publicó en El Siglo XIX, los cuales fueron reunidos en dos gruesos tomos que son un documento político de extraordinaria relevancia: Historia del Congreso Constituyente Extraordinario de 1856 y 1857.

El 30 de agosto de 1856, Zarco fue demandado por el embajador francés De Gabriel por haber publicado que había sufrido una manifestación de cacerolas en contra de su miserable donativo para los damnificados de una inundación en Francia. El Gran Jurado del Congreso resolvió no instaurar juicio alguno y Zarco fue exculpado.

Zarco registró la heroica batalla del Partido Liberal por elaborar y promulgar una nueva Constitución en contra de la facción reaccionaria que intentaba restaurar la de 1824, y que cuando su tentativa fracasó, trató de oponerse a la aprobación de los artículos que contenían reformas trascendentales, y empleó el “filibusterismo” (táctica parlamentaria de alargar las sesiones innecesariamente), todo dentro de un ambiente de asonadas, conspiraciones e intrigas reaccionarias que no reparaban en usar las armas más deshonestas. Desde el periódico El Siglo XIX, Zarco descubrió las maniobras de los diputados que podían ser blanco del reproche, del ridículo o de la ironía. Además, como le irritaba el ausentismo de los diputados publicó los nombres de los faltistas y hasta propuso declararlos “indignos de la confianza pública”. Asimismo, por unanimidad de votos de los diputados constituyentes, Zarco escribió el Manifiesto a la Nación que precedió a la nueva Constitución de 1857.

Tras el golpe de estado de Comonfort, fue detenido el 30 de julio de 1859, pero logró escapar. A pesar de ser perseguido por el gobierno conservador, logró esconderse a lo largo de dos años; además, pudo publicar El Boletín Clandestino, así como un folleto titulado Las matanzas de Tacubaya en el que denunciaba los asesinatos que cometía Leonardo Márquez. Además, en la clandestinidad cumplió varias misiones para el gobierno juarista. Fue apresado y encarcelado el 13 de mayo de 1860; fue liberado hasta el 25 de diciembre siguiente, al triunfar la causa liberal, pero su salud fue minada por la tortura y los maltratos de los que fue víctima, así como por la tuberculosis y otras enfermedades adquiridas en la cárcel.

Ya libre fundó el Boletín de Noticias y volvió a asumir la redacción de El Siglo XIX. Ahí se opuso al intento de Juárez de expedir una ley de amnistía en favor de los conservadores y a la expulsión de los obispos que promovieron el golpe de Estado, para quienes exigió un juicio conforme al principio de igualdad ante la ley.

El 12 de enero de 1861, el presidente Benito Juárez lo nombró ministro de Relaciones Exteriores y después de Gobernación.. Desde esos cargos impulsó leyes como la de matrícula de extranjeros, la de secularización de hospitales y beneficencia, así como la ley de imprenta, la que fue adoptada como ley orgánica en 1861 y que elaboraron el propio Zarco, Guillermo Prieto y Rafael González Páez. Asimismo, estableció como día festivo el 5 de febrero para conmemorar la Constitución de 1857. Después de renunciar a su cargo el 9 de mayo siguiente, volvió al periodismo. Fue elegido diputado para la II Legislatura, pero no pudo asumir el cargo.

Durante la intervención francesa, elegido nuevamente diputado, en 1863 viajó con Juárez a San Luis Potosí, donde creó el periódico La Independencia Mexicana, desde el que convocaba a generalizar la guerra por todos los medios disponibles para obligar al invasor a dispersar sus fuerzas y agotar sus recursos; entonces renunció al exiguo salario que le otorgaba Juárez, ya que con el periódico podía sufragar sus gastos. En 1864, fundó La Acción en Saltillo y escribió Comentarios del Tratado de Miramar y dificultades prácticas para la transformación monárquica de México (texto que se encuentra perdido), pero debido a su salud precaria le resultaba imposible escapar de la persecución de conservadores y franceses, por lo que se vio obligado a emigrar a los Estados Unidos. En Nueva York fundó el Club Mexicano y escribió una gran cantidad de artículos contra el imperio que fueron difundidos en diversas publicaciones de México, Estados Unidos y Sudamérica.

A la derrota del Imperio de Maximiliano, volvió a la ciudad de México para hacerse cargo nuevamente de El Siglo XIX; también fue electo diputado para el Congreso de la Unión. Pero sus enfermedades lo obligaron a retirarse el 1º de septiembre de 1869.

En noviembre siguiente, todavía tuvo fuerzas para presidir el Congreso.

Falleció a las seis y media de la mañana del 22 de diciembre de 1869, a la edad de cuarenta años, víctima de una enfermedad larga y penosa, que nunca fue médicamente determinada, la más probable tuberculosis. Fue enterrado a las tres de la tarde del día siguiente en el Panteón de San Fernando.

Periodista ejemplar, cuya ética lo hizo decir: "No escribas como periodista lo que no puedas sostener como hombre", fue declarado de inmediato por el Congreso Benemérito de la Patria, además de ordenar la inscripción de su nombre en el salón de sesiones.

Una estatua erigida en su memoria se colocó en el Paseo de la Reforma de la capital de la República, a donde hoy acuden los mejores periodistas a rendirle homenaje y expresar sus reclamos a favor de la libertad, o a recordar a los periodistas asesinados, como Manuel Buendía.

En 1873 se publicó Hombres Ilustres Mexicanos, obra en la que colaboró años antes.


Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride. Nacimiento 4 de diciembre de 1829. Muerte 22 de diciembre de 1869.