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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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José Vasconcelos Calderón

1882-1959

Nació el 27 de febrero de 1882, en Oaxaca, Oaxaca, en la calle de Cochinilla, manzana 18. Hijo de Ignacio Vasconcelos, un inspector de aduanas, y de Carmen Calderón, mujer católica que le inculca una profunda fe cristiana. En 1887 la familia se trasladó a Piedras Negras, Coahuila, en donde su padre trabajó en la aduana de El Sásabe, frontera con Arizona. Vasconcelos cursó su primaria en Eagle Pass, EUA, en donde aprendió el idioma inglés. En el año de 1895 su familia se trasladó a la ciudad de Toluca y después viajó a Campeche. Ahí, Vasconcelos realizó sus estudios secundarios en el Instituto Campechano. En 1899, dejó a su familia para viajar a la ciudad de México e ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria. En 1901 se inscribió en la carrera de abogado en la Escuela Nacional de Jurisprudencia; a la vez que estudia, trabaja como amanuense en la Notaría de Aguilar y Marocho, y es lector asiduo en la Biblioteca Nacional. En 1905 se recibió de abogado con la tesis Teoría dinámica del Derecho. En ella, a pesar del positivismo imperante, Vasconcelos sostuvo que era la metafísica la que hacía el derecho, no la historia ni los estadios positivistas, ni el contrato social.

Ese mismo año de 1905, viajó a Durango a trabajar como fiscal federal, pero al poco tiempo regresó a la ciudad de México e ingresó al bufete jurídico norteamericano Warner, Johnson & Galston. Entonces contrajo matrimonio con Serafina Miranda.

En 1906 fundó, junto con un grupo de intelectuales, la revista Savia Moderna. Al poco tiempo la revista desapareció, pero el grupo se convirtió en una sociedad de conferencias que más tarde, el 26 de junio de 1909, se transformó en el Ateneo de la Juventud Mexicana, que integraron además de Vasconcelos, Antonio Caso, que lo presidía, Alfonso Reyes, Julio Torri, Alfonso Cravioto y Pedro Henríquez Ureña, entre otros, quienes eran opositores al positivismo, la corriente de pensamiento imperante en aquel tiempo y aceptada por los intelectuales de la dictadura de Díaz porque justificaba la colonización y la opresión de las razas indígena. Ellos eran helenistas y estaban en busca de nuevos caminos filosóficos, literarios e ideológicos, más acordes con la realidad nacional que les tocó vivir y que ampliaran el horizonte de la cultura en México; por eso proponían que se reabriera la facultad de filosofía en la Universidad Nacional y que se creara una universidad popular. "Nosotros nos hemos educado bajo la influencia humillante de una filosofía ideada por nuestros enemigos, si se quiere de una manera sincera; pero con el propósito de exaltar sus propios fines y anular los nuestros. De esta suerte nosotros mismos hemos llegado a creer en la inferioridad del mestizo, en la irredención del indio"

En 1909 conoció a Madero y fue uno de los secretarios del Centro Antirreeleccionista de la ciudad de México, además de ser el responsable, al lado de Félix Fulgencio Palavicini, del periódico El Antirreeleccionista. Al convocar Madero a la revolución en 1910, Vasconcelos se desempeñó como secretario de Francisco Vázquez Gómez, agente confidencial del maderismo en Washington.

Al triunfo de Madero, Vasconcelos participó en la convención del Partido Constitucionalista Progresista (que sustituyó al Antirreeleccionista) que eligió a Madero y Pino Suárez como sus candidatos a la presidencia y vicepresidencia de la República respectivamente. Es entonces cuando se dice que Vasconcelos creó el lema “Sufragio Efectivo, No Reelección”. Después del triunfo electoral regresó a trabajar como abogado y presidió el Ateneo de la Juventud, que a través de una breve existencia de la Universidad Popular, trató de educar a la clase trabajadora mediante conferencias y cursos gratuitos que lo mismo trataban temas de literatura y música, que de aritmética y mecanografía, así como de higiene, de educación sexual y contra el alcoholismo.

Cuando tuvo lugar el cuartelazo de Victoriano Huerta, Vasconcelos se unió al Plan de Guadalupe y sirvió al movimiento revolucionario encabezado por Venustiano Carranza como agente confidencial en Inglaterra y Francia para evitar que esos gobiernos extranjeros apoyaran con dinero y armas a la dictadura. Cuando sobrevino la ocupación norteamericana de Veracruz, participó en las conferencias de Niágara Falls para hacer que las tropas invasoras se retiraran del puerto jarocho.

Al triunfo del constitucionalismo, regresó a México, donde fue designado director de la Escuela Nacional Preparatoria. Sin embargo, debido a sus críticas contra Carranza, fue perseguido, y ante la posibilidad de ser encarcelado, se exilió en los Estados Unidos.

Cuando tuvo lugar el rompimiento de Carranza con Villa, Vasconcelos regresó a México para participar en la Convención de Aguascalientes, que destituyó a Carranza y nombró como presidente provisional a Eulalio Gutiérrez, en cuyo gabinete figuró como Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes del 7 de diciembre de 1914 al 15 de enero de 1915. Después viajó a Nueva York como representante del presidente convencionista y a la renuncia del mismo, retomó a sus tareas intelectuales. Se trasladó a La Habana, Cuba, en donde terminó su ensayo Pitágoras, una teoría del ritmo (1916). Después vivió en Lima, Perú, donde trabajó como agente de las Escuelas Internacionales de Idiomas Berlitz y fue conferencista de la Universidad de San Marcos.

Regresó a México hacia el fin del periodo de Carranza y continuó su labor literaria mediante diversos artículos y ensayos que recogió en sus libros: Monismo ético (1918); Divagaciones literarias (1919); Prometeo vencedor (1920), y Estudios indostánicos (1920).

Vasconcelos colaboró con artículos periodísticos contra el presidente Carranza durante la campaña electoral del general Obregón, a quien le había invitado a incorporarse a la misma, cuando lo conoció en Los Ángeles, California.

En 1920 Vasconcelos se unió al Plan de Agua Prieta y tras el asesinato de Carranza, el presidente provisional Adolfo de la Huerta lo designó jefe del Departamento Universitario y de Bellas Artes, puesto que ocupó del 9 de junio de 1920 al 12 de octubre de 1921. Para Vasconcelos, la Universidad tenía como misión impartir enseñanza para mejorar las condiciones de vida de las mayorías explotadas, para lo cual tenía que preparar técnicos y humanistas al servicio de la comunidad. Durante su rectorado trató de reunir un cuerpo de profesores honorarios (personas que demostraran saber leer y escribir) que alfabetizaran a la población de manera voluntaria y gratuita los domingos y días festivos en su domicilio o en cualquier local y publicó una cartilla de alfabetización; asimismo, convocó a los universitarios a donar un porcentaje de su sueldo para financiar desayunos escolares. “Organicemos entonces el ejército de los educadores que substituya al ejército de los destructores. Y no descansemos hasta haber logrado que las jóvenes abnegadas, que los hombres cultos, que los héroes de nuestra raza, se dediquen a servir los intereses de los desvalidos y se pongan a vivir entre ellos para enseñarles hábitos de trabajo, hábitos de aseo, veneración por la virtud, gusto por la belleza y esperanza en sus propias almas. Ojala que esta Universidad pueda alcanzar la gloria de ser la iniciadora de esta enorme obra de redención.”

Además, organizó un programa editorial que comprendía principalmente la divulgación de los autores clásicos hacia amplias capas de la sociedad. Fue entonces cuando impuso a la Universidad Nacional el lema “Por mi raza hablara el espíritu”, en el Vasconcelos expresa que la raza, la religión y la lengua dan identidad a los países hispánicos frente al imperialismo norteamericano. “Tenemos que excluir a los Estados Unidos, no por odio, sino porque ellos representan otra expresión de la historia humana".

Carranza había suprimido la Secretaría de Instrucción Pública porque pensaba que la escuela debía de ser competencia exclusiva de los municipios, al estilo de los Estados Unidos. Vasconcelos promovió su restablecimiento y el 29 de septiembre de 1921, el presidente Álvaro Obregón creó la Secretaría de Educación Pública y lo nombró su primer titular. Como secretario, Vasconcelos orientó la enseñanza en un sentido laico, cívico y americanista, al mismo tiempo que se propuso despertar la conciencia del pueblo mexicano sobre la necesidad de forjar “una cultura nacional que le fuera propia, y cuyas bases se debían encontrar en la raza, el idioma y las tradiciones”.

 

El sistema filosófico de Vasconcelos requería el desarrollo material (físico, higiene y técnico para el trabajo), ético (mediante la lectura de los clásicos) y estético (artesanías, música, danza, pintura) del educando. El propósito de la educación era modelar al ser humano para el desempeño de una función social: “Educar es preparar al individuo para determinado propósito social…Las escuelas monárquicas se proponían formar buenos súbditos; las escuelas teológicas, buenos sacerdotes; los despotismos se empeñan en crear soldados, y solamente los pueblos civilizados procuran formar buenos ciudadanos, es decir, hombres y mujeres libres, capaces de juzgar la vida desde un punto de vista propio, de producir su sustento y de forjar la sociedad de tal manera que todo hombre de trabajo esté en condiciones de conquistar una cómoda manera de vivir”.

Incorporó las escuelas municipales a la nueva secretaría para organizar la educación popular, técnica y rural; creó misiones culturales, escuelas normales y casas del pueblo, que por afectar los intereses de los caciques locales, provocaron que muchos maestros fueron hostilizados y hasta asesinados. En apoyo de la educación de las masas, duplicó el número de escuelas y de maestros; extendió las oportunidades educativas a los indígenas; aumentó el presupuesto destinado a la educación; estableció nuevas bibliotecas fijas y ambulantes, y amplió la Biblioteca Nacional. Realizó una labor editorial impresionante, que incluyó ediciones de los grandes escritores clásicos, las Lecturas clásicas para niños y las Lecturas clásicas para mujeres, con textos de Gabriela Mistral y Salvador Novo, entre otros, así como la publicación de revistas como El Maestro y la celebración de la primera Exposición del Libro en el Palacio de Minería. Vasconcelos deseaba establecer la república de las letras, que consistía en dotar de libros a quien antes no los había tenido, porque los libros eran el arma de la revolución.

Invitó a los pintores Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Roberto Montenegro y otros, a que decoraran varios muros de los edificios públicos, entre ellos la SEP, que construyó, y la Escuela Nacional Preparatoria. Así, la pintura mural y la revolución mexicana adquirieron trascendencia y calidad universales. En los murales, las tradiciones indígenas se convirtieron en el modelo para los ideales socialistas de arte libre, abierto y público Pero lo más importante fue que los indígenas ya no eran más la vergüenza o el problema de México, sino se convirtieron en el “rostro mural del Estado surgido de la revolución”.

Por su pasado y por su mestizaje étnico y cultural, para Vasconcelos, la América hispana era la matriz de una nueva etapa de la civilización: la “raza cósmica”, en la convergen y alcanzan plenitud todas las razas, que es la superación espiritual, no física de estirpes, la raza síntesis hecha con el tesoro de todas las razas anteriores. La “raza cósmica” tiene como misión en la historia de la humanidad enfrentarse a la humanidad actual, individualista, hambrienta de riqueza y ebria de tecnología, porque el ser humano es parte de un universo armónico, en el que demuestra lo mejor de sí mismo colaborando, no compitiendo con los demás; su destino es trascendente y rebasa las fronteras del mundo en que vivimos porque el hombre no puede satisfacerse sólo con la acumulación de bienes y riquezas, tiene que ser y no sólo hacer.

Estas ideas acerca de la unidad cultural, el genio estético y la futura grandeza de los pueblos hispánicos del continente americano, las plasmaría más tarde en sus libros La raza cósmica (1925) e Indología (1927). En este contexto, trató de hacer de México, la capital cultural de América Latina. Este propósito lo hizo viajar por Perú, Chile, Argentina y Brasil e invitar a trabajar en México a educadores hispanoamericanos, como Gabriela Mistral y Pedro Henríquez Ureña. Por estas generosas intenciones, en 1923 Vasconcelos fue nombrado “Maestro de la Juventud del Continente” por asociaciones estudiantiles de Colombia, Perú y Panamá.

Según Pedro Castro (Álvaro Obregón. Fuego y cenizas de la Revolución Mexicana): “Vasconcelos se sustrajo al anticlericalismo de los revolucionarios triunfantes -sentimiento compartido por Obregón y Calles-, por eso no debe extrañar que en ningún momento llamara a la lucha por las conciencias de los mexicanos contra la Iglesia católica. No la acusó del atraso y fanatismo de buena parte de la sociedad mexicana ni sostuvo controversias con ella sobre el tema educativo, y más bien le enviaría velados mensajes de concordia.”

Sin embargo, Vasconcelos se distanció del presidente Obregón porque condenó el asesinato del senador por Campeche Francisco Field Jurado, quien se oponía a los llamados Tratados de Bucareli con los Estados Unidos; porque Obregón consentía el avance de la CROM y Lombardo Toledano que sostenían un proyecto educativo opuesto al suyo; porque le redujeron sustancialmente el presupuesto de la SEP; y porque se le exigió apoyar abiertamente a Calles como candidato oficial a la presidencia de la República. Finalmente, el 2 de julio de 1924, renunció a la Secretaría de Educación para lanzarse como candidato a la gubernatura de Oaxaca, intento en que fracasó debido a que Obregón apoyó a su contrincante Onofre Jiménez. Entonces fundó la revista La Antorcha, desde la que criticó al gobierno, por lo que mejor optó por radicar en el extranjero, en donde trabajó como conferencista y periodista en Cuba, España y Estados Unidos.

En 1928 Vasconcelos regresó a México para participar como precandidato del Partido Nacional Antirreeleccionista en las elecciones presidenciales a celebrarse en 1929. A su arribo a Nogales, Sonora, el 10 de noviembre de ese año, expresó: “en contra de la falta de libertad y de la tiranía, no hay otro recurso político que el viejo enunciado maderista, tantas veces befado por la incomprensión y la perversidad: Sufragio Efectivo. No Reelección. Se necesita que el sufragio sea efectivo porque nadie debe reemplazar el juicio del pueblo cuando se trata de elegir a los más aptos, y esto a pesar de que el pueblo puede equivocarse, pero se equivocan aún más y se equivocan de mala fe las camarillas de los privilegiados y de los políticos. Para asegurar la efectividad del sufragio es preciso que el pueblo entero salga de su apatía y exprese su voluntad. Entendamos que sólo una leal contienda de votos podrá libertarnos de la fatalidad de nuevas contiendas armadas".

Por otra parte, se lanzó contra el presidencialismo autoritario: “Además, junto con la No Reelección, es urgente fijar las responsabilidades de ese amo absoluto que es entre nosotros el Presidente. No es malo que el Primer Magistrado de la República disponga de plenos poderes para, llevar a cabo su programa, pero sí es bochornoso que se le tolere un grado de irresponsabilidad que no tienen los reyes en les países civilizados. Urge, en consecuencia, reformar la Constitución en el sentido de que el Presidente sea enjuiciable en casos como los de violación electoral manifiesta o cuando se consumen fusilamientos, prisiones arbitrarias o expulsiones de ciudadanos, si los ejecutores directos del atentado no son destituidos del mando que ejercieren y puestos a disposición de las autoridades del orden común”...

Ante la guerra cristera que ensangrentaba al país, señaló: “sentir odios por cuestión de credos sobrenaturales o imponer leyes que provocan rebeliones por razón de cultos, es algo tan insólito, tan estéril y antisocial que ya ninguno pe los pueblos cultos de la Tierra - ni siquiera los incultos - llevan a extremos de sangre cuestiones que trascienden la razón humana misma…ha llegado el tiempo de que se reconozcan iguales derechos y se otorguen libertades iguales a los protestantes y a los católicos, como a los judíos y a los budistas, aun cuando no fuese por otro motivo que el muy evidente de que tarde o temprano tendremos que otorgar a todas las creencias las mismas prerrogativas de que disfrutan los países civilizados”.

Con una arenga, continuó su campaña por los Estados de Sonora, Sinaloa y Nayarit: “México, levántate; no es imposible la justicia, ni es una quimera la libertad, ni eres un país descalificado de la civilización. La más grave amenaza de toda tu Historia se urde en estos instantes en la sombra; pero aún hay fuerza en tus hijos para la reconquista del destino. Deja que los menguados vacilen y se queden haciendo el cómputo de las ventajas y los riesgos; tus hombres estarán, están ya en pie, y por el viento pasan himnos de regeneración y de victoria ¡adelante, a la victoria!” Así, en poco tiempo, su campaña electoral llegaría a ser una gran movilización ciudadana a favor de la democracia y en contra del militarismo y del caudillismo.

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El 5 de diciembre siguiente, un numeroso grupo de estudiantes de la ciudad de México constituyó el Frente Nacional Renovador y se adhirió a la candidatura de Vasconcelos. La campaña vasconcelista avanzó sin la oposición gubernamental, pero el 27 de enero de 1929, en Guadalajara, sus seguidores sufrieron agresiones con palos, machetes y hasta puñales, de las que resultaron varios de ellos heridos, algunos de gravedad. El presidente Portes Gil, ante la protesta de Vasconcelos por los hechos violentos, condenó el atentado, exhortó a la moderación y recomendó a los gobernadores que no autorizaran contramanifestaciones y dieran garantías a los candidatos y a sus partidarios. Además, deseó que las autoridades de Jalisco castigaran a los responsables de los sucesos violentos. En la práctica, la violencia continuó contra el vasconcelismo.

Después de estos hechos, Vasconcelos continuó su campaña electoral por Michoacán y Guanajuato, desde donde el 3 de marzo siguiente, condenó la rebelión del general José Gonzalo Escobar que lanzó el Plan de Hermosillo contra el gobierno de Portes Gil.

El 10 de marzo siguiente, Vasconcelos llegó a la ciudad de México y después de una numerosa manifestación que recorrió varias calles, celebró un mitin en la plaza de Santo Domingo, en donde expresó: “después de haber visto cómo se congregaba el pueblo en los campos, en las aldeas y las ciudades para dar testimonio de su propósito de constituir un gobierno emanado de su propia voluntad, un gobierno totalmente distinto de los que son fruto corrompido de la política o la guerra, henos aquí en la capital de la República, en medio de una de las más imponentes manifestaciones libres de toda su Historia... Consciente, pues, una vez más la capital de la República, de su papel director del espíritu nacional, se encuentran aquí en masa para proclamar la necesidad de un cambio radical de métodos en estos instantes de grave peligro nacional. Muy fácil es, cuando se dispone de un ambiente de libertad, que el pueblo defina sus anhelos y cristalice sus propósitos en acción constructora; pero he aquí que la campaña democrática iniciada con constancia y con fe por todas las gentes honradas del país se ve de pronto interrumpida por dos sucesos vergonzosos que hacen pensar a los escépticos que no tiene remedio esta pavorosa enfermedad de la Patria. Me refiero, por una parte, a la llamada Convención de Querétaro (fundación del PNR), en que grupos oficiales intentaron falsificar la democracia. Y ocurre también, por otra parte, una rebelión inoportuna y militarista (del general Escobar) que parece no traer otra mira que allanar el camino de las ambiciones de quienes han sido imposicionistas y por lo mismo es de creerse que volverían a serlo si un golpe de fuerza los colocara en el mando...Yo hoy siento que la voz de Quetzalcóatl, la misma voz histórica y milenaria, busca hoy expresión en mi garganta y le da fuerzas para que grite yo sin ejércitos a tantos que se respaldan con ejércitos, que es traición a la Patria querer defraudar el voto en estos instantes... Y digo ahora como hace mil años en condensado programa exclamara Quetzalcóatl: Trabajo. Creación. Libertad.”

El 24 de marzo, Vasconcelos impartió una conferencia en el Teatro Imperial, en la que concluyó que la única forma para que este movimiento triunfara, sería “actuar en igual forma que el maderismo actuó, es decir, estableciendo un Gobierno por persuasión, un Gobierno por ley, no el otro, el Gobierno del caudillaje, que se caracteriza por el sistema de violencia…En este país donde no hay sociedades, donde faltan partidos organizados, donde está adormecida la iniciativa privada, precisa crear una organización fuerte y de ahí la necesidad de formar un gran Partido Nacional del Trabajo”…

El domingo 7 de abril Vasconcelos dictó otra conferencia, esta vez en el Teatro Politeama, en donde afirmó que el problema educacional era tan difícil como el político. Después continuó su campaña electoral por los estados de Puebla, Tlaxcala, Veracruz e Hidalgo.

En la Convención del Partido Antirreeleccionista celebrada el 2 de julio siguiente en el Frontón Hispanomexicano, con la asistencia de 835 delegados de toda la República, fue elegido candidato; el otro precandidato fue el doctor Francisco Vázquez Gómez. En la convención se aprobó también que se otorgara el voto a la mujer, así como el programa de gobierno en caso de ganar las elecciones: “Abogar por una República libre y soberana, con soberanía en cada región y en cada individuo; una República de Municipios independientes confederados; restitución a las Cámaras Legisladoras de los poderes plenos que les otorgaba la Constitución de 1857, e independencia efectiva de Poderes”. Según la Historia Gráfica de la Revolución Mexicana de Casasola, ahí se distribuyeron volantes con los siguientes textos:

“CANTO VASCONCELISTA.

(Con música de «La Valentina»).

Vasconcelos, Vasconcelos, ya es la' hora de luchar,
pues la patria está en peligro, y tú la vas a salvar.

(Con música de "La Adelita")

Con Vasconcelos en la Presidencia,
muchos milagros se van a realizar,
los políticos quedan sin hueso,
y es el pueblo el que ya va a mandar.

(Con música de "La Cucaracha")

Los diputados, los diputados, ya no pueden mangonear,
pues Vasconcelos, pues Vasconcelos, ya los vino a fastidiar.

(Con música de "Me importa madre", que se tocaba en todo mítin)

Todas las Convenciones,
Los atentados y las imposiciones...

¡¡¡ ARRIBA VASCONCELOS!!!

Somos vasconcelistas de nuestra nación,
todos voluntarios, no por un tostón;
al toque de clarines vamos a luchar
por la patria nueva y la libertad.

¡¡ VOTE USTED POR VASCONCELOS !!

¡¡EL CANDIDATO DE LOS HOMBRES LIBRES!!”

Cuenta Vasconcelos (El Proconsulado) que aceptó asistir a una comida con el embajador norteamericano Morrow, a quien le reprochó su apoyo al gobierno de “asesinos y ladrones”. Morrow respondió: “No sé lo que, conforme a los standards de ustedes, sean un asesino y un ladrón de la política. Irritado, repuse: Cuando un individuo entra a la política sin un centavo y en ella se hace rico, cuando un sujeto para sostenerse en el poder manda matar a sus rivales, en castellano, tal sujeto es un asesino y un ladrón; en ingles, no es otra cosa que un gangster y un murderer y en todos los idiomas civilizados lleva nombre equivalente. Y tal caso no es opinable, es notorio y no tiene excusa quien lo defiende...

Se quedó tranquilo, inconmovible, y al cabo de un instante, repuso: No es el primer caso en la historia en que una banda de forajidos armados se impone por toda una generación o por varias a toda una nación que está desarmada... Pero no es tampoco acto de amistad internacional --opuse- que el vecino poderoso ayude a esa banda con armas y con créditos cada vez que se ve amenazada por la revuelta... A esto último me dio respuesta evasiva, pero difícil de rebatir: Yo no tengo la culpa -dijo- de haberme encontrado a tal clase de gente en el poder... Yo no dudo que haya en su país hombres honrados, pero yo tengo que tratar con los que representan oficialmente al país, no me toca cambiarlos, etc., etc. ... La respuesta era especiosa; nadie le pedía que los cambiara, lo único que exigía la decencia internacional, el sentido mismo de humanidad, es que no los cobijase…

Va a ser difícil que usted reúna muchos votos -me dijo Morrow, en párrafo final de la entrevista- porque, aunque yo no niego su popularidad, usted sabe de la maquinaria oficial. A última hora los cómputos pueden dar muchas sorpresas...

Pero -añadió- usted está haciendo una obra importante; usted está educando al pueblo en la democracia; le enseñará usted a votar y aunque esta elección la perderán ustedes, porque el Gobierno está muy fuerte, en la próxima, de aquí a cuatro años, su triunfo será seguro ... siempre que no cometan ustedes el error de intentar una rebelión ... 

Al decir esto Morrow, descubrí quién era el que había dado al partido oficial su tesis hipócrita de que no nos veían con malos ojos y que no triunfaríamos, pero estábamos educando al pueblo… En labios del mismo Portes Gil habían escuchado, amigos nuestros, la necedad apuntada… y la repetían los diputados. No cabía, pues, duda. Un país gobernado por malvados y por ineptos tenía que tomar del procónsul no sólo el programa nacional, también el argumento que se cree válido contra los opositores”.

Las semanas siguientes, Vasconcelos continuó su campaña electoral por los estados de Guerrero, Querétaro y Guanajuato. A su regreso a la capital de la República, el 6 de octubre, fue recibido por una multitud, ante la cual Vasconcelos se refirió al fraude electoral que según él se preparaba para arrebatarle la victoria: “cuando no tenía un solo hombre; entonces dije que aceptaría el triunfo de quien más votos tuviera, pero también dije lo que ahora repito: que el pueblo mexicano no aceptará ni la fuerza, ni aceptará el chanchullo”…

Para José Joaquín Blanco (José Vasconcelos. Textos): “La campaña electoral de 1929 lo levanta como una figura civil, tercamente parapetada en su maderismo, contra un Estado militar y, de algún modo, también contra el país transformado por la revolución, que confusa y violentamente iba buscando reacomodos y formas que ya Vasconcelos no entendía...Vasconcelos era un hombre profundamente religioso. Se le acusó de pretender convertir al Estado en Iglesia, y a las políticas del Estado en cruzadas religiosas. Ciertamente su idea del Estado era mucho más ambiciosa que la de los liberales maderistas. Para él, el Estado debía ser el centro de la reconciliación nacional, de la "regeneración de la Patria", de la unidad y de la transformación de un país disperso y pobre en un proyecto de paraíso. Eran los años fundadores de la Revolución soviética, cuando Vasconcelos leía asombrado las campañas educativas de Lunatcharski”.

A lo largo y ancho de la República se enfrentaron violentamente los partidarios de Vasconcelos con los miembros del recién fundado Partido Nacional Revolucionario, PNR, cuyo candidato era Pascual Ortiz Rubio: Pero en la capital del país tuvieron lugar los hechos más violentos: el 20 de septiembre, frente al jardín de San Fernando, resultó muerto el estudiante Germán del Campo y hubo varios heridos en un zafarrancho provocado por el diputado Teodoro Villegas; y el 10 de noviembre, en la avenida Juárez, en un nuevo, violento y sangriento enfrentamiento salieron heridas muchas personas y hasta el propio jefe de la Policía del Distrito Federal, Valente Quintana. Además, a Vasconcelos le suspendieron la publicación de los artículos que escribía en El Universal.

En plena efervescencia y ante las amenazas de los grupos del PNR, Vasconcelos salió a la ciudad de Mazatlán, Sinaloa, en donde anunció que aguardaría el resultado de los comicios. El 17 de noviembre se realizaron las elecciones en las que salió triunfador Ortiz Rubio, con 1,947,848 votos (93.55%), seguido de Vasconcelos del Partido Antirreeleccionista y Democrático Nacional con el 5.32% de la votación y de Pedro Rodríguez Triana del Bloque de Agrupaciones Obreras y Campesinas-Partido Comunista (0.11%). Pero los comicios estuvieron plagados de irregularidades graves, desde la no apertura de casillas, la falsificación de votos y el robo de urnas, hasta el uso del ejército para impedir la votación en los lugares en que era previsible el triunfo de Vasconcelos. El saldo oficial de la jornada electoral fue de nueve muertos y diecinueve heridos.

Por eso las elecciones fueron calificadas por Vasconcelos como fraudulentas: “la farsa electoral que impone a Ortiz Rubio en la presidencia, la corrupción del gobierno y la malversación de fondos nacionales”. El 2 de diciembre, al cruzar la frontera hacia Estados Unidos, declaró a la Associated Press AP, que “no había sido derrotado en las elecciones, sino defraudado”, que “es una vergüenza para cada mexicano como yo, como su presidente, me haya venido al extranjero en vez de ir al Palacio Nacional; que para librar a sus seguidores de dificultades, ellos podían hacer lo que más les conviniera, pues deseaba la paz y no alterar el orden. No obstante, el día 1º del mismo mes de diciembre apareció el Plan de Guaymas, en donde Vasconcelos denunció “la más bochornosa de las imposiciones electorales”, y el uso “en forma organizada y cínica de todas las fuerzas armadas del país, el ejército y la policía, para estorbar la acción de los antirreeleccionistas en las casillas electorales”. Asimismo, señaló que el triunfo de Ortiz Rubio se dio a conocer en los diarios de Nueva York desde antes de que se cerraran las casillas. “Siendo entonces evidente que el pueblo mexicano ha agotado los recursos legales, interesa a su destino hacer el máximo esfuerzo a efecto de que se respete la voluntad popular. Y considerando que por grave que sea la crisis que se provoca, es mejor la lucha que la indiferencia, he comenzado a instar a todos mis partidarios de corazón bien puesto a que recurran al medio supremo que está al alcance de los hombres dignos: la acción armada”.

En el Plan, Vasconcelos acusó a las autoridades de tenerlo vigilado y prisionero con el pretexto de protegerlo: “Es entonces por esta causa por lo que he tomado la amarga resolución de pasar al extranjero mientras el pueblo puede hacerme respetar como su candidato triunfante y Presidente Electo”. Por lo anterior, “se declara que no hay en la República más autoridad legítima, por el momento, que el C. licenciado José Vasconcelos”, quien “rendirá la protesta de ley ante el primer Ayuntamiento libremente nombrado que pueda recibirla en la República”; se desconocen todos los poderes de facto federales, estatales y municipales; y se faculta a los ciudadanos a que asuman los gobiernos estatales y municipales. “El Presidente Electo se dirige ahora al extranjero; pero volverá al país a hacerse cargo directo del mando tan pronto como haya un grupo de hombres libres armados que estén en condiciones de hacerlo respetar”.

En las semanas siguientes se dieron algunos levantamientos pequeños y aislados que fueron rápidamente sofocados, pero ninguno con la fuerza suficiente para “hacer respetar” al “presidente electo”. Ante la falta de respuesta a su llamado, Vasconcelos viajó a Francia y Pascual Ortiz Rubio pudo protestar como presidente de la República el 5 de febrero de 1930. En marzo siguiente, se descubrieron más de cien cadáveres de vasconcelistas en Topilejo, entre los que se encontraban los del general León Ibarra, ingeniero Ricardo González Villa, Roberto Cruz Zequera y J. López Aguilera. El ingeniero Victorio E. Góngora, presidente del Partido Antirreeleccionista protestó porque varios de sus miembros hallados muertos fueron sacados del cuartel del 51ª Regimiento al mando de Maximino Ávila Camacho.

Según Vasconcelos, Morrow, a través de Lloyd, corresponsal de la Prensa Asociada, le hizo saber que si se lograba producir una rebelión antes de la toma de posesión de Ortiz Rubio, el gobierno norteamericano se mantendría neutral, pues según el presidente Hoover, “si el pueblo mexicano no protesta contra la violación y burla de su voto, no voy yo a ser quien lo haga. Si para la fecha de la visita de Ortiz Rubio a Washington no hay rebelión, Ortiz Rubio tendrá todo el apoyo del Gobierno americano y no toleraremos disturbios, ni siquiera propaganda adversa a su gobierno, en la frontera.”

Como no se produjo el levantamiento popular esperado, Vasconcelos escribirá después: “Más que mis propios fracasos en el empeño de conseguir gente armada, que hiciera respetar la voluntad nacional expresada de modo ineludible en la acción política, el desastre de Bouquet me llevó al convencimiento de que por mucho tiempo no sería posible mover aquella masa aterrorizada que era la patria. Y por mucho que yo insistiese en culpar de todo a Morrow y la intervención de los Estados Unidos en apoyo de la iniquidad, en el fondo sentía la evidencia de que era mayor nuestra propia responsabilidad que la del extranjero. Pues nadie se impone a un pueblo que tiene virilidad y conciencia, y mucho menos por medio de un influjo que, como lo han usado los Estados Unidos en las últimas décadas, bien se sabe que no liega al uso aplastante de la fuerza. Simplemente han jugado con nuestra corrupción, la han canalizado en nuestro daño, como quien maneja médicamente una peste y la devuelve y la mantiene en el sitio de su origen hasta que acabe con los habitantes de una comarca infectada.

Pero en el derrumbe inevitable quedaba por salvar la idea que en nosotros había encarnado. El triunfo material nos había sido robado, pero no era justo que se llevasen también los usurpadores honra y fama, después de la traición y la iniquidad. Era menester exhibirlos ante el mundo.”

Así lo hará en su siguiente viaje a Latinoamérica: “No soy un derrotado. Derrotados de la moral, el derecho y la historia son los miserables que, coludidos con intereses extranjeros, ganan el poder público, ya mediante la fuerza, ya mediante el engaño... Soy un hombre de victoria y no de derrota. La derrota esconde su vergüenza, disimula los hechos, calla su pena; yo vengo denunciando traidores, que lo son, no nomás a mi patria, sino a todo el Continente”. (El Proconsulado)

La certeza de que había existido fraude electoral quitó a una generación de jóvenes estudiantes la esperanza de que se pudiera llegar al poder por la vía de las urnas, así como la confianza de que la gente reaccionaría en contra de la imposición. Mauricio Magdaleno escribió en su obra dedicada al fraude cometido contra Vasconcelos, titulada “Las palabras perdidas”  que lo más terrible de la derrota de 1929, “fue salir sin el menor disimulo a la calle y hablar y gritar rabiosamente nuestra desesperación. Nadie nos hizo caso, como si lo de 1929 no hubiese existido nunca. Uno de los nuestros, un artesano de nuestros clubes de barriada, se plantó un día en una esquina de San Juan de Letrán y gritó agresivamente: ¡Viva Vasconcelos! Ni lo aprehendió el policía de la esquina ni menos nos tomaron en consideración quienes transitaban por ahí. El vasconcelismo pertenecía al pasado, un abstracto y fantasmal pasado, y era pura y definitivamente materia histórica, como el lerdismo o el juarismo."

Para Javier Garcíadiego (La Campaña de 1929: el mito del fraude) no existió tal fraude, fue un mito creado por el propio Vasconcelos, por sus partidarios y por la solidaridad gremial de los intelectuales, que siempre se manifiesta cuando un miembro del gremio choca con cualquier político. “Un análisis riguroso conduce a otras conclusiones. Su propia biografía y la de sus colaboradores, el perfil social de sus simpatizantes, las características de su movimiento, la naturaleza del aparato político al que se opuso, la campaña hecha por su adversario y las condiciones sociohistóricas del país obligan a aceptar como autentica la derrota electoral de Vasconcelos... carecía de la experiencia política adecuada para una contienda electoral... más notoria entre sus colaboradores y militantes... no combatió la reelección de Obregón sino la primera candidatura del "maximato" callista... impidió todo acercamiento con cualquier miembro de la élite política que pudiera estar resentido par los manejos de Calles y Portes Gil, presidente interino, o por la candidatura de Ortiz Rubio, al asegurar que todos eran, sin excepción ni distinción, miembros de una camarilla de corruptos. Además, hizo del antimilitarismo una de sus principales banderas, con lo cual se enajenó el potencial apoyo de los militares inconformes; asimismo, criticó abiertamente a los líderes obreros y campesinos, y se peleó inútil e inoportunamente con periodistas, a los que llegó a llamar "viles"; por último, debe señalarse que tampoco simpatizaba con los Estados Unidos, cuya influencia en el país consideró ‘nefasta’. Para colmo, Vasconcelos no pudo establecer alianza alguna con los grupos que por entonces se enfrentaban al gobierno: respecto a los cristeros, se declaró partidario de la libertad de conciencia pero en reiteradas ocasiones negó ser un clerical o tener cualquier relación con la rebelión; respecto a la lucha escobarista, tan pronto estalló declaró ‘que de ella no puede surgir sino un nuevo caudillo’, al tiempo que advirtió que dicho alzamiento venia ‘a interrumpir los trabajos democráticos, que son la única esperanza de resolver el problema presidencial’. En resumen, su desdén o incapacidad para establecer alianzas condenó a la debilidad a su movimiento. Parecería que Vasconcelos prefería la pureza sobre la victoria.”

Garcíadiego resalta otras más de las debilidades de Vasconcelos que hacían innecesario el fraude electoral, ya que era patente que nunca podría ganar las elecciones: “se comportó más bien como caudillo de un movimiento sociocultural... su discurso siempre fue estridente... las lecciones de ética política y moral pública sobrepasaban a las propuestas concretas... desde un principio se autoconsideró ganador” e hizo “una campaña sostenida por jóvenes, con el membrete de un partido de ancianos... las enormes diferencias entre el número de ciudadanos cautivados por él y el número de gente involucrada de una u otra manera con el régimen de la Revolución hacía innecesario falsear los resultados”; asimismo,  su base de apoyo era de clases medias y universitarios, sectores muy reducidos en la estructura social de entonces, e inclusive, su apoyo juvenil y de mujeres carecía del derecho al voto que se otorgaba hasta los 21 años sólo a los varones; hasta los anticallistas debían ser pocos dado que el poder de Calles estaba en su plenitud. Además, a su campaña le faltó organización y sus propósitos antireeleccionistas y antimilitaristas no se reflejaban en Pascual Ortíz Rubio, su opositor, que era ingeniero civil y pretendía por vez primera la presidencia. Resulta impensable que Vasconcelos hubiera podido atraer a un número de votantes mayor que el convocado por Ortíz Rubio.” Finalmente, salvo en el Distrito Federal, Veracruz y Nogales, las elecciones se realizaron pacíficamente en todo el país. Sin embargo, Garcíadiego reconoce que la violencia “era consustancial a los procesos electorales” y dado que las autoridades locales organizaban y calificaban las elecciones, es posible que se hayan “alterado cifras y presionado a opositores”, y que con base en esa violencia y esas alteraciones se pudo “cuestionar moralmente las elecciones de 1929. En síntesis, debe considerárseles unas elecciones sucias, pero no torcidas. No obstante su derrota, dado el legado del vasconcelismo, concluye Garcíadiego: “si no triunfó electoralmente, sí venció en términos morales e históricos.”

En su voluntario exilio europeo, Vasconcelos continuó su obra intelectual: en 1930 publicó su Tratado de Metafísica y en 1931 editó nuevamente su revista La Antorcha, en la que se manifiesta a favor de la democracia y en contra del imperialismo. Después fue a España, en donde publicó sus libros Ética y Pesimismo Alegre y Estética. En 1934 viajó a Argentina y Chile y publicó De Robinson a Odiseo y Bolivarismo y Monroísmo. Al siguiente año radicó en Estados Unidos y publicó la primera parte de su Ulises Criollo. En los años que siguieron continuó su obra intelectual: La Tormenta (1936), Qué es el comunismo (1936), Qué es la Revolución (1937). Breve Historia de México (1937), Historia del pensamiento filosófico (1937), El desastre (1938) y El proconsulado (1939).

Vasconcelos regresó al país en 1940, con su catolicismo renovado e ingresó a la orden franciscana como miembro terciario. Amargado y desilusionado, sostuvo posiciones contrarias a las que había apoyado en sus mejores años y vio en el nazifascismo una posible esperanza a la que asirse. Dirigió la revista Timón, financiada por la embajada de la Alemania Nazi, por lo que se le acusó de haberse convertido en un agente del fascismo. Pero lo mejor de su obra ya lo había realizado y su última etapa no logró borrar el legado de sus años revolucionarios. Por ese pasado sería nombrado director de la Biblioteca de México.

En 1941 publicó Hernán Cortés, creador de la nacionalidad. Posteriormente, el 8 de abril de 1943, fue uno de los fundadores de El Colegio Nacional. En 1945 fue director de la Biblioteca Nacional y publicó Lógica Orgánica y El Viento de Bagdad. También fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y obtuvo el doctorado honoris causa por varias universidades: la Nacional Autónoma de México, así como las universidades de Puerto Rico, Chile, Guatemala y El Salvador. Al término de la Segunda Guerra Mundial, Vasconcelos escribió el prólogo de la obra fascista Derrota Mundial de Salvador Borrego.

En 1948 fue presidente del Instituto Mexicano de Cultura Hispánica y en 1950 recibió de la España franquista la condecoración Isabel La Católica. En 1952 publicó su libro Filosofía, estética y todología, y en 1957, La Flama y En el Ocaso de mi Vida. En 1958 fue elegido vicepresidente de la Federación Internacional de Sociedades Filosóficas en Venecia. También fue uno de los pioneros de la transmisión de programas culturales por televisión.

Dolido por el fraude electoral de que había sido objeto, no pudo apreciar cuánto había influido en el desarrollo de México: “Llevo treinta años de predicar en vano. México es, por ahora, un país envilecido e irredimible. La gente está sorda y muda. Ya no predico. Estoy viejo y enfermo”, contó Alejandro Rosas que había oído decir a Vasconcelos poco antes de su muerte.

Falleció el 30 de junio de 1959, a las 20:55 horas en su residencia de la Calzada de las Águilas 181, Tlacopac, San Ángel en la ciudad de México. Era director de la Biblioteca de México. Dejó una carta a su yerno Herminio Ahumada, en la cual rechazó que se le enterrara en el Panteón de los Hombres Ilustres, como miembro que era del Colegio Nacional: “considero que la ciudadanía de nuestro país no tiene derecho a honrarme como escritor mientras no me reconozca como político… está pendiente un acto de justicia con los que murieron en la campaña electoral de 1929… La conciencia nacional sabe o debe saber que ganamos las elecciones de 1929, y mientras esto no se reconozca públicamente y quizás oficialmente, no podría yo aceptar ningún honor sin sentir que traicionaba la verdad y la justicia”. Fue sepultado en el Panteón Jardín. En 1985 sus restos mortales fueron trasladados a la Catedral Metropolitana.

Jesús Guisa y Acevedo escribió: “Vasconcelos es grande como escritor, grande como político, grande como hombre que hizo historia”.

Doralicia Carmona. Memoria Política de México.

Efemérides Nacimiento 27 de febrero de 1882. Muerte 30 de junio de 1959.