Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Sánchez Navarro y Peón Juan

1913-2006

Nació el 24 de abril de 1913, en una casa situada en la esquina de avenida Juárez y la calle de Dolores del centro de la Ciudad de México. Descendiente por la línea materna de los Peón, acaudalada familia yucateca que sería arruinada por la reforma agraria, y por la parte paterna, del capitán español Juan Sánchez Navarro, que en 1575 participó en la colonización de la frontera norte y fue uno de los fundadores de Saltillo. Otros de sus ancestros fueron el cura José Miguel Sánchez Navarro y sus hermanos José Gregorio y Manuel Francisco, quienes iniciaron en Monclova la formación de un gran latifundio otorgando préstamos a hacendados y apropiándose mediante juicios legales de las tierras de los deudores incumplidos.

Durante los primeros años del México independiente la familia Sánchez Navarro llegó a tener influencia suficiente para hacer que se creara una Suprema Corte en el Estado de Coahuila que atendiera mejor sus negocios que en los tribunales de Guadalajara, para que sus propiedades se valuaran al mínimo y casi no pagaran impuestos, y hasta para cambiar a su conveniencia los límites de Coahuila y Zacatecas.

En política, los Sánchez Navarro pasaron del realismo al iturbidismo, del federalismo al centralismo y sólo la invasión norteamericana los hizo vender o perder algunas de sus propiedades. Charles H. Harris III (El imperio de la familia Sánchez Navarro) escribe: “Los Sánchez Navarro eran pragmáticos: estaban con los gobiernos que garantizaban estabilidad. Su estilo era la discreción. Rechazaban los cargos públicos, pero mantenían una efectiva influencia política tras bambalinas, sobre todo a través de su gran red de conexiones familiares. Algunos de sus parientes llegaron a ser presidentes interinos, gobernadores, alcaldes y legisladores, así como eclesiásticos y abogados de renombre. Dado su poder económico, sus conexiones políticas, militares y eclesiásticas a mediados del siglo [XIX], Coahuila semejaba un feudo de los Sánchez Navarro".

Sin embargo, durante la guerra de Reforma, optaron abiertamente por el partido conservador y después apoyaron públicamente al Imperio de Maximiliano. Carlos Sánchez Navarro y Berain, su bisabuelo, fue nombrado Gran Chambelán de la Corte y recibió honores y condecoraciones como la Orden Sueca de la Estrella del Norte y fue Comendador de la Orden Imperial de Guadalupe. Para ese tiempo, sus propiedades comprendían 45 haciendas de ganado mayor con unos 7.5 millones de hectáreas en los estados de Coahuila, Nuevo León, Chihuahua, parte de Zacatecas y San Luis Potosí, una superficie equivalente a Portugal.

Al triunfo de Juárez, se decretó la confiscación de todas las propiedades de quienes habían colaborado con los franceses. Carlos fue arrestado y se exilió en París hasta que fue indultado. A su regreso sólo logró recuperar algunas tierras donde había carbón en Coahuila, como las de Palau, Nueva Rosita y Sabinas.

Juan Sánchez Navarro y Peón estudió en los colegios franceses de Alvarado y Morelos, de hermanos maristas, y tuvo como compañeros de juego a Agustín Pro Juárez y José de León Toral, más tarde autores de un atentado y del asesinato del presidente Obregón.

Estudió leyes en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional, así como Filosofía. Como presidente de la Sociedad de Alumnos de Filosofía estuvo al lado de Manuel Gómez Morín en su lucha por la libertad de cátedra y en contra de la implantación de la educación socialista. Después trabajó en los despachos del abogado Antonio Pérez Verdía Berdier y del juez Adolfo Desentis, quienes influyeron en su formación. Asimismo, comenzó a impartir clases en el Colegio Motolinía para señoritas, actualmente universidad, y más tarde en la UNAM durante más de cuarenta años.

Obtuvo una beca para hacer un doctorado en Derecho y Filosofía en la Universidad Central de Madrid. En España fue alumno de Fernando de los Ríos en Derecho Político, de Gastón y Marín en Derecho Administrativo y de Rafael de Altamira, en Instituciones Jurídicas de América. Luego ganó otra beca para tomar unos cursos en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en la provincia de Santander.

Así consolidó su posición antisocialista y antiestatista: “Del socialismo critico la limitación de la persona humana. El principio básico para mí es que el ser humano es el eje de las sociedades, de la familia, de todo, y el socialismo aplastó al individuo. Las tendencias socializantes, que se centran en lo colectivo, no en lo personal ni en lo individual, representan un aplastamiento del ser humano que para mí es el centro y eje de la Historia. Esto me parecía absolutamente negativo y es una tendencia que en la vida política se expresaba en una natural penetración del Estado en la vida de los ciudadanos y de la sociedad, y eso era para mí inaceptable. La equidad y la justicia, que también reivindica el socialismo, son principios del cristianismo, con otro sentido, que se dan sin destruir a la persona”. Por eso, su tesis de licenciatura que presentó en 1938, la dedicó a desarrollar “El Concepto Cristiano de la Propiedad”, (“que consideramos el más perfecto de cuantos se hayan elaborado”) que dedicó a Antonio Caso, Manuel Gómez Morín y Jesús Guisa y Acevedo.

Al estallar la guerra civil española, Sánchez Navarro se encontraba en el lado izquierdista y durante siete meses, en contra de su ideología, se vio obligado a servir en las milicias revolucionarias anarquistas, sin participar en acciones de guerra. Puesto en contacto con los dirigentes de la Acción Católica y escudado en su pasaporte mexicano, durante tres meses actuó en Santander, Asturias y Bilbao como correo de la “quinta columna”, es decir, de la gente de derecha que vivía en las zonas ocupadas por la izquierda. Al sentirse descubierto pudo huir a San Sebastián con ayuda del cónsul mexicano y después a París, en donde estudio algunos cursos de Filosofía en La Sorbona.

A su regreso a la Ciudad de México, volvió a la cátedra y escribió artículos para el diario Novedades, fue despedido por apoyar la formación de un sindicato y demandó sin éxito a la empresa: “Enarbolé el derecho de huelga y me da mucho gusto: pienso que es un derecho legítimo, irrenunciable, pero en este caso para la empresa fue simplemente una forma de corrernos”. En 1938 empezó a trabajar en la Cervecería Central, que dependía de la Cervecería Cuauhtémoc, como fijador de anuncios en las calles de la ciudad de México y más tarde como jefe de publicidad y gerente de la Cerveza Carta Blanca.

Entonces contrajo matrimonio en segundas nupcias con María Teresa Redo, hija de Diego Redo, exsecretario particular de Porfirio Díaz y exgobernador de Sinaloa, con quien procreó siete hijos. Antes se había casado con la oaxaqueña Bertha Suárez, con quien tuvo dos hijos.

Por esos años también creó la empresa “Publicistas Mexicanos” con Manuel Gómez Morín, que no tuvo éxito y desapareció.

En 1939 fue fundador del Partido Acción Nacional, junto con Gómez Morín. Su registro fue el 106 y su credencial la número 310. Escribió en su primer órgano de difusión, Voz Nacional, pero el resultado de las elecciones presidenciales de 1940 le hizo pensar que “a lo más que podíamos aspirar era a un gobierno fuerte, por no decir una dictadura, que cumpliera con ciertos mínimos de libertad. Una ‘dictadura blanda’ que nos permitiera crecer sin excesos por parte del gobierno, pero ya sin ninguna ilusión de que cambiara el sistema, que más bien se fue haciendo cada vez más fuerte”. Después consideró incompatible su calidad de empresario con la de militante partidista y se separó del PAN: “Los empresarios no deben participar en política, entre otras cosas porque no lograrían el voto del pueblo y porque no debe sumarse el poder político al poder económico… Esta mixtura de funciones tan distintas (de político y empresario) es fuente de corrupción”.

En 1942, Pablo Diez, presidente de la Cervecería Modelo, principal competidora de la empresa en que laboraba, lo invitó a reemplazar a su gerente que había fallecido, después de negociar con Sánchez Navarro los derechos de concesión de venta en una plaza de toros. En esos tiempos, el mercado cervecero era reducido porque gran parte de la gente tomaba pulque. Sánchez Navarro logró vencer al pulque: “Gracias a la publicidad, al espíritu competitivo y a una buena relación política con los trabajadores y el gobierno, la cerveza empezó a tomar auge y la riqueza pulquera desapareció”.

En 1960 se convirtió en vicepresidente de la empresa porque como Pablo Díez no tuvo hijos, vendió sus acciones a Sánchez Navarro y sus otros administradores a cinco años y pagaderas con sus utilidades. “Los cuatro administradores nos convertimos en socios, esto fue un caso impresionante de aplicación comercial dentro de la filosofía social de Pablo Diez”. Así, la Modelo llegó a ser una de las cerveceras con mayor prestigio y a exportar a Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Alemania, Australia y Japón.

También presidió o fue vicepresidente de 18 empresas, además de la Cervecería Modelo, entre ellas la Fundación para Estudios de la Población, el Banco de Comercio, el Banco Internacional, el Grupo Industrial Interamericano, Tubos de Acero de México, S.A. y la Fábrica Nacional de Malta y fungió como consejero de los grupos MÉXICO y CREMI.

A medida que la Revolución Mexicana avanzó en el desarrollo capitalista creció la fuerza política de los empresarios, especialmente a partir del presidente Miguel Alemán con su política de industrialización y después con la política de “desarrollo estabilizador” y de “sustitución de importaciones”, que favoreció a los empresarios considerados nacionalistas y con sentido social. Sin embargo, desde 1920 y hasta 1982, el agente económico fundamental fue el Estado Mexicano, principal regulador, promotor, inversor, empleador y comprador de la economía, por lo que el gobierno interactuaba desde una posición de fuerza con el sector privado, el cual no tenía empacho en ajustarse a sus medidas y aun en apoyar a los políticos y al partido oficial (Emilio Azcárraga Milmo llegó a declararse “un soldado del presidente”), ya que en general la política gubernamental les abría buenas oportunidades de inversión y de lucro dentro de un mercado cautivo. Por eso las organizaciones empresariales se dedicaban fundamentalmente a luchar por la libertad de empresa, en contra de una mayor intervención estatal y de la imposición de altas tasas de tributación, además de buscar contratos, concesiones y créditos gubernamentales en las condiciones más favorables para las empresas.

Los conflictos se agudizaron con los presidentes Echeverría y especialmente con López Portillo como resultado de la nacionalización de la banca. Los grandes empresarios se alejaron de los políticos priístas, comenzaron a formar a sus propios cuadros políticos y crearon el llamado “neopanismo” que convirtió en políticos profesionales a antiguos empresarios. Con la globalización y el desmantelamiento del sector público dedicado a actividades productivas, la fuerza política de los empresarios aumentó y también crecieron sus vínculos con el capital privado extranjero, de modo que aprovechando la descomposición de los gobiernos priístas, partir del año 2000 fueron capaces de instaurar por la vía electoral el “gobierno de empresarios para empresarios”, con el presidente Vicente Fox.

Es en este contexto que Sánchez Navarro fue el principal organizador de los intereses políticos de la iniciativa privada y fue considerado como su ideólogo, aunque él se negó a reconocerse como tal. Sea como representante empresarial o sólo en su carácter de empresario, fue el miembro de la iniciativa privada que a más giras presidenciales asistió, desde el gobierno de Miguel Alemán hasta el de Salinas de Gortari.

Siendo gerente de la Cervecería Modelo, Juan Sánchez Navarro entró en contacto con las organizaciones empresariales como la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación CANACINTRA, y ocupó puestos directivos a partir de 1957.

Como vicepresidente de la CONCANACO apoyó la inversión extranjera, pero complementaria y asociada a la nacional y sin que llegara a competir con las empresas mexicanas. Ya como presidente señaló que “en la Constitución Mexicana se protege el régimen económico de la iniciativa privada y de la libre empresa, armonizándola con la acción pública del Estado que vigila y complementa la actividad de los particulares”.

Desde la presidencia de la CONCAMIN enfatizó “el aspecto más trágico de la carrera por el desarrollo económico: el aumento del grado de desigualdad entre las naciones altamente industrializadas y los países subdesarrollados; el privilegio de la riqueza de los pocos países y la miseria en masa de la gran mayoría de las naciones del mundo”. Asimismo expresó su preocupación por el rezago agrario y retó al Estado "a poner en práctica una política racional y audaz para resolver el problema de la baja productividad agrícola".

En 1960, ante los libros de texto gratuitos, la nacionalización de la industria eléctrica y la compra de la empresa Operadora de Teatros, Sánchez Navarro participó en la elaboración de un desplegado publicado el 24 de noviembre por la CONCANACO, la CONCAMIN y la COPARMEX, donde se preguntaba abiertamente a Adolfo López Mateos "¿Por cuál camino, señor Presidente?". Eran momentos en que Cuba se encaminaba al socialismo y el presidente López Mateos, se declaraba de “izquierda dentro de la Constitución”; “momentos en que había muchas dudas sobre la orientación económica y política. No se sabía si íbamos hacia el socialismo o si, por el contrario, había la determinación de que participáramos en la economía libre”.

En 1962 estuvo en la creación, a iniciativa del empresario Bruno Pagliai, del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios CMHN, integrado por Cesar Balsa, Aníbal de Iturbide, Jorge Larrea, Agustín Legorreta, Rómulo O'Farril Jr., Carlos Prieto, Bernardo Quintana Arrioja, Antonio Ruiz Galindo Jr., Camilo Garza Sada, y Carlos Trouyet, una exclusiva agrupación de dueños y altos ejecutivos de las grandes empresas nacionales y extranjeras con actividades en el país, para promover a México en el exterior como lugar confiable para las inversiones y sobre todo, como una instancia de mediación entre los ricos empresarios, el Estado y la sociedad civil. Su primer presidente fue Sánchez Navarro. Desde esta tribuna se opuso, entre otras cuestiones, al establecimiento de la semana laboral de 40 horas y al incremento de salarios y prestaciones sin aumento de la productividad, porque los aumentos en los costos de producción provocarían inflación y causarían miseria en lugar de bienestar.

En 1968, cuenta Alicia Ortíz Rivera (Juan Sánchez Navarro. 1913-2006. El empresario modelo.) que Sánchez Navarro llevó personalmente al presidente Díaz Ordaz un panfleto francés en donde se denunciaba que fuerzas internacionales buscaban aprovechar el descontento interno que había en varias naciones, México entre ellas; que se hallaba en Los Pinos el 2 de octubre y que estuvo de acuerdo con la represión ordenada por Díaz Ordaz, “convencido de que lo que se necesitaba era un acto de autoridad que era decisivo para la tranquilidad del país”.

En 1972, Sánchez Navarro escribió una carta que firmó Alberto Bailleres, convocando a los empresarios a dejar de anunciarse en el diario Excélsiór, que entonces dirigía Julio Scherer, al parecer instigados por el propio presidente Echeverría, que aprovechó el descontento empresarial para presionar también a esa publicación. En la carta se condenaba “su política catastrofista en contra de la libre empresa y de claros propósitos de acabar con nuestro sistema de libertades… Es una publicación que está al servicio de intereses extraños a la manera de ser de nuestro sistema de libertad. Excélsior está trabajando para que en México se establezca un régimen socialista y nadie ignora que el socialismo es enemigo de la empresa privada…los artículos y los editoriales, los reportajes y las notas periodísticas hablan claramente de una tendencia comunista.”

Ese mismo año de 1972, desde la CONCAMIN, Sánchez Navarro planteó que el campo “es el problema, desde el punto de vista económico, más importante del país, porque el éxito o el fracaso en él determina el éxito o fracaso de la economía” y enseguida recomendó una serie de medidas concretas para el campo muy similares a las que tomaría el presidente Salinas de Gortari años más tarde.

Al año siguiente, Sánchez Navarro acudió con los empresarios a plantear al gobierno federal el grave problema de inseguridad que se manifestaba en el secuestro y asesinato de empresarios como el de Eugenio Garza Sada, pero en tono muy diferente a la agresividad de los empresarios regiomontanos: “Señor presidente, deseosos de colaborar con usted en la lucha que libra el país en contra de grupúsculos de la izquierda delirante…una vez más nos ponemos a sus órdenes listos para prestar nuestro auxilio en la forma en que lo encuentre usted más útil...”

En enero de 1974, ante el temor que despertaban en algunos sectores empresariales las políticas de reforma agraria, de regulación de la inversión extranjera, de intervención estatal en la economía y de gasto público del presidente Echeverría, Sánchez Navarro participó en el comité organizador del Coloquio Atalaya 74 para “analizar las perspectivas de la humanidad, a la luz de los problemas y de las oportunidades del momento actual… el momento actual requiere que la empresa abandone los cauces del liberalismo clásico y acepte conscientemente el reto histórico: abocarse al cumplimiento de sus responsabilidades sociales”. Dicha Atalaya sería utilizada periódicamente para plantear las inquietudes y demandas de la élite empresarial.

En 1975, también fue el primer presidente del Consejo Coordinador Empresarial CCE, cuyo propósito era coordinar la acción de todas las organizaciones empresariales frente al gobierno de Luís Echeverría, así como influir sistemáticamente en la opinión pública a través de los medios masivos dando “voz” a las empresas mediante un consejo de comunicación. En sus principios trató de plasmar sus ideas basadas en el derecho natural: “la propiedad en su esencia no deriva del Estado, sino de la naturaleza humana. Pero no se ve esto en forma arbitraria ... Si bien el derecho de propiedad privada es del orden de los derechos fundamentales del hombre, en cambio, el monto de la propiedad y sobre todo las limitaciones que ella debe sufrir por razón de la coexistencia, de la necesaria cooperación social y de la justicia social, es materia variable y cambiante en los diversos pueblos y sobre todo en las varias situaciones históricas, y debe quedar a juicio prudente del legislador de cada Estado en cada momento. Claro que ese juicio prudente no debe ser puramente fortuito, debe fundarse en criterios de estimativa aplicados a la realidad social concreta”. Asimismo, concretó su pensamiento acerca de la acción de las élites empresariales: En el capitalismo, son las minorías directoras de los empresarios las que dinamizan la sociedad... constituyen una fuerza fenomenal que, bien orientada, hace una nación... son creadores de riqueza y también de poder... en el buen sentido de la palabra”.

Paulatinamente el CCE se convirtió en opositor al gobierno durante el periodo de José López Portillo, y presidido por Manuel J. Clouthier, con la participación activa de Sánchez Navarro, actuó abiertamente en su contra tras la nacionalización bancaria: “vivimos en otro México y esto significa un cambio en nuestra mentalidad, en nuestros conceptos, en nuestro modo de vivir, y se expresa en el desarrollo del estatismo nacional”.

Con la privatización de las empresas públicas y la apertura comercial, Sánchez Navarro se fue acercando nuevamente al gobierno, ya presidido por Miguel de la Madrid. El Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, de nueva cuenta coordinado por Sánchez Navarro, multiplicó y diversificó su contacto con el presidente y sus secretarios para darles opiniones y sugestiones. Así apoyó los llamados Pactos que se suscribieron en esos años. Y a finales de 1987, los precandidatos priístas para ocupar la presidencia el periodo siguiente, hicieron “pasarela” ante el CMHN.

El 1º de diciembre de 1988, Sánchez Navarro dirigió un mensaje a los 300 mayores empresarios reunidos en el Palacio de Iturbide en ocasión a la toma de posesión de Carlos Salinas de Gortari: “¡Éste es el proyecto mexicano hacia el siglo XXI y hacia la modernidad! ¡México espera un nuevo amanecer en que la nación tenga una política plural y democrática y una economía estable y próspera, cuyos beneficios sean distribuidos con mayor equidad, todo lo cual señala el camino hacia la modernidad!”

Sin embargo, más tarde, Sánchez Navarro criticó la relación "simbiótica" entre el entonces presidente del CCE, Claudio X. González, y el gobierno de Salinas de Gortari. Además, condenó el "amasiato" entre Estado y empresarios, propio de los regímenes fascistas.

En los años siguientes, Sánchez Navarro fue un promotor importante del establecimiento del Tratado de Libre Comercio TLC. Y ante el creciente desprestigio de Salinas de Gortari, reconoció sus logros, pero señaló que le había faltado hacer una reforma política.

Al final del gobierno de Salinas, criticó el financiamiento empresarial a las campañas electorales y sobre todo el entusiasmo con que Emilio Azcárraga Milmo aceptó dar dinero al PRI durante una cena a la que Sánchez Navarro no fue invitado por no ser priísta: “Azcárraga es un genio empresarial, pero no es nada más la genialidad para desarrollar una empresa lo que debe estar detrás de su función como empresario, sino que se necesitan otras cualidades humanas fundamentales. Con ese poder colosal que es Televisa y esa trasformación que significa el cambio de la palabra escrita convertida en imagen, si Emilio fuera un hombre con ética profesional, su influencia positiva en la sociedad sería enorme y su respetabilidad muy grande y además ayudaría a México a su desarrollo fundamental.

Cuando el CMHN recibió al candidato Ernesto Zedillo, Sánchez Navarro le sugirió distinguir el nuevo del viejo PRI y resaltar que “el PRI nuevo ha tomado algunas directrices y principios de Acción Nacional como propios y los está poniendo en práctica. La transformación de la revolución salinista está fundada en los mismos principios de Acción Nacional…como exfundador del PAN… ¡Yo voy a votar por el PRI!” Sin embargo, ya en el poder, criticó a Zedillo por la integración de su gabinete que excluyó a Pedro Aspe y a Arsenio Farell. “Como Madero Presidente, Zedillo está por debajo de las exigencias del país” dijo a PROCESO. Zedillo no buscó más a Sánchez Navarro.

En 1995, ante el desastre económico desencadenado por el “error de diciembre”, Sánchez Navarro convocó a un Plan de Reconstrucción Nacional para salir de la crisis, y señaló la necesidad de la alternancia en el poder como una posibilidad, para la cual ya existían las condiciones que la permitirían. “México tiene todo para ser un gran país, menos un buen gobierno”.

Así comenzó a distanciarse tanto del gobierno como de las organizaciones empresariales que había contribuido a fundar: el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios y el Consejo Coordinador Empresarial. Finalmente fue separado de ambos, porque no aceptó la gran cercanía que éstos llegaron a tener con el gobierno, sobre todo a partir del sexenio de Salinas de Gortari. Entonces siguió actuando individual y libremente.

El 19 de marzo de 1999, Sánchez Navarro organizó un desayuno que escandalizó a algunos empresarios porque acudieron funcionarios, periodistas, empresarios, dirigentes políticos y Marcos, Ramón y Regina, integrantes de la delegación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional EZLN.

Sánchez Navarro había señalado que no era sano que el empresario como tal apostara su dinero o el de sus agremiados en la empresa de la política brindando apoyo económico a tal o cual precandidato o candidato a la Presidencia, porque como sucede en Estados Unidos, la democracia la ejercería el mejor postor. No obstante, en sus últimos años fue activo partidario del arribo a la presidencia de la República de Vicente Fox. Su esposa fue muy amiga de la mamá de Fox en el Colegio del Sagrado Corazón y Sánchez Navarro apostó un centenario al triunfo de Vicente. "¿Cuándo íbamos a pensar que el PRI pudiera entrar a un proceso democrático real?"

Durante la campaña presidencial del año 2000, reunió a los candidatos de todos los partidos e inclusive a los aspirantes a la jefatura del Distrito Federal, para exponer sus plataformas ante el sector empresarial. Después celebró el resultado de los comicios: "Lo sucedido el dos de julio es algo totalmente inesperado, sorprendente y definitivo en la vida de México por muchos años. Nunca se había dado el caso de una elección absolutamente limpia y sin problemas".

Sánchez Navarro consideraba que “la empresa es una célula viva en la vida económica que no debe desarraigarse de las necesidades sociales ni de la evolución moral y ética de la comunidad. La empresa debe tener una serie de actividades cuyo objetivo primordial no sea sólo obtener utilidades sino enfocarse a crear fuentes de trabajo y capacitación, así como a participar en la comunidad… un buen hombre de negocios es aquél que toma en cuenta tanto los factores individuales de la riqueza como los sociales, el empresario que México demanda es el que se enfoca no sólo a la economía sino al lado social de la vida nacional… en la vida todos los seres humanos tenemos una tabla de valores respecto a la cual actuamos, dentro de esta escala, el valor económico es importante, pero por encima se encuentran otros como la justicia, la libertad y la honestidad… Al ver el desastre moral de una sociedad como la estadounidense, vemos que en nuestro país conservamos bases morales muy importantes en torno al núcleo social por excelencia que es la familia. Esto me llena de entusiasmo y la mayor obligación de cada mexicano es mantenerla”.

Creía que “lo más importante para el país, son los cambios que se dan en todos los órdenes, pero sobre todo, la posibilidad de un cambio moral de la sociedad” y que ante la globalización económica los valores de una nación se pueden perder y “si perdemos nuestra identidad, la gran revolución económica sería el fracaso de México”.

Respecto a la empresa y la globalización consideró que: "Aunque los conceptos de nación y soberanía tienen connotaciones distintas en el mundo global, es importante que las empresas adquieran en general conciencia de la importancia que su función tiene para el desarrollo social de sus respectivos países, y del compromiso social que entraña el manejo de los recursos productivos de un país. Es preciso que las relaciones con el poder no sean orientadas exclusivamente a la atención de sus intereses corporativos, sino que sus estrategias de desarrollo trasciendan las limitadas fronteras de los proyectos personales de sus propietarios y directivos. El manejo ético de las empresas y de las relaciones con el poder no es contrario al desarrollo empresarial y social. Es fundamental para la consolidación de la democracia que los agobiemos y las empresas actúen en función de las necesidades y demandas sociales, no determinadas exclusivamente por el mercado, sino por los niveles y necesidades de desarrollo de cada país."

En una de sus entrevistas manifestó su desacuerdo con el gobierno de Fox por permitir la entrada de los indígenas chiapanecos zapatistas encabezados por el subcomandante Marcos a la capital de la República: "les insufló de vida… ¿Para qué?, si ya estaba callado y la izquierda europea se había olvidado de él". También criticó su gabinete, la creación de supersecretarías y su distanciamiento del PAN, pero lo disculpó: "Es natural errar, pero a cambio de eso, hay un gran cambio en cuanto a elecciones y a voluntad política".

Además expresó su confianza en el futuro de México: “ya estamos demasiado avanzados en la relación con la unidad económica de América del Norte, y los mexicanos están conscientes de que un partido único ya no puede ser, tampoco aceptarían el tamaño de la corrupción. México es otro, con errores, pero es irremediable que vaya por un camino democrático, es algo irreversible. Vale la pena el costo, la meta es tan superior y distinta, que vale la pena."

A raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001, en entrevista con Mundo Ejecutivo, Sánchez Navarro advirtió que la posición del país se había vuelto complicada por su estrecha relación con Estados Unidos y sugirió al gobierno “contar con la capacidad para diversificar sus mercados y sus riesgos hacia otras naciones, como Europa o los países asiáticos y, a la vez, crear mecanismos y políticas para fomentar el mercado interno”, pues a pesar de que el Tratado de Libre Comercio “ha sido básico para la economía mexicana, sin embargo, debemos estar conscientes que la época de bonanza de Estados Unidos terminó y que ya no será posible recibir, como socios comerciales, el beneficio de una economía que venía creciendo a tasas anuales de 7 por ciento.”

En otra entrevista señaló: “El neoliberalismo ha fracasado como el esquema que proporcionaría una distribución justa del ingreso e igualdad social y así lo demuestran realidades como la miseria que viven millones de mexicanos.”

Y al recibir el Doctorado Honoris Causa en la Universidad del Valle de México dijo: “El sol no ha nacido aun para todos. La oscuridad de la miseria impide que millones de compatriotas puedan vislumbrar un porvenir digno y alentador. El futuro no existe para los desnutridos; para los niños y adultos con taras irreversibles, producto de una alimentación deficiente por generaciones, e indignas condiciones de vida. Tampoco existe el futuro para los hombres y mujeres sin voz.

Realidades como estas dan cuenta de que el liberalismo económico ya dio también lo que tenía que dar. Ha fracasado la ilusión de que la mano invisible y mágica del libre mercado, que en teoría distribuiría el ingreso, daría paso a un orden de igualdad razonable. Hoy vemos que las mejores recetas monetaristas y financieras son ineficaces. Las leyes del mercado, reales sin duda, no llenan las expectativas, ni cubren las necesidades del hombre actual y lo han hundido en una situación complicada, contradictoria, en momentos inexplicable, en la que no goza de libertad para crear como ser humano.

La búsqueda del sano equilibrio entre la acción del Estado y de la sociedad civil no ha concluido aún. El espejismo del Estado totalitario, paternalista y avasallador que traería libertad e igualdad ha fracasado, al igual que el Estado benefactor, el cual no supo dar curso a las constantes crisis económicas que alimentaron la cada vez más marcada polaridad social.

De la misma forma, ha quedado claro que un Estado básicamente administrador, orientado por consideraciones estrictas de orden económico, no es la vía para superar las profundas desigualdades e injusticias sociales que prevalecen en el mundo actual.

Si el liberalismo ya dio de sí y no hay Estados, gobiernos, instituciones ni magos que vean más allá, pero a la vez con perspectivas inmediatas, el túnel de la historia se obscurece, alarga y estrecha. Las leyes del mercado, globales y deformes, nada tienen que ver con la dignidad del ser humano, ni con el amor, la justicia y la hermandad solidaria, que empaña los ojos frente a la cruel desdicha.

Es preciso volver a fundar la democracia; ese orden que en su incierto comportamiento parece ser el más viable recurso, para procurar una acción responsable de los gobernantes, o bien para promover el castigo a quienes en uso autoritario del poder, han dilapidado el patrimonio de naciones enteras”.

Así, a lo largo de casi medio siglo fue un actor muy relevante en la política nacional, a pesar de que, como la mayoría sus ancestros, tampoco ocupara un puesto de representación popular o en el gobierno. Desde la cúpula de trece organizaciones de empresarios de México, “asesoró y articuló el pensamiento de los poseedores del capital, mientras que los detentadores del poder político –o quienes aspiraban a tenerlo–, rogaban su cercanía”.

Sánchez Navarro impartió clases en la Facultad de Derecho de la UNAM y fue impulsor de la Universidad Iberoamericana UIA y de la Universidad de las Américas UDLA, entre otras, además de activo conferencista en diversos foros, empresariales, universitarios, religiosos y aun militares, como el Colegio de la Defensa Nacional.

Entre sus obras publicadas se encuentran: Los orígenes de la idea de justicia, El concepto cristiano de la propiedad, La cuestión del salario justo, Principios básicos para el sano desarrollo económico y El empresariado mexicano en el desarrollo económico.

Recibió numerosos reconocimientos, entre los que destacan las condecoraciones de la Orden de la Legión de Honor de Francia, la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica de España (franquista), la Cruz de la Orden de Mérito de la República Federal de Alemania y Doctorado Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Guadalajara y de la Universidad del Valle de México. Asimismo, tomó los “hábitos” como Caballero del Corpus Christi en Toledo, España.

Juan Sánchez Navarro y Peón murió a las dos de la mañana del 12 de febrero de 2006, en la ciudad de México y fue sepultado en el Panteón Francés. En 1997 había dicho: "Me gustaría ser recordado como un hombre muy consciente de sus obligaciones con la sociedad, su familia y consigo mismo, que ha participado en un aspecto de la vida mexicana con gran honestidad".

El presidente Vicente Fox Quesada expresó que recordará al fallecido empresario Juan Sánchez Navarro como “un buen hombre” y dirigió un mensaje a sus familiares: ''Extiendo este mensaje a la memoria de un hombre decisivo en la historia de la Nación moderna y democrática que hemos construido hasta hoy. Inspirado en una sociedad justa, con trabajo y oportunidad de trabajo para todos, don Juan Sánchez Navarro nos deja una lección de compromiso y respeto con su país y su engrandecimiento.”

Miguel Ángel Granados Chapa, rememorando el boicot al Excelsiór de Scherer, en que participó Sánchez Navarro en 1972, escribió con motivo de su fallecimiento: Campeón de la libre empresa, en cuya defensa organizó y unificó a los hombres de negocios en nuestro país, para enfrentar la injerencia estatal en la economía, el fundador de cúpulas empresariales no apreció en la misma forma a la libertad de prensa desconocedor de la indisoluble vinculación de una y otra. Fortaleció la organización y unidad de los empresarios, para acotar el estatismo, especialmente el desbocado de la etapa de Echeverría. Pero no vaciló en asociarse a él para acallar a un periódico al que, por error que reconoció más tarde, juzgaba enemigo de la iniciativa privada.

 

 

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

 

Efeméride Nacimiento 24 de abril de 1913 Muerte 12 de febrero de 2006