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Edicion 2017

 

Autora: Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

 

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Manuel Crescencio Rejón y Alcalá

1799-1849

Su verdadero nombre fue Manuel Crescencio García Rejón y Alcalá, pero en sus tiempos era conocido simplemente como Manuel C. Rejón. Hijo de Manuel García Rejón, de Valladolid, y de doña Bernarda de Alcalá, de origen canario, nació en Bolanchenticul, Yucatán (que actualmente se encuentra en el estado de Campeche), el 23 de agosto de 1799. Ingresó en el Seminario Conciliar de San Ildefonso, en Mérida, en donde dio muestras de su talento y dedicación al estudio; ahí sostuvo amistad con José María Guerra, que llegaría a ser obispo de Yucatán, y se formó en el ambiente intelectual que crearon los “sanjuanistas” de Pablo Moreno y Vicente María Velázquez, al igual que Andrés Quintana Roo y Lorenzo de Zavala. A pesar de la pobreza en que vivía, concluyó sus estudios de filosofía en febrero de 1819.

Desde muy joven se sintió atraído por la política y la escritura, y utilizó su talento para ambas, redactando y distribuyendo proclamas independentistas que circularon tanto en Yucatán como en Campeche. Tras la consumación de la independencia en 1821, Rejón, Pedro Tarrazo, Fernando Valle y Lorenzo de Zavala, integraron la diputación yucateca al Congreso General Constituyente en 1822, desde cuya tribuna Rejón hizo diversas propuestas: pidió la independencia de Tabasco respecto a Yucatán, la abolición de la pena de muerte, la abolición de pensiones y encomiendas a los descendientes de conquistadores, así como la supresión en Yucatán de las mitas, mandamientos, repartimientos y servicios personales de los indios; asimismo, defendió que los nombramientos de los ministros del Tribunal Supremo fueran facultad del Congreso y no del Ejecutivo. Con una oratoria brillante pese a su juventud, defendió las ideas liberales, republicanas y federalistas; se negó a asistir a la sesión en la que se ratificó el nombramiento de Iturbide como emperador, y más tarde fue su opositor sistemático. Esto le valió ser encarcelado al ser disuelto el Congreso por Iturbide.

Al recuperar la libertad, Rejón se marchó a Puebla, desde donde continuó su lucha contra Iturbide y publicó “Exhortación de un yucateco dirigido a los poblanos contra la tiranía”, entre otros escritos. Al restablecerse el Congreso, volvió a ser diputado en 1823, y participó en la redacción del proyecto de Constitución Federal de 1824. Entonces redactó un artículo que buscaba limitar el poder de la autoridad para efectuar registro de casas, papeles y bienes de los ciudadanos, lo que fue después considerado como un antecedente de la Ley de Amparo. Sostuvo también, la necesidad de que el poder judicial, al que bautizó como Corte, fuera independiente e igual a los otros poderes, facultado para conocer de las infracciones de la Constitución y de las leyes generales.

En 1827 volvió a ser diputado, con este carácter se opuso decididamente al tratado de límites promovido por Joel R. Poinsett, antes de ratificar los límites pactados entre Adams y Onis en 1819. También pugnó porque las organizaciones religiosas no pudieran poseer ninguna clase de bienes adquiridos por testamentos, por lo que como miembro del partido del progreso, fue reconocido como uno de los principales teóricos de la Reforma, que desde una perspectiva  democrática, atacaba con dureza a la administración conservadora y militarista desde diversos periódicos, como El Observador de la República Mexicana, en el que con muchos otros expuso las ideas más avanzadas de la época.

Hostilizado durante el régimen centralista, se afilió al grupo masón del rito escocés y como fundador del grupo de Los Novenarios, pidió la desaparición de las sociedades secretas, la expulsión de Poinsett y no de los españoles útiles que hubieran formado familias mexicanas. También fue senador por Yucatán entre 1829 y 1834. Fue entonces cuando presentó un proyecto de ley para que los barcos se construyeran únicamente con maderas del país en astilleros nacionales y para que capitanes y pilotos fueran mexicanos, es decir, fue un precursor de la nacionalización de la marina mercante mexicana.

Al ocurrir el golpe de Estado que Anastasio Bustamante cometió contra Vicente Guerrero, al que se opuso Rejón, fue a parar nuevamente a la cárcel. Desde ahí continuó publicando artículos contra el militarismo, contra el conservadurismo y contra el centralismo yucateco. Al verse libre se refugió en los Estados Unidos, de donde regresó para ser senador por Yucatán, cargo desde el que apoyo las reformas de Valentín Gómez Farías contra los fueros y privilegios de militares y clérigos. Al regreso de Santa Anna como presidente, Rejón sufrió persecución al grado de que se le trató de implicar en el asesinato del cónsul de Suiza.

En 1840 tomó parte en un levantamiento contra el gobierno y en pro del federalismo que nombró como presidente a Gómez Farías y a Rejón como Secretario del Interior. Fracasada la rebelión, se refugió en Yucatán, cuando este estado decidió separarse de la República hasta que se restableciera el régimen federal. Es entonces cuando intervino en la redacción de la Constitución de Yucatán, entre cuyas innovaciones estaban las siguientes: poder ejecutivo dividido entre un gobernador y dos cónsules, elección popular directa, establecimiento del jurado popular, libertad de cultos y de prensa, supresión de fueros civiles y militares e institución del juicio de amparo. Este último fue establecido contra toda ley o acto de cualquiera de los tres poderes, que fuesen violatorios de la Constitución: "Corresponde a este Tribunal (La Corte Suprema) reunido: Amparar el Goce de sus derechos a los que pidan su protección, contra las leyes y decretos de la legislatura que sean contrarios a la constitución; o contra las providencias del gobernador o Ejecutivo reunido, cuando en ella se hubiese infringido el Código fundamental ó las leyes, limitándose en ambos casos a reparar el agravio en la parte en que estas o la constitución hubiesen sido violadas”. Sobre esas bases la Constitución yucateca fue aprobada en marzo de 1841, y entró en vigor en mayo del mismo año.

Posteriormente abandonó Yucatán, de donde fue a Tabasco, luego a La Habana y regresó a la ciudad de México vía Veracruz. Ya en la ciudad de México, Antonio López de Santa Anna lo nombró ministro plenipotenciario en Sudamérica, encargado de organizar la Asamblea que soñó Bolívar. Pero en Caracas se encontró con que los principales países de Sudamérica habían resuelto participar en la asamblea iberoamericanista, lo cual restó sentido a su viaje.

En 1843 volvió a México, y fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores, cargo que desempeñó durante tres presidencias: las de Santa Anna, José Joaquín de Herrera y Valentín Canalizo. Desde ahí enfrentó con habilidad política y argumentación jurídica los embates del embajador norteamericano Wilson Shannon. También intentó que el Congreso le dotara de elementos para enfrentar la separación de Texas y su incorporación a los Estados Unidos; sin embargo, le fueron negados porque el país enfrentaba continuas asonadas militares. A la caída de Canalizo marchó nuevamente a La Habana. Triunfantes otra vez los federalistas, Rejón regresó a México en 1846 y fue electo diputado por el Distrito Federal, presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales.

Durante la guerra contra los Estados Unidos, volvió a ocupar la cartera de Relaciones Exteriores del presidente Santa Anna y del vicepresidente Gómez Farías. Desde ese cargo, Rejón se opuso a cualquier negociación que diera la guerra por terminada a cambio de la cesión de territorio, lo cual satisfaría el deseo del presidente norteamericano Polk de luchar “una guerra pequeña”.

Al renovarse el Congreso, Rejón fue nuevamente electo diputado, y participó en el esfuerzo para conseguir fondos para la guerra en curso, entre otras fuentes, mediante una ley que autorizaba la venta o hipoteca de los bienes eclesiásticos. Al entrar las tropas norteamericanas a territorio nacional, Rejón dirigió las fuerzas populares que la defenderían. Y ante el amago de la capital, salió a Querétaro, desde donde publicó Observaciones contra las propuestas de paz hechas últimamente por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica. Y habiendo tomado la ciudad de México los norteamericanos, insistió con el escrito Observaciones del diputado saliente Manuel Crescencio Rejón contra los tratados de paz, en el que señaló que el gobierno no tenía autoridad para enajenar el territorio de los Estados sin la aprobación de éstos, pero el Tribunal Supremo desechó el recurso interpuesto por once diputados en este sentido.

En 1848, en sus observaciones a los Tratados de Guadalupe-Hidalgo escribió: "hace veinticuatro años que el gobierno de los Estados Unidos empezó a hacer diligencias porque le vendiéramos nuestra vasta provincia de Tejas; y cuando hasta ahora... le hemos visto proclamarse dueño de ella a la faz del mundo, extender sus límites alzándose con otra porción considerable de nuestros terrenos, declarar a la república la guerra... perdimos al fin la mitad de nuestro territorio... Rechazadas sus propuestas de compra que hizo en los años de 1825 y 1827... acudió a otro medio para hacerse de la referida provincia... seré el último mexicano que consienta en la terminación de la guerra, si la paz ha de venir con el menoscabo de un palmo siquiera del territorio".

Firmada la paz, el Ministerio de Relaciones Exteriores le encomendó el Acta de Navegación de la República y su Comercio Exterior y un estudio sobre Belice. Mientras redactaba sus propuestas, murió en la ciudad de México el 7 de octubre de 1849.

Muchos años después de su muerte se erigió una estatua en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

El aeropuerto internacional de la ciudad de Mérida lleva su nombre.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride. Nacimiento 23 de agosto de 1799. Muerte 7 de octubre de 1849.