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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Melchor Ocampo

1814-1861

Nació en la hacienda de Pateo (algunos dicen que en la ciudad de México), Michoacán; la fecha más probable de su nacimiento fue el 5 ó 6 de enero de 1814. Se desconoce quiénes fueron sus padres, salvo el nombre de Francisca Xaviera Tapia, soltera y rica hacendada que lo recogió y protegió hasta los 17 años, de quien heredó algunas propiedades, como la de Pateo. Sus primeros estudios los hizo en Maravatío. Posteriormente pasó al Seminario Tridentino de Valladolid, donde inició su bachillerato en derecho civil y en derecho canónico en 1827. Concluyó esos estudios en 1830, ya como un alumno muy destacado.

En 1831 ingresó en la Universidad de México, donde realizó la carrera de Derecho. Hacia 1833 se integró al bufete de José Ignacio Espinosa Vidarte, pero abandonó el ejercicio de la abogacía, no litigó porque se percató que en esta profesión valen más “las mañas e intrigas, que el saber y la justicia”. Se dedicó mejor a la agricultura en una hacienda michoacana que había heredado; ahí trató de introducir innovaciones científicas, interesándose fundamentalmente por las cactáceas.

Por otra parte, se ocupó en analizar asuntos como el diezmo y las obvenciones parroquiales y empezó a escribir artículos de temas sociales que fueron publicados en el periódico liberal El Filógrafo, en el que defendió los principios de la democracia, de la libertad de imprenta, la abolición de la pena de muerte y denunció los hechos injustos de religiosos y militares que se amparaban en sus fueros. Escribió que “los destinos públicos son cargos de conciencia y de temporal desempeño y no sinecuras y patrimonios explotables", y que “la instrucción es la primera base de la prosperidad de un pueblo, a la vez que el más seguro medio de hacer imposibles los abusos del poder”. Luchó porque “no sólo la supresión de los privilegios, sino de las clases privilegiadas fuese un hecho”. Posteriormente viajó por el sur de la República, tras lo cual en 1840, se embarcó hacia Europa, donde permaneció por alrededor de año y medio. Estuvo en Francia, Italia y Suiza, desde donde envío sus impresiones de viaje y siguió sus estudios y observaciones botánicas.

De vuelta a México en septiembre de 1841, de inmediato se interesó por la cuestión política, resultando electo diputado por Michoacán al Congreso Constituyente de 1842, al que había convocado Santa Anna. En la reunión pugnó por el federalismo, lo que significó estar en la oposición al gobierno santanista. Éste terminó por disolver el congreso, y Ocampo optó por regresar a su hacienda de Pateo, Michoacán.

Se abrió otra etapa de su vida, en la que continuó con su labor científica: ingresó a la Sociedad Filoiátrica de México en 1843; también creó un remedio contra la rabia, además de estudiar un cometa que apareció en ese año. Publicó varios artículos científicos en diversas revistas, lo que le otorgó un gran prestigio.

En 1845 hizo un proyecto para un centro penitenciario, además de investigar el origen de los temblores en una región michoacana. También iba a ser designado director de la Escuela Nacional de Agricultura, cuya apertura se vio finalmente frustrada.

En 1846, por los constantes cambios políticos nacionales, fue nombrado gobernador interino de Michoacán, tras lo cual resultó electo para ocupar el mismo cargo. Durante su gobierno, logró reabrir y secularizar el Colegio Primitivo y Nacional de San Nicolás de Hidalgo. También hizo lo posible por resistir a los invasores norteamericanos excitando al pueblo a la lucha, se opuso a la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo y propuso continuar la resistencia bajo la forma de guerrillas, pero fue rechazada tal idea, por lo que se negó a continuar colaborando con el gobierno nacional y renunció a su cargo en marzo de 1848.

En mayo fue electo senador de la República; por esos mismos días fue nombrado miembro correspondiente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. El 1º de marzo de 1850 ocupó la Secretaría de Hacienda nombrado por el presidente Herrera, a la que renunció el 13 de mayo debido a desacuerdos y regresó al Senado, el que llegó a presidir.

Fue candidato a la presidencia de la República a fines de 1850, pero fue derrotado por Mariano Arista.

En 1851 envió al Congreso de Michoacán una “Representación para la reforma del Arancel de Obvenciones Parroquiales” y propuso un proyecto de ley en la materia. Ángel Pola (Melchor Ocampo. Obras Completas.) refiere que: "El caso concreto que determinó á Ocampo á hacer la representación es el siguiente: un su dependiente de apellido Campos pedía sepultura gratis para el cadáver de uno de sus hijos, y como el cura le dijese que no podía porque de eso vivía, el pobre hombre preguntaba afligido: — ¿Qué hago con mi muerto, señor? Y el cura le contestó: — Sálalo y comételo.” Esta anécdota hizo tomar conciencia a Ocampo de la arbitrariedad con que los curas cobraban por los servicios religiosos: bautizos, matrimonios, funerales, etc. Dichos documentos fueron seriamente impugnados por la Iglesia, con lo que empezó a prefigurarse el conflicto entre los liberales y la Iglesia. Pese a ello, ese mismo año volvió a ser gobernador de Michoacán, cargo que abandonó en enero de 1853, como resultado de una rebelión conservadora. Aún más: fue encarcelado y echado del país por Santa Anna. Entonces viajó a La Habana y a Nueva Orleáns, donde se reunió con muchos otros liberales como Benito Juárez, Ponciano Arriaga y José María Mata, entre otros. Allá conspiraron para derrocar al régimen santanista y en su momento, se unieron al Plan de Ayutla.

Al triunfar la rebelión, el nuevo presidente, Juan Álvarez, lo invitó a su gabinete como secretario de Relaciones Exteriores. Sin embargo, por desacuerdos con Ignacio Comonfort en menos de un mes renunció al cargo. En escrito titulado Mis quince días de Ministro, expuso esas diferencias.

Fue electo diputado al Congreso Constituyente, cargo para el que prestó juramento en febrero de 1856. Fue miembro de la Comisión de Constitución, más adelante secretario de la Comisión y después presidente del Congreso. Sin embargo, se ausentó varias ocasiones, una de ellas por largo tiempo.

Tras el golpe de Estado de Comonfort, Juárez restableció el gobierno constitucional en Guanajuato y en su gabinete figuró Ocampo en las secretarías de Relaciones Exteriores, Gobernación, Fomento, Guerra y Hacienda sucesivamente entre enero de 1958 y enero de 1861. Al trasladarse el gobierno a Veracruz, se dictaron las Leyes de Reforma, cuya redacción fue responsabilidad de Ocampo, particularmente de la Ley de Desamortización de Bienes Eclesiásticos. Juárez lo nombró enviado extraordinario ante el gobierno inglés y ministro plenipotenciario ante el gobierno de Estados Unidos.

Ocampo se negó a vender territorio mexicano, pero ante la amenaza de otra intervención, y con el propósito de lograr el reconocimiento del gobierno de Juárez por los Estados Unidos, el 1º de diciembre de 1859 negoció un tratado con el representante estadounidense, Robert McLane, por el que, a cambio del reconocimiento y apoyo norteamericano, el gobierno de Juárez le concedía, entre otras cosas, los derechos de tránsito por el Istmo de Tehuantepec y la eventual construcción de un canal. Afortunadamente, el Tratado McLane-Ocampo no se formalizó debido a que el Senado norteamericano, inmerso ya en los conflictos que dieron origen a la guerra civil, decidió no aprobarlo, porque la mayoría republicana se pronunció en contra de toda expansión abierta o encubierta que beneficiaría a los esclavistas sureños. Sin embargo, Estados Unidos levantó el embargo de armas a los liberales.

Tras su triunfo, el gobierno liberal regresó a la ciudad de México en 1861. Ya en la capital, por desacuerdos con Miguel Lerdo de Tejada, Ocampo renunció a su cargo de secretario de Hacienda.

Después de unos meses de retiro en su hacienda “Pomaca”, recibió el aviso de que sería aprehendido por los conservadores, quienes lo acusaban de traición a la Patria por la firma del Tratado McLane-Ocampo, pero no huyó, confiado en que podía demostrar su inocencia, pues dicho tratado sólo ratificaba el de Gadsden o de La Mesilla, firmado con Estados Unidos el 30 de diciembre de 1853 por Santa Anna, en el cual, además de vender más de cien mil kilómetros cuadrados de territorio mexicano por la cantidad de diez millones de pesos, se concedía libre tránsito a los buques norteamericanos por el golfo de California, y también de personas y mercancías por el istmo de Tehuantepec.

A fines de mayo, el español Lindoro Cajiga lo apresó y entregó a la tropa de Félix Zuloaga, quien se ostentaba como presidente de la República por el lado de los conservadores.

Sabiendo que iba a ser fusilado, Ocampo pidió permiso para redactar su testamento en el que reconoció a sus hijas y adoptó a otra más; al final señaló “muero creyendo que he hecho por el servicio del país cuanto he creído en conciencia que era bueno”. Fue fusilado por órdenes de Leonardo Márquez –sin formación de causa-, en la hacienda de Jaltengo, cerca de Tepeji del Río, el 3 de junio de 1861, y colgado de un árbol. Su cuerpo fue rescatado y trasladado con grandes honores a la ciudad de México, donde descansan sus restos, excepto el corazón, que está en el Colegio de San Nicolás, en Morelia. Fue enterrado el 6 de junio siguiente.
Hoy sus restos yacen en la Rotonda de las Personas Ilustres.


Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride: Nacimiento 5/6 de enero de 1814. Muerte 3 de junio de 1861.