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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Miramón Miguel

1831-1867

Nació en la ciudad de México el 29 de septiembre de 1831. Desde su infancia mostró cualidades para la carrera de las armas, por lo que ingresó al Colegio Militar en 1846. Apenas unos meses después se encontró combatiendo a las tropas norteamericanas en Molino del Rey el 8 de septiembre de 1847, y en la defensa del castillo de Chapultepec, donde fue tomado prisionero con una herida en el rostro el 13 de septiembre. Fue uno de los Niños Héroes.

Ya liberado, prosiguió su trayectoria militar, en la que se distinguió por su valor, energía e inteligencia militar. En 1852 obtuvo el grado de subteniente de artillería; apenas un año después alcanzó el de capitán. Avanzó mucho en sus estudios de estrategia, e incluso llegó a impartir en el Colegio Militar la cátedra de táctica de infantería.

Combatió contra los liberales defendiendo a Santa Anna durante la revolución de Ayutla. En la guerra de Reforma, Miramón se unió al ejército conservador con el grado de teniente bajo las órdenes del general Luís Osollo y defendió en forma bravía el gobierno de Félix Zuloaga y los postulados del Plan de Tacubaya, lo que le hizo ganar un gran prestigio entre las fuerzas conservadoras. Ello hizo que, a la muerte del general Osollo en diciembre de 1858, el nuevo jefe de los ejércitos reaccionarios, fuera Miramón. En alusión al bíblico Judas, que combatía por su religión como un verdadero león, se ganó el apodó de  “joven Macabeo”. Pronto justificó su sobrenombre, ya que su inteligencia y capacidad guerrera le hicieron obtener numerosas victorias sobre las tropas liberales, fundamentalmente en la región fronteriza del país y en batallas como la del Bajío.

Precisamente en diciembre de 1858 fue cuando alcanzó el grado de general de División, tras lo cual contrajo matrimonio con Concepción Lombardo, al mismo tiempo que defendía a Zuloaga contra los pronunciamientos de los generales José María Echegaray y Manuel Robles Pezuela. En enero del siguiente año, logró la restitución de Zuloaga como presidente de la República y el 2 de febrero de 1859, el partido conservador, a instancias del padre Francisco Xavier Miranda, lo nombró presidente de la República. Designado a sus 27 años, fue el presidente más joven que ha tenido el país. El periódico La Sociedad reseñó el hecho: “Miramón, se dirigió hacia el dosel, bajo el cual lo esperaba el Exmo. Sr. Zuloaga. Al llegar a aquel lugar, arrodíllase el joven general ante la imagen del Crucificado, colocada en un altar [...] y pronunció clara y distintamente el juramento [...] Con la mano puesta sobre los Evangelios juraba el joven caudillo de la religión y de las garantías, desempeñar leal y fielmente y con arreglo al plan proclamado en Tacubaya el cargo de primer magistrado de la República, comprometiéndose a acatar la religión y a procurar la felicidad de los mexicanos…”.

No muy a gusto con su nuevo cargo, Miramón prefirió continuar en la brega militar contra el ejército liberal y el gobierno de Benito Juárez. El 12 de julio de 1859 presentó un manifiesto a la nación, al que se conoció como “La Hermosa Reacción”, en el que establecía la necesidad de una gran transformación nacional. Ahí se manifestaba por emprender una reforma administrativa para la reconstrucción del edificio social. De esa forma, sin tocar a la Iglesia, la hacienda pública, la justicia, el ingreso nacional y la educación debían ser los pilares básicos de su gobierno, y señalaba: “Creo que debo emprender las reformas administrativas, así creo interpretar rectamente ese hermoso grito: ’reacción’, que resuena por todos los ángulos de la República, y que hoy no expresa otra idea que la de renacimiento, reconstrucción del edificio social… Estoy íntimamente persuadido de que ningún gobierno se ha consolidado en el país porque ninguno ha cuidado de proporcionar al público el bienestar individual. Los males de México no están en la política, sino en la administración.”

A pesar de que la Iglesia ya no le suministraba recursos, Miramón continuó la guerra, para cuyo sostenimiento expropió propiedades de los liberales e incluso hizo que el jefe de la policía de México se apoderara de 600,000 pesos allanando la casa del cónsul inglés. El 28 de septiembre de 1859 suscribió el tratado Mon-Almonte con España que daba vigencia a un tratado leonino para México firmado por Santa Anna en 1853 y que Juárez impugnó. Además, el 29 de octubre del mismo año, obtuvo del financiero suizo Jean Baptiste Jecker un crédito por millón y medio de pesos, de los cuales recibió $618 mil pesos en efectivo, ocho mil en equipo y el resto en bonos de la misma financiera. A cambio de este crédito, el gobierno conservador entregó bonos por 15 millones pagaderos en las aduanas a plazos determinados. Esa deuda sería utilizada posteriormente por Napoleón III para justificar su intervención, ya que dijo defender el interés de sus nacionales. Lo que sucedió fue que poco más de un año después de que Juárez declaró nulos todos los actos del gobierno conservador, con ayuda del duque de Morny, medio hermano de Napoleón III, Jecker se nacionalizó ciudadano francés y reorganizó su empresa como un negocio protegido por Francia.

Miramón logró sitiar por tierra el puerto de Veracruz, sede del gobierno juarista, e intentó establecer el sitio también por mar. El contra-almirante conservador Tomás Marín compró y equipó en Cuba dos naves, que bautizó como General Miramón y Marqués de la Habana. El 6 de marzo de 1860, Marín llegó a la bahía de Antón Lizardo, pero en la noche, los vapores norteamericanos Indianola y Wave y la corbeta de guerra Saratoga de 40 cañones llegaron también a la bahía. Ambas flotillas intercambiaron cañonazos, pero al darse cuenta Marín que se trataba de naves extranjeras interrumpió el fuego, lo cual fue aprovechado por los estadounidenses para capturar los dos barcos de los conservadores y llevarlos presos a Nueva Orleáns. Se frustró así el intento de bloqueo marítimo a los republicanos y el suministro de bombas y municiones para los conservadores.

Al desbaratarse sus planes, Miramón trató de llegar a un arreglo pacífico con el gobierno liberal pero Juárez no aceptó la capitulación; entonces abrió fuego sobre el puerto el 15 de marzo siguiente, sin poder tomarlo. El sitio duró algunos días más hasta que se agotó el parque del ejército conservador y fue levantado el día 21 del mismo mes por la noche.

Miramón regresó a la ciudad de México derrotado por primera vez. Tras nuevos enfrentamientos, finalmente, al mando de ocho mil efectivos y 30 piezas de artillería, el 22 de diciembre de 1860, en San Miguel Calpulalpan, midió fuerzas con el ejército liberal del general González Ortega, integrado con once mil hombres y 14 piezas de artillería. Las fuerzas conservadoras fueron vencidas y con su derrota concluyó la guerra de Reforma.

Miramón dejó la presidencia de la República y acompañado por su esposa, partió exiliado hacia Europa, en un buque de guerra francés, protegido por el embajador Saligny y disfrazado de marino. Ahí fue recibido en las cortes de Francia y España, e incluso llegó a entrevistarse con Napoleón III y con Isabel II. Durante su estancia en París, el duque de Morny, medio hermano del emperador francés, le propuso la venta a Francia de Sonora y la Baja California; a lo cual contestó Miramón: “que aun cuando había sido presidente con facultades omnímodas, ya no era nada en aquellos momentos”. A lo que contestó Morny “que se procuraría buscar una fórmula que obviara este inconveniente, siempre que Miramón accediera a las miras de Francia”. La respuesta fue un indignado rechazo a cualquier negociación.

Miramón regresó a México en julio de 1863, donde ofreció sus servicios al emperador Maximiliano, quien, sin embargo, lo envió a estudiar a Alemania. Retornó al país en 1866, cuando el respaldo del ejército francés era cada vez menor. Sin embargo, Miramón todavía obtuvo algunas victorias en el campo de batalla, al punto de estar cerca de apresar a Juárez en Zacatecas. Pero el declive del Imperio ya era inminente.

La última gran batalla de Miramón fue en el sitio de Querétaro, al lado del emperador Maximiliano. Tras dos meses de resistencia, Maximiliano decidió rendirse, por lo que el 15 de mayo entregó la plaza. Entonces el emperador, Miramón y Tomás Mejía fueron sometidos a un Consejo de Guerra, que los sentenció a muerte.

Al enterarse que se le había negado el perdón, Miramón anotó en su pequeño diario: “Todas las puertas se han cerrado, menos la del cielo”. Y después se quejó de que hasta la hora de su ejecución la habían adelantado de las once a las seis de la mañana.

Antes de morir, Miramón escribió: “Próximo a perder mi vida, y cuando voy a comparecer en la presencia de Dios, protesto contra la acusación de traidor que se me ha lanzado al rostro para cubrir mi ejecución. Muero inocente de este crimen, con la esperanza de que Dios me perdonará y de que mis compatriotas apartarán de mis hijos tan vil mentira, haciéndome justicia.”

Miramón murió fusilado, junto a Maximiliano y Mejía, en el Cerro de las Campanas, Querétaro, el 19 de junio de 1867. Años atrás, en Europa, ante la tumba del mariscal Ney había dicho: “Esta muerte es dulce porque es pronta. Gloria en la vida, honor en la historia y muerte rápida si el destino es adverso, es una carrera que yo apetezco”.


Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride. Nacimiento 29 de septiembre de 1831. Muerte 19 de junio de 1867.