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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Múgica Francisco J.

1884-1954     

 

Nació el 3 de septiembre de 1884, en Tingüindín, Michoacán, hijo de un maestro de escuela. Como su padre era cambiado con frecuencia de plantel, vivió en Zináparo, la Piedad de Cabadas, Purépero, Chilchota y Sahuayo, en donde concluyó su primaria e ingresó al seminario. Tradujo del latín a Ovidio, Horacio y Cicerón.

En 1906 se inició en la política de oposición al régimen porfirista mediante la fundación de periódicos y como corresponsal de "El Diario del Hogar" y "Regeneración". En 1909 se declaró reyista y participó en la campaña de los claveles rojos, por lo que fue encarcelado. Al ser puesto en libertad, publicó "El 1910", periódico que al poco tiempo fue clausurado.

Participó en los motines por el linchamiento del mexicano Antonio Rodríguez, acusado de homicidio de una norteamericana, que una horda de estadounidenses le prendió fuego en vida el 3 de noviembre de 1910 en Rock Springs, Texas, Estados Unidos.

El 18 de marzo de 1911, fue uno de los firmantes del Plan Político Social proclamado por los Estados de Guerrero, Michoacán, Tlaxcala, Campeche, Puebla y el Distrito Federal. Luego marchó a San Antonio, Texas, a entrevistarse con la Junta Revolucionaria que organizaba la lucha maderista. Regresó al país con armas y combatió en Chihuahua; con Pascual Orozco participó en la toma de Ciudad Juárez.

Al triunfo de Madero, no encontró trabajo en la ciudad de México. En 1912 Carranza lo nombró director general de Estadística en su gobierno en el estado de Coahuila; luego, lo mandó como observador de los sucesos de la llamada Decena Trágica, (los informes que envió no le sirvieron porque eran muy generales).

Al apoderarse de la presidencia Victoriano Huerta, participó en la redacción del Plan de Guadalupe, que suscribió a pesar de la negativa de Carranza a su propuesta de incluir demandas campesinas, obreras y otras reivindicaciones sociales, que según el Primer Jefe se dejarían para cuando la revolución triunfara.

Sin embargo, Incorporado a las fuerzas de Lucio Blanco como jefe de su estado mayor, en 1913 Múgica participó en la Hacienda de Borregos en el primer reparto agrario efectuado en el norte del país, hecho por el que Carranza lo retiró del mando.

A la derrota de Huerta en 1914, ocupó la Administración de la Aduana de Veracruz. En 1915 fue presidente del Tribunal de Justicia Militar y después comandante militar y gobernador de Tabasco hasta 1916. Su gestión la caracterizó su política agraria: repartió los terrenos de El Chinal y armó a los campesinos para que defendieran sus tierras; suprimió las jefaturas políticas, fomentó la educación liberal y restituyó su nombre a Villahermosa, antes San Juan Bautista. Asimismo, ayudó a los revolucionarios guatemaltecos que trataban de derrocar a Manuel Estrada Cabrera, criminal presidente apoyado en los militares desde 1898.

En 1917, siendo diputado por Michoacán, integró con Heriberto Jara y Luís G. Monzón, el grupo radical o jacobino que dio el tono de izquierda a la nueva Constitución en sus artículos 3º sobre educación, 27 sobre la tenencia de la tierra y la propiedad nacional del subsuelo, 123 sobre los derechos de los trabajadores y 130 sobre la secularización de los bienes del clero. Ahí expresó:

“Soy el enemigo del clero porque considero que el clero es el enemigo más desdichado y perverso que tiene nuestro país. ¿Qué puede aportar el clero al alma mexicana? Las ideas más absurdas, el odio más desenfrenado a la democracia, y a las ideas de libertad, igualdad y fraternidad. Si permiten que el clero maniobre libremente, nuestros hijos heredarán el fanatismo y el costo será quizá nuestro patrimonio nacional… El liderazgo enérgico de Múgica ayudó a los radicales a incorporar sus ideas en una constitución mucho más izquierdista que la vislumbrada por el victorioso Carranza. La lucha subsecuente ganó para Múgica la reputación de un revolucionario radical, enemigo tanto de la Iglesia como del capitalismo extranjero. Él era ya un héroe nacional en 1917, cuando Lázaro Cárdenas era todavía un guerrillero desconocido”. (Michaels Albert L. Las elecciones de 1940).

Escribió Juan de Dios Bojórquez (Crónica del Constituyente): “He aquí al verdadero paladín del Constituyente. Líder de las mayorías y conductor de la primera comisión de reformas, el general Francisco J. Múgica fue, sin lugar a duda, la figura más conspicua del congreso. Sin ser abogado, sabía legislar como ninguno; sin ser orador etiquetado, en la tribuna arrancaba las ovaciones más largas y estruendosas; sin ser higienista, entendía los problemas de la salubridad; sin ser maestro de escuela, podía dar una conferencia sobre sistemas de enseñanza...Nadie trabajó más que él, ninguno estudió tanto como él, nadie rindió mayor labor que la suya, ninguno lo superó en la tribuna defendiendo los más altos valores del pueblo mexicano. Batallador de los más radicales de la izquierda, fue seguido entusiásticamente por las mayorías y respetado por los hombres de la derecha.” Tal fue la admiración que despertó entre los diputados constituyentes que después de la cena de despedida fue llevado en hombros a su residencia entre aclamaciones.

En abril de 1920, se unió al Plan de Agua Prieta y asumió la gubernatura de Michoacán, en donde había organizado Defensas Sociales, grupos de trabajadores armados de manera separada del ejército, en contra de las guardias blancas de los terratenientes. El 4 de julio del mismo año, Múgica fue electo gobernador de Michoacán por el voto popular. Pero el otro candidato, Pascual Ortiz Rubio, no reconoció su triunfo, por lo que el general Cárdenas asumió provisionalmente la gubernatura. Con el apoyo tácito de Cárdenas, el 21 de septiembre siguiente, los partidarios de Múgica tomaron el palacio de gobierno y el 13 de abril de 1921 su gubernatura fue reconocida por Obregón.

Durante año y medio ejerció un gobierno basado en un movimiento de masas que intentaba la revolución social aun con las armas en la mano, cuyo instrumento de propaganda fue el periódico "El 123". Un obrero fue el presidente municipal de Morelia.

“Por iniciar el reparto agrario, expedir una ley del trabajo, permitir la libertad de prensa y manifestación se enemistó con el clero michoacano y al no contar con la simpatía de Obregón, pidió licencia por un año.(1º de Marzo de 1922).En 1923, por mandato de la Suprema Corte de Justicia, reasumió el puesto; pero poco después, por conflictos con Obregón fue acusado de usurpación de funciones y aprehendido por Miguel Flores Villar, quien encubrió su fuga cuando era trasladado a la ciudad de México”. (Francisco J. Mújica, precursor del socialismo en México).Renunció definitivamente el 29 de noviembre de 1923.

“Sin medios para vivir, decidió trabajar de abogado. Entró en una compañía con Luis Cabrera, un economista brillante y ex carrancista, que era un crítico cada vez más cáustico de la Revolución, un pleito de propietarios mexicanos en contra de las compañías de petróleos que estaban en manos de extranjeros. Múgica no sólo ganó $50 000, sino también tuvo la oportunidad de viajar a Tuxpan, Veracruz, el centro de la industria del petróleo. (Michaels, ya citado).

En 1928 fue director del penal de las Islas Marías. En 1933, con el grado de Brigadier, fue nombrado inspector general del Ejército.

Durante el gobierno de Cárdenas, fue secretario de Economía (1934-35) y luego de Comunicaciones y Obras Públicas (1935-39). Influyó en la expropiación petrolera y redactó el "Manifiesto" o exposición de motivos en el que se informó al pueblo sobre el hecho. Con gran congruencia, cedió sus ahorros personales que ascendían a ocho mil pesos para el pago de la deuda petrolera.

En 1939, se formó el Centro Pro Múgica para promoverlo como candidato a la presidencia por el Partido de la Revolución Mexicana, PRM, pero fue marginado de la contienda preelectoral porque lo consideraron radical y "trotskista" debido a que apoyó se diera asilo al revolucionario ruso. Al terminar su gestión como servidor público Múgica fue ascendido a general divisionario.

En el folleto (Múgica) publicado por varias instituciones con motivo del centenario de su nacimiento se lee: “Al iniciarse el año de 1939, y a pesar de que Cárdenas trataba de contener la lucha por la sucesión presidencial para gozar de más tiempo sin desgarramientos internos en el aparato del bloque gobernante, los candidatos dentro del partido en el poder comenzaron a ser impulsados por sus seguidores. Se trataba de cuatro militares, el ministro de la guerra Manuel Ávila Camacho, el general Sánchez Tapia, el general agrarista Gildardo Magaña y el general Múgica. El 18 de enero se hacían públicas las renuncias de los dos ministros y se daba por abierta la contienda”.

“Mientras que las candidaturas de Magaña y Sánchez Tapia se fueron derrumbando por la debilidad de los dos candidatos, la del ex ministro de la guerra Ávila Camacho fue adquiriendo importancia. Primero se formaron fuertes bloques a su favor en la cámara de diputados y en el senado, y más tarde la mayoría de los gobernadores comenzaron a favorecerlo. Ávila Camacho era un hombre políticamente poco conocido, y en ese sentido, típico candidato de conciliación, donde se premiaba más la ausencia de una ideología explícita que la existencia de un pensamiento político claro. Era éste, según los analistas de la época, el gran defecto de Múgica. Terrible historia ésta en que las virtudes políticas como la claridad, se vuelven defectos en el rejuego del poder.

“Violando las reglas internas del juego, los diputados y senadores así como los gobernadores entraron en campaña. En el sector militar Ávila Camacho contaba con más simpatías que Múgica al que se veía como "excesivamente radical". Grupos importantes de poder pretendían frenar el cardenismo, limitarlo, dar un bandazo a la derecha para "corregir" el fuerte impulso a la izquierda que la sociedad mexicana había vivido en los últimos años. Las esperanzas de Múgica estaban en los sectores obrero y campesino del partido gobernante. Y ahí estuvo su mayor decepción. Desde las cúpulas de la CTM y la CNC, se decidió el apoyo al general Ávila Camacho. En el caso de la central sindical tanto Lombardo como los comunistas aceptaron como bueno el viraje a la derecha que la aceptación de esta candidatura podía propiciar. En la central agraria la lucha fue más enconada.

Múgica convocó a un debate público a sus contrincantes con la prensa como testigo de calidad, pero sus opositores no se presentaron. Recorrió varios estados de la República haciendo campaña, pero la candidatura se había decidido ya; Cárdenas, sorprendentemente no intervino con el peso que tradicionalmente podía tener el presidente en este tipo de decisiones.”

El 10 de julio de 1939, Múgica recibió una carta que se dice precipitó su decisión de retirarse de la política. El profesor guerrerense Pedro Mazón le expresaba en la misma:

“No hace mucho que creía yo que la Revolución había avanzado un gran trecho. ¡Mentira! Porque la Revolución podemos sintetizarla en la libertad de los hombres y qué vale haberles dado un pedazo de tierra, haberles concedido crédito, aumento de salarios, etcétera, si la conciencia de esos mismos hombres nada significa ante la consigna dictatorial de los líderes y gobernantes. Soy secretario general de la 4a Delegación de los Maestros en este Estado y con perfecto conocimiento afirmo que nunca nuestro Sindicato Nacional nos convocó para que democráticamente decidiéramos por quién se pronunciaría nuestro lector magisterial. En estos días, con motivo de la venida del Gral. Ávila Camacho para el próximo domingo, se desparrama el dinero del Gobierno del Estado mandando agitadores, comprando líderes y ofreciendo sueldos a quienes asistan y todavía más, se amenaza a los Comisarios Municipales y Comisarios Ejidales para que presenten determinado número de hombres”.

Tres días después, Múgica le contestó adelantando su futura renuncia a la candidatura:

“Estoy enteramente de acuerdo con usted en que hay en el momento factores de opresión indignos de los treinta años que tiene la Revolución de existir y de que la contumacia conservadora piensa todavía en lograr éxito para sus aspiraciones. Creo también, como usted indica, en que debemos hacer un esfuerzo de firmeza y energía para contrarrestar el proceso electoral reaccionario que está en acción; pero yo pregunto: ¿de qué valdría la energía de un hombre y la actitud de un hombre cuando hace seis meses esta energía y esta actitud se acercan a los núcleos propicios por sus ideas encontrando como respuesta una actitud de cobardía, de temor y de sectarismo? Y es eso lo que a mí me pasa: nadie quiere moverse organizando a los prosélitos de su medio; los sindicatos de izquierda toman franco rumbo a la derecha desde sus directivas y la masa que no está conforme se declara apolítica o se parapeta detrás de la inercia y del indiferentismo; el partido de vanguardia que es el PC (Partido Comunista) lanza una consigna propia de un grupo de anodinos y no sólo no hace prosélitos para las ideas de avance, sino que amenaza y neutraliza a los elementos sinceros de su masa. Por otro lado, el PRM (Partido de la Revolución Mexicana) ha manifestado ya sus simpatías mediante los miembros de su secretariado y de Comité Director a favor de determinada candidatura [...] Yo quiero que usted me diga ante esa realidad si sería fecundo mi sacrificio y mi energía para continuar en la lucha, pues mi pensamiento se circunscribe en estos momentos a no estorbar el desarrollo de un proceso suicida y obcecado que sigue el proletariado nacional y los revolucionarios de izquierda”.

Un día más tarde, el 14 de julio hizo pública su renuncia a la candidatura a la presidencia de la República:

“He recorrido el país para sondear mi popularidad en el pueblo y con profunda pena les digo que Múgica, el constituyente, el que ha luchado tanto por las libertades del pueblo, no es popular. Pero si ustedes quieren que salgamos a la calle y formemos barricadas, estoy dispuesto a encabezarlas; sólo que este combate sería estúpido y estéril. Múgica, repito, no es popular. Por lo tanto debo retirarme políticamente, aunque no quiere decir que deje de luchar en pro de la libertad y en contra de los traidores de la Revolución.

Creí que la lucha democrática se realizaría dentro de un libre juego de ideas en el cual se enfrentaren los sectores de izquierda, del centro y de derecha, para definir el matiz más conveniente de los intereses del pueblo. Creí que el Partido de la Revolución Mexicana dedicaría todas sus actividades y toda la autoridad que le prestaban los compromisos de renovación bajo los cuales surgió a la palestra política, a seleccionar dentro de un ambiente popular amplio y sin taxativas las personalidades adecuadas de las que habría de surgir el candidato del mismo. Creí también, que las fuerzas organizadas de la Revolución Mexicana estarían dispuestas a manifestar sus convicciones y a definir sus intereses sociales y políticos fuera de la tutela de sus directivos, ya que la emisión del voto es una facultad vinculada con el ciudadano, y que la opinión de las fuerzas organizadas emitidas sin consigna sería el timbre de mayor prestigio y la fuerza mejor de sustentación con que podría contar el presidente futuro. Confieso paladinamente y con cierta tristeza que la realidad de los hechos me demostró que yo había sufrido una equivocación en los tres distintos aspectos que señalo. En lugar de un libre examen de las cuestiones nacionales que interesan a los ciudadanos [...] se ha impuesto, desde el primer momento, un intransigente y violento monopolio personalista, defensor de intereses mezquinos y propiciador del continuismo de todos los elementos parasitarios que viven en torno de todos los regímenes.

[...] una política de imposición que, por otra parte, evidencia su resolución de estar dispuesta a todas las transacciones con tal de alcanzar su finalidad suprema que es el poder por el poder. Pero hay más todavía en este desastre moral del espíritu revolucionario del momento, y es la división hasta la atomización de los trabajadores de los grandes sindicatos de industria que colocados en pequeños grupos dentro de las diversas precandidaturas que se agitan en el palenque de la política presidencial, sólo revelan que no han sabido definir aún el vínculo tan estrecho que hay entre los intereses sociales que ellos mismos representan y la realización política de un medio que es indispensable para hacer realidad tangible la aspiración de los trabajadores.

(….)Hemos visto también, como culminación de esta desorientación social de las fuerzas de izquierda de México, que el Partido Comunista, escudado tras un sofisma trivial de táctica de lucha, olvidó su misión histórica de partido de vanguardia y entrega sus intereses vitales a grupos de vergonzante tendencia centrista, llegando a perseguir a aquellos miembros disidentes que, rebelados contra la consigna, pretenden luchar por la integridad de su doctrina.

(…..) es muy difícil una victoria electoral, a menos que se tomara el acuerdo de seguir el mismo camino mediante una campaña de proselitismo pagado, de propagandistas alquilados, de consignas oficiales y de agitación demagógica: es decir entrando en una competencia de corrupción de métodos detestables y de transacciones deplorables.

[...] la Revolución y el gobierno saliente quedan en condiciones morales de imposibilidad de salvar para el futuro mediante el triunfo legítimo de un candidato revolucionario los frutos de la lucha del pueblo por su mejoramiento y su actuación constituye, a mi parecer, una verdadera y grave responsabilidad para los autores del desprestigiante proceso del Partido, a lo que hay que agregar la descarada y torpe acción de muchos gobernadores de los Estados y de muchos funcionarios de elección popular que, a semejanza de los directores obreros y campesinos, han confiado más a la consigna y a la fuerza de la amenaza, y aun a la persecución, el éxito de sus tendencias políticas que a la protección orgánica, moral y legal de las funciones libres de los ciudadanos organizados.

Considero por lo mismo, que mi más alto deber es dar por terminada mi tarea de auscultar las posibilidades de figurar como candidato a la presidencia de la República para la próxima sucesión presidencial. Dentro de un régimen como el delineado no soy ni puedo ser popular; ni puedo ni deseo contar con el favor oficial, y no me estimaría a mí mismo si, siendo un candidato revolucionario, tuviera que formar, para hacer valer mi responsabilidad, un núcleo subvencionado con fondos propios o ajenos, pero de procedencia siempre inconfesable.

A las agrupaciones de trabajadores que con todo valor y conciencia de su responsabilidad han roto las consignas de sus centrales por seguirme; a las fuerzas organizadas del campo que han mantenido la misma actitud; a los maestros, a los jóvenes y a todos los ciudadanos que con tanto entusiasmo han seguido mis ideas como bandera, les pido que no olviden su actitud de izquierda, manteniéndose en su puesto para luchas futuras en que la expresión de la verdadera voluntad popular pueda ser una realidad triunfante.

Me limitaré a señalarles con insistencia la necesidad de incorporar definitiva e integralmente a la mujer a la lucha política de México, pues ya es unánime convicción que estamos exigiendo a la mujer mexicana e imponiéndole, además, todas las responsabilidades de nuestra lucha social y económica e injustamente la tenemos privada de los derechos necesarios que hagan de ella un elemento complementario de la reconstrucción nacional. (Ceballos Héctor. Francisco J. Múgica y la elección presidencial de 1939-1940)

El candidato presidencial del PRM fue el general Manuel Ávila Camacho. “Múgica tenía demasiados enemigos como para poder unificar a México en los días difíciles que todos sabían estaban por venir”. (Michaels, ya citado). Entre sus más poderosos opositores estaba el mismo ejército y gobernadores militares. Para el presidente Cárdenas México debía enfrentarse como una nación unida a la amenaza mundial del fascismo.

“El año 1939 fue clave en la configuración de la correlación de fuerzas en el orden interno y en el externo: en México la derechización se expresaba en la nominación por el PRM de Manuel Ávila Camacho como candidato a la presidencia de la República a costa de Francisco J. Múgica, la gran agitación creada por la campaña electoral de Juan Andrew Almazán, el crecimiento importante de las organizaciones reaccionarias, la terminación de las reformas estructurales, la creación del Partido Acción Nacional y la ofensiva contra el Artículo 3º constitucional, la Ley Federal del Trabajo, el Estatuto Jurídico y los sindicatos. En el planeta dicho proceso involutivo quedaba reflejado en la derrota de la República Española, el estallido dela II Guerra Mundial, los avances del fascismo y la consolidación de la burocracia stalinista en la URSS”. (Peláez Ramos Gerardo. El inicio de la crisis del PCM 1937-1939)

Las elecciones del 7 de julio 1940 fueron sangrientas, el ejército y la policía se estima que mataron o hirieron a cientos de personas, aun hubo problema en la casilla en la que votaría el todavía presidente Cárdenas.

Según Héctor Ceballos (ya citado), el origen de la animadversión generalizada contra Múgica estuvo en:“1) la fama de hombre de la izquierda radical, anticlerical y extremista… 2) la personalidad del revolucionario como individuo consecuente, incorruptible y enemigo de las triquiñuelas… 3) Su conducta política regida por valores éticos y no por conveniencias personales, al precio de disgustar al mismísimo presidente”...

“Al margen de las consideraciones políticas, el carácter de Francisco J. Múgica no era fácil. Convencido absolutamente de la validez de sus ideas y de la necesidad de llevarlas a la práctica, resultaba en muchas ocasiones impositivo e intolerante. Su secretario de los últimos tiempos, Abel Camacho, reconoce en sus memorias que “al general Múgica se le atribuye que cargaba en ocasiones un carácter endiablado y que era jefe que no cejaba en su exigencia, y por lo tanto, que a cada paso no soportaba a sus colaboradores[...] frecuentemente los colaboradores tampoco lo soportaban a él”. (Ribera Anna. Francisco J. Múgica y su candidatura frustrada a la presidencia de México en 1940).

“Según Silvano Barba González, que fue en un tiempo secretario privado de Cárdenas, el Presidente, antes de las elecciones, había señalado cómo Múgica perdía con frecuencia el control de sí mismo, en momentos de ira. "Usted puede imaginar", dijo Cárdenas a Barba González, "qué haría siendo Presidente en un momento de esos". (Michaels ya citado)

Años después, el general Cárdenas escribirá: “la candidatura del general Múgica representó las tendencias radicales de la Revolución Mexicana: su definida convicción en materia educativa, su actitud combativa frente a la labor del clero y su indiscutible honradez habrían hecho de él un buen gobernante, pero las circunstancias del país no le fueron propicias.”

A partir del 8 de agosto de 1939, Múgica regresó al ejército como jefe de la Zona Militar de Michoacán.

En 1941 Múgica fue designado gobernador y comandante militar del territorio de Baja California Sur donde permaneció hasta 1945. Gregorio Sosenki escribe en su libro “La cuarta frontera de Baja California y el gobierno superinsular del general Francisco J. Múgica”, que en realidad Ávila Camacho lo desterró como consecuencia de la crítica que hizo del sistema político mexicano. En ese puesto, Cárdenas le encomendó impedir que los norteamericanos por motivos estratégicos se hicieran cargo de la zona, so pretexto de proteger California de una invasión japonesa. En la península introdujo el primer transporte aéreo para romper el aislamiento en el que la zona se hallaba tradicionalmente, fundó el primer periódico de la región, hizo campañas antialcohólicas, fundó escuelas, reorganizó los servicios de salud pública y repartió tierras. Renunció al cargo por el descuido en que el gobierno tenía a la Baja California.

En 1951 fundó el Partido Constitucionalista Mexicano, que no obtuvo registro oficial y se alió a la candidatura del general Miguel Henríquez Guzmán, lanzada por la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano contra Adolfo Ruiz Cortines candidato del Partido Revolucionario Institucional, PRI, antes PRM. "Yo no soy político. Dicen los que se acercan a mí, que mi símbolo es el chayote: tengo espinas por todas partes" decía Múgica refiriéndose a su actitud siempre crítica.

Tras el triunfo de Ruiz Cortines en 1952, Múgica se retiró nuevamente a la vida privada. Murió en la ciudad de México, el 12 de abril de 1954.

Dionisio Montelongo resaltó la congruencia de Múgica: “En el naufragio de los valores morales de los hombres, uno que conserva esos valores a través de los años, debe ser destacado, puesto de relieve, porque su palabra y su acción, son constructores de nuevos espíritus de clase”.

Concluye Héctor Ceballos ya citado: ...“Lázaro Cárdenas prefirió jugársela con un político moderado como Ávila Camacho a fin de intentar salvaguardar los frutos justicieros de su gobierno. Siguiendo esa misma lógica, no quiso arriesgar su capital político y por tal motivo no asumió la locura de imponer a Múgica (su continuador político natural) como presidente en 1940. Desdichadamente para don Lázaro, tal como lo demuestran los gobiernos que lo sucedieron, en esta ocasión su fino olfato y su excesiva prudencia política a la hora de elegir a su sucesor no condujeron hacia la preservación de las conquistas sociales del cardenismo, sino hacia una dolorosa y progresiva destrucción de las mismas”.

El 17 de diciembre de 1984, el Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, decretó: “ARTICULO UNICO.-Inscríbase en letras de oro, en lugar de honor del Recinto dela Honorable Cámara de Diputados, el nombre de FRANCISCO J. MUGICA”.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.