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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Mendoza Antonio de

¿1492?-1552

Nació en Granada o Valladolid a finales del siglo XV, en un año todavía indeterminado, quizás 1492. Fue hijo de Iñigo López de Mendoza, conde de Tendilla, nieto del marqués de Santillana, hermano del escritor Diego Hurtado de Mendoza y de la heroína de Toledo, María viuda de Padilla. En su juventud sirvió en la Corte, en el ejército y en misiones diplomáticas. Fue tesorero de la casa de moneda de Granada y embajador de España ante Roma.

Después de que tres nobles de alto rango rechazaron el cargo, fue designado primer virrey de la Nueva España. Poderoso cargo que implicaba cuatro títulos principales: alter ego del rey, gobernador general, capitán general y presidente de la Real Audiencia, pero condicionado a dejar en España hijas, hijos, yernos y nueras, en prevención de una posible traición; y sujeto a inspección por visitadores periódicos y a juicio de residencia al término de su mandato. Además, el virrey estaba limitado por el poder moral y religioso del arzobispo de México y por la duración en el cargo a voluntad del rey, aunque en principio era de tres años.

Nombrado en 1530, por atender otras comisiones, no fue sino hasta el 17 de abril de 1535,  cuando en Barcelona, Mendoza recibió su nombramiento. Llegó a las nuevas tierras el 15 de octubre del mismo año. Investido con amplias facultades, sus instrucciones fueron, entre otras: hacer una visita general al Reino, defender el patronato real en armonía con la iglesia, procurar un donativo para el rey, desterrar la ociosidad entre los indios, establecer la casa de moneda para acuñar plata y cobre (el oro sería llevado a España), proponer medios de gratificar a conquistadores y pobladores, fundar si convenía más pueblos de castellanos; e impedir la salida del reino a los encomenderos, que se vendieran armas a indios y negros, así como que se edificaran templos sin su licencia; desde luego, también debía extender el conocimiento, culto y esplendor de la religión, el respeto a sus ministros y las buenas costumbres. A su llegada a la colonia, recibió la salutación oficial en latín clásico de labios de un muchacho indígena, lo que le hizo reconocer el potencial intelectual de los nativos, a diferencia de los españoles que consideraban mentalmente inferiores a los indígenas. Así, su trato fue de benevolencia y flexibilidad hacia ellos.

Una vez destruido el imperio azteca, los indígenas estaban en paz porque los conquistadores (que eran pocos) habían conservado los más de quinientos señoríos existentes, como base del gobierno local, de la tributación y de la evangelización, de modo que el sistema que establecieron fue de dominación indirecta por medio de la encomienda, es decir de la asignación formal de cada señorío a un conquistador en particular. En contraste, la codicia de los conquistadores generaba una fiera lucha por las mejores encomiendas y los mejores puestos del gobierno colonial. Por eso, la misión ineludible del primer virrey fue imponer el gobierno central, representante de la Corona Española, sobre el poder de los conquistadores. Su primera tarea fue lograr el sometimiento al gobierno virreinal de Hernán Cortés y de Nuño de Guzmán, quienes detentaban gran poder en la colonia y que fueron despachados a España.

Por otra parte, Mendoza ordenó que un conjunto de personas doctas hicieran un resumen de todas las disposiciones que señalaban derechos y obligaciones a los indios, el cual fue leído por un intérprete en acto solemne a los caciques y principales indígenas en presencia del propio virrey en la plaza mayor de México. Actos similares se realizaron en los pueblos. Se trataba de evitar que la ignorancia fuera la causa de la desobediencia.

Durante su gobierno se inició la exploración del territorio norte de la Nueva España. Al efecto, formó varias comisiones encargadas de visitar y explorar este territorio. Entre los comisionados estuvieron personajes como Vasco de Quiroga y Marcos de Niza, a quien encargó que realizara una exploración de las tierras visitadas por Cabeza de Vaca, en donde creyó ver una de las míticas ciudades de Cíbola. Gracias a este viaje fue descubierto en California el llamado Cabo Mendocino.

En 1540, el virrey Mendoza organizó una expedición que puso al mando de Francisco Vázquez de Coronado, en parte debido a la leyenda, confirmada como realidad por el fraile franciscano Marcos de Niza que había viajado a lo que hoy es Nuevo México, de la existencia de las Siete Ciudades de Oro de Cíbola, cuya riqueza superaba la de los aztecas y los incas. Coronado exploró durante los siguientes dos años hasta el territorio de lo que ahora es el estado de Kansas, sin encontrar rastros de las fabulosas ciudades (al parecer el fraile sufrió una ilusión óptica con la luz del atardecer que le hizo ver de oro las construcciones indígenas sin que haya podido acercarse para afinar su percepción). Sin embargo, descubrió las Grandes Praderas, las Rocosas, el río y cañón del Colorado, contactó con los indios Pueblo y Zuñis y el Llano Estacado.

En 1542, el virrey también envió una expedición encabezada por Juan Rodríguez de Cabrillo a explorar los vastos y desconocidos territorios de California, así como también mandó a Ruy López de Villalobos al frente de una expedición a las islas de la Especiería, hoy Filipinas, descubiertas en 1512 por el portugués Francisco Serrano y adjudicadas al trono español por Magallanes. En 1543, Ruy López descubrió la isla de Luzón, a la que bautizó como Filipina en honor de Felipe II y cuyo nombre se daría a todo el archipiélago.

Al virrey Mendoza le tocó enfrentar la “guerra del Miztón o chichimeca” en la Caxcana (Nueva Galicia), rebelión de zacatecos, caxcanes y otras naciones, que habiendo intentado una alianza con purépuchas, náhoas, tlaxcaltecas y mexicas, sembraron el miedo hasta en la capital del virreinato durante los años de 1541 y 1542. El propio virrey se puso al frente de las tropas para ahogar a sangre y fuego la extensa rebelión de más de cien mil indígenas, encabezados por el caxcan Francisco de Tenamaztle, en la cual el temible Pedro de Alvarado salió derrotado y malherido al grado de fallecer en Guadalajara el 4 de julio de 1541. A pesar de la enorme pérdida de vidas, el virrey no logró imponer una paz duradera y en 1542, los indígenas sublevados, como los coras, huicholes, tepehuanes y mexicaneros, se retiraron a lugares más inaccesibles para proseguir desde ahí, una guerra que duraría siglos.

Al expedirse las Nuevas Leyes a favor de los indígenas en 1542, que fueron promulgadas en Nueva España el 24 de marzo de 1544, el virrey de Mendoza no las puso en práctica porque el visitador Tello de Sandoval las suspendió después de una junta con eclesiásticos, entre los que se encontraban Zumárraga y Alonso de la Veracruz, pese a que reiteraban la declaración de los Reyes Católicos del año 1500 en favor de los indios. Pensaron que los encomenderos se resistirían a disminuir sus tributos, a libertar a sus indios y a disolver los repartimientos asignados a los funcionarios; además, temieron que como en Perú, su aplicación causara una guerra civil. Los indígenas y negros que al ser frustradas sus esperanzas se rebelaron, fueron sometidos y ahorcados.

En el aspecto económico fue esencial su tarea para poner los cimientos del crecimiento de la colonia: impulsó la agricultura (amplió la superficie cultivada) y la ganadería, reparó el camino de Veracruz e inició el de Guadalajara, además de abrir la Casa de Moneda, en la que principió la acuñación en 1536. También fundó varias ciudades: en 1541 fue la de Valladolid (hoy Morelia), mientras que al año siguiente comenzó a edificarse la de Mérida. Asimismo, las de Zacatecas y Guanajuato iniciaron su construcción.

Su obra educativa fue notable: en enero de 1536 fundó el Colegio de Santa Cruz de Tlaltelolco con el obispo fray Juan de Zumárraga, entre cuyos profesores figuraban Basacio, Focher y Sahagún, a donde estudiaban los hijos de los indígenas nobles: latín, retórica, filosofía y música También durante su administración, llegó la primera imprenta a la Nueva España y a toda América en 1536. Asimismo, fueron traídos al país científicos alemanes encargados de realizar estudios de los minerales y de las condiciones geológicas. Creó la casa de estudios Titipitío en Michoacán, y el Colegio de San Juan de Letrán; además solicitó la creación de la Real y Pontificia Universidad de México, también con Zumárraga, para formar clérigos criollos al estilo de la Universidad de Salamanca en España.

Durante su gobierno enfrentó varias calamidades, tales como una peste en 1545 que mató a miles de personas y en la que se destacó por su amoroso auxilio a los enfermos, por lo que recibió el nombre de “Padre de los pobres”.

El 4 de julio de 1549 fue designado por Carlos V virrey del Perú, hacia donde partió en 1550. Llegó a Lima a mediados de septiembre de 1551 y rehusó recibir las honras correspondientes a su empleo. Minada su salud, tuvo que encargar a su hijo Francisco, recorrer el país, preparar un informe y llevarlo a presentar al Consejo de Indias en España. Tampoco pudo asumir plenamente el gobierno y confió a la Audiencia muchas de sus responsabilidades. Finalmente falleció el 21 de julio de 1552. Sus restos fueron sepultados con gran pompa en la catedral limeña.

Joaquín García Icazbalceta (Biografías) señaló: “El gobierno de Mendoza será siempre de grata recordación para la Nueva España. En él acabó de afianzarse la autoridad real sufriendo rebajas el poder de los encomenderos, objeto principal de los esfuerzos de Mendoza…Los indios, ya que no recibieron completa justicia, vieron notablemente mejorada su condición, y sintieron la pérdida del virrey como la de un padre”.

Escribió Eguiara y Eguren (Historia de sabios novohispanos) de Antonio de Mendoza: “Era un varón de prudencia notable y de probidad singular y con tales dotes se hizo amar de los indios y de los españoles, y de esta forma confirmó y acrecentó los dominios del Rey Católico, y en lo que denantes no conocía, promovió la Gloria de Dios y la salvación de las almas”.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride: Muerte 21 de julio de 1552.