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Edicion 2017

 

Autora: Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

 

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Malinche

1505?-1529?

Al nacer recibió el nombre de Malinali (uno de los 20 días del mes mexicatl y de un tipo de hierba usado para hacer cuerdas), que con el tratamiento reverencial que merecía como hija de un cacique, se convirtió en Malintzin, y que con la deformación castellana devino en Malinche, palabra que para algunos también significa “el dueño de Malinalli”. Después también se le nombraría Malinalli Tenépal (persona que tiene facilidad de palabra, que habla mucho y con animación), y al recibir el bautizo católico, Doña Marina. De su vida antes de la llegada de Cortés, sólo se sabe por el testimonio de Bernal Díaz del Castillo (Historia Verdadera de la conquista de la Nueva España):

“Antes que más meta la mano en lo del gran Montezuma y su gran Méjico y mejicanos, quiero decir lo de doña Marina, cómo desde su niñez fue gran señora y cacica de pueblos y vasallos. Es de esta manera: que su padre y madre eran señores y caciques de un pueblo que se dice Painla. Murió el padre quedando muy niña, y la madre se casó con otro cacique mancebo, y hubieron un hijo y según pareció, queríanlo bien al hijo que habían habido. Acordaron entre el padre y la madre darle el cacicazgo después de sus días, y porque en ello no hubiese estorbo, dieron de noche a la niña doña Marina a unos indios Xicalango, porque no fuese vista, y echaron fama que se había muerto. En aquella sazón murió una hija de una india esclava suya, y publicaron que era la heredera; por manera que los de Xicalango la dieron a los de Tabasco, y los de Tabasco a Cortés.“

Painala era un poblado azteca, de habla náhuatl, situado en la zona de Copainalá, Chiapas, colindante con la región de habla maya. Huilotla (Olotla), poblado cercano a Coatzacoalcos, era su lugar de nacimiento de Malintzin según el historiador jesuita Francisco Xavier Clavijero. Se estima que Malinche nació a principios del siglo XVI, entre  1501 y 1505, y que cuando fue regalada a Cortés tendría unos quince años. Por el testimonio citado, se sabe que fue vendida en la pubertad a unos comerciantes mayas y éstos, a su vez, la volvieron a vender al cacique maya de Tabasco. Durante su cautiverio viajó  a las regiones de habla maya en Yucatán, donde aprendió dicha lengua. Por eso, a la llegada de los españoles, Malinche hablaba tanto su lengua materna, el náhuatl, como la de sus señores, el maya.

En ese tiempo, en los primeros contactos entre españoles e indígenas, la comunicación no era verbal sino “diciéndoles por sus meneos y señas”. Después los españoles se apoderaban de indios para que aprendieran su lengua y les sirvieran de intérpretes. Juliancillo y Melchorejo, indígenas mayas tomados durante el primer viaje de Hernández de Córdova, y que regresaron con Cortés, muestran el esfuerzo de los españoles por comunicarse con los nativos, pero siempre eran vistos con desconfianza porque podían actuar de mala fe e incluso traicionar a sus amos. Por eso Cortés buscó a los náufragos españoles que hubieran aprendido la lengua indígena y tuvo la fortuna de hallar en Cozumel a Jerónimo de Aguilar.

Cortés llegó a la costa de Tabasco, acompañado de su intérprete, Gerónimo de Aguilar, quien habiendo naufragado en esas tierras y esclavizado por los mayas, aprendió su lengua, la que ya dominaba cuando fue rescatado por los españoles. Al siguiente día de haber derrotado en Centla a los indígenas, el 12 de marzo de 1519, en Potonchan le fue entregada a Cortés, como regalo de paz y bienvenida, Malinche, junto con otras 19 jóvenes, pero el conquistador la regaló, a su vez, a Alonso Hernández Portocarrero. Todas ellas fueron bautizadas a los pocos días, pues era excomulgado quien se acostara con una hereje. El padre Olmedo las bautizó, después de haberlas predicado con ayuda de un intérprete “muchas buenas cosas de nuestra santa fe”.

Una vez establecido el ayuntamiento de la Villarrica de la Vera Cruz, Hernández Portocarrero fue enviado a España por Cortés como uno de sus procuradores ante el rey Carlos I de España (V de Alemania). Como Malinche no podía acompañarlo, fue devuelta a Cortés. Portocarrero moriría preso en el cumplimiento de la misión encomendada.

Al regresar Malinche al lado de Cortés, unos soldados se percataron de que conversaba en náhuatl animadamente con mujeres enviadas por los mexicas para el servicio de los españoles, y se lo comunicaron a Cortés, quien la mandó llamar para comprobar que era bilingüe. Antonio Rubial García (Marina Malintzin, indígena emblemática) recoge una versión distinta del cronista Antonio de Solís: cuando Jerónimo de Aguilar no pudo entender a enviados de Moctezuma que se acercaron a los españoles en dos piraguas, la esclava Marina tradujo del náhuatl al maya a Aguilar y éste le comentó al conquistador de sus destrezas lingüísticas.

Así resolvió el problema de entenderse con los  embajadores de Moctezuma: Malinche traducía el náhuatl de los embajadores al maya y Aguilar, el maya al castellano. Cuando hablaba Cortés, la comunicación era a la inversa, algo que para algunos autores recuerda la piedra Roseta de Champolión. En poco tiempo, Malinche aprendió suficiente español para traducir el náhuatl directamente al español sin la intervención de Aguilar, por lo que en adelante, todas las comunicaciones importantes entre los castellanos y los mexicas pasaron sólo por Malinche. Tal como se ve dibujado en un códice inserto en la Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala, de Muñoz Camargo: “El indio informa, Marina traduce, Cortés dicta y el escribiente escribe”. De este modo, Malinche dejó de ser una mujer más al servicio sexual de los españoles y se convirtió en la inseparable compañera de Cortés, quien la llegó a llamar cariñosamente "mi lengua".

Durante la guerra de conquista, debido a su cercanía a Cortés y su papel protagónico, Malinche fue tratada con admiración y respeto por los españoles, y con temor y odio entre los indígenas que la asociaban con el conquistador. “La pareja formó un dueto que combinaba a menudo la elocuencia y la sutileza, la piedad y la amenaza, el refinamiento y la brutalidad”. En el "Lienzo de Tlaxcala" y en el "Códice de entrada de los españoles en Tlaxcala" los representan juntos, Malinche siempre vestida de huipil y con el pelo suelto. Según Bernal Díaz "era de buen parecer y entremetida y desenvuelta... digamos cómo doña Marina, con ser mujer de la tierra, qué esfuerzo tan varonil tenía... jamás vimos flaqueza en ella, sino muy mayor esfuerzo que de mujer...”

La compenetración de Cortés y Malinche llegó a tal grado a los ojos de los indígenas, el conquistador era llamado por el nombre de ella. Bernal Díaz lo explicó así. “Antes que más pase adelante quiero decir cómo en todos los pueblos por donde pasamos, o en otros donde tenían noticia de nosotros, llamaban a Cortés Malinche; y así le nombraré de aquí adelante, Malinche en todas las pláticas que tuviéramos con cualesquier indios, así desta provincia como de la ciudad de México, y no le nombraré Cortés sino en parte que convenga; y la causa de haberle puesto aqueste nombre es que, como doña Marina, nuestra lengua, estaba siempre en su compañía, especialmente cuando venían embajadores o pláticas de caciques, y ella lo declaraba en lengua mexicana, por esta causa le llamaban a Cortés el capitán de Marina, y para ser más breve, le llamaron Malinche”. Aun ya muerta, la Malinche siguió siendo representando al lado de Cortés en un documento de 1537 llamado Castigo de aperreamiento, en el que Cortés, después de consumada la conquista, convoca con el falso pretexto de bautizar a siete principales de Coyoacán  sólo para liquidarlos, lanzándolos a los mastines.

La habilidad de Malinche para ayudar a Cortés a comunicarse con los indígenas conformó toda la campaña de conquista, desde el esfuerzo inicial por establecer relaciones amistosas con los representantes de Moctezuma y la negociación adecuada para forjar alianzas con los caciques descontentos con el dominio azteca, hasta la intimidación de Moctezuma y la rendición de Cuauhtémoc. Malinche persuadía a los indígenas de aceptar la alianza y de convertirse al catolicismo. Se dice que ella favorecía activamente las negociaciones en lugar del derramamiento de sangre. Sin Malinche, la conquista hubiera sido imposible o por lo menos, mucho más difícil, sangrienta, destructiva y lenta. Normalmente Cortés en sus Cartas de Relación evita mencionar a Malinche, probablemente como una forma de minimizar el destacado papel que cumplió en la conquista y ensalzar el propio. Sin embargo, reconoció su relevancia cuando escribió en una carta: "Después de Dios, le debemos la conquista de la Nueva España a Doña Marina".

Además, Malinche hacía de faraute (mensajera confiable para ambas partes en comunicación) y secretaria, que aconsejaba a Cortés y espiaba a los indígenas; por ejemplo, se piensa que sugirió cortar las manos de los espías indígenas para atemorizar a los pueblos mesoamericanos. En Cholula, el propio Cortés relató que Malinche le avisó del complot que se preparaba contra los españoles, que le reveló una anciana indígena que la invitó a huir con los cholultecas; por eso se le consideró haber sido la instigadora de la matanza de Cholula. De este hecho sangriento proviene la leyenda negra de Malinche, como traidora a los pueblos mesoamericanos, a pesar de que su intervención parece ser un invento de Cortés  para justificar su  artera y terrible actuación, perpetrada en contra de miles de personas inocentes. También se le involucró en el asesinato de Cuauhtémoc porque se supone que informó a Cortés que intentaba sublevarse junto con otros caciques.

Malinche no sólo traducía las palabras, explicaba a Cortés la manera de pensar, las costumbres sociales y militares, así como las creencias de los pueblos indígenas, el fatalismo y las dudas de Moctezuma, y en especial, la creencia en el regreso de Quetzalcóatl, que Moctezuma relató a Cortés en su primer encuentro cara a cara y que éste transcribiría en su segunda Carta de Relación:

“Muchos días ha que por nuestras escrituras tenemos de nuestros antepasados noticia que yo ni todos los que en esta tierra habitamos no somos naturales de ella sino extranjeros y venidos a ella de partes muy extrañas y tenemos asimismo que a estas partes trajo nuestra generación un señor cuyos vasallos todos eran, el cual se volvió a su naturaleza y después tornó a venir dende en mucho tiempo y tanto, que ya estaban casados los que habían quedado con las mujeres naturales de la tierra y tenían mucha generación y hechos pueblos donde vivían y queriéndolos llevar consigo, no quisieron ir ni menos recibirle por señor y así se volvió y siempre hemos tenido que los que de él descendiesen habían de venir a sojuzgar esta tierra y a nosotros como a sus vasallos y según de la parte que vos decís que venís, que es a donde sale el sol y las cosas que decís de ese gran señor o rey que acá os envió, creemos y tenemos por cierto, él sea nuestro señor natural...

Yo le respondí a todo lo que me dijo, satisfaciendo a aquello que me pareció que convenía, en especial en hacerle creer que vuestra majestad era a quien ellos esperaban”…

Obviamente, Malinche corrió los mismos riesgos que los conquistadores españoles. Peleó a su lado durante la “Noche Triste”, en la que los guerreros aztecas, encabezados por Cuitláhuac, expulsaron de su ciudad a los conquistadores europeos. Después estuvo en el sitio de la capital azteca y presente en la rendición de Cuauhtémoc, su último emperador.

Tras la caída de Tenochtitlan, Malinche vivió en Coyoacán con Cortés y otras de sus concubinas. Tuvo un hijo de él, llamado Martín, como el padre del conquistador, pero fue separada del conquistador y del pequeño con la llegada a Nueva España de la esposa de Cortés, Catalina Xuárez Marcayda, quien moriría un mes después, tal vez asesinada por el mismo Cortés. Entonces Malinche regresó a Coyoacán.

También sirvió como intérprete a los frailes que comenzaron a llegar a Nueva España para evangelizar a los indígenas. Sin embargo, para esos años, ya no era la única indígena bilingüe y varios españoles habían aprendido el náhuatl. (Rubial García, ya citado).

En la desafortunada expedición de Cortés a las Hibueras, Malinche lo acompañó como uno de los miembros más importantes de su séquito, aunque en ese viaje Cortés se desembarazó de ella y la entregó en matrimonio a uno de sus lugartenientes de nombre Juan Jaramillo, de quien se sabe que ella tuvo otra hija, llamada María Jaramillo.

Relata Bernal Díaz que Malinche volvió a su pueblo con Cortés y estando ahí “vino la madre, y su hija, y el hermano, y conocieron que claramente era su hija porque se le parecía mucho. Tuvieron miedo d'ella, que creyeron que los enviaba a llamar para matarlos, y lloraban, y así que los vido llorar la doña Marina, los consoló y dijo que no hubiesen miedo, que cuando la traspusieron con los de Xicalango que no supieron lo que hacían y se lo perdonaba... y que Dios le había hecho mucha merced en quitarla de adorar ídolos agora y ser cristiana, y tener un hijo de su amo y señor Cortés, y ser casada con un caballero como era su marido, Juan Jaramillo”.

Pero Cortés no se desentendió de Malinche y le concedió las tierras y los impuestos de dos ciudades indias en la región de Jilotepec. Sin embargo, envió a Martín a España. Desde ahí, Cortés logró que el Papa declarara legítimo al hijo de Malinche. Después, el conquistador tendría otro hijo, también llamado Martín, de su matrimonio con Juana de Zúñiga.

A partir de su separación de Cortés, Malinche desapareció de la historia y entró a la leyenda. Se desconoce la fecha y el lugar de su muerte. Algunos señalan que no regresó de las Hibueras y se quedó en sus tierras tabasqueñas. Otros estiman que murió entre 1526 y 1529. Si se considera la Probanza de los buenos servicios y  fidelidad con que sirvió en la conquista de la Nueva España la famosa Doña Marina, fechada en 1542, Malinche murió entre 1526 cuando regresó de las Hibueras y 1527 cuando Juan Jaramillo, su último esposo, volvió a casarse. Otros señalan que hay constancia de que Malinche murió en 1529, conforme a los documentos de las gestiones que hizo su viudo, Juan Jaramillo, para volverse a casar. Fuera de esos datos todo es especulación, como el relato de que fue apuñalada en su casa de la calle de Moneda una madrugada del 29 de enero de 1529, para que no declarara en contra de Cortes durante su juicio de residencia.

José Antonio Crespo (Contra la historia oficial) relata que la Malinche contrajo la viruela y que al morir, en su lecho “fue asistida espiritualmente por Fray Toribio de Benavente, Motolinía, encargó a éste que después de haber celebrado la santa comunión, dijera a Cortés que yo le agradezco lo que conmigo hizo... y que si en algo pudo agraviarme, le perdono por lo mucho de lo que soy su deudora.”

Para muchos mexicanos la palabra Malinche es sinónimo de "traidor", por su colaboración en la lucha de los españoles contra su propia etnia azteca, pero ¿no su propia madre la había traicionado primero al venderla a los mayas? Como esclava, Malinche no decidió estar al lado de Cortés, ella fue repudiada por su gente y no tenía por qué tener lealtad a las otras etnias mesoamericanas que guerreaban entre sí. Además, como señala Nahum Megged: “a qué indios fue que traicionó: ¿a los totonacas que fueron los primeros que se sumaron a Hernán Cortés, a los de Huejotzingo y los de Tlaxcala que lucharon con él, a los xochimilcas que estaban primero con Cuauhtémoc y al último momento se pasaron con Cortés? Cuando los mexicanos hacen referencia a la traición de Malinche, primero deberían pensar ¿Quién era el traidor aquí?”
 
Para Octavio Paz: "El símbolo de la entrega es doña Malinche, la amante de Cortés. Es verdad que ella se da voluntariamente al Conquistador, pero éste, apenas deja de serle útil, la olvida. Doña Marina se ha convertido en una figura que representa a las indias, fascinadas, violadas o seducidas por los españoles". Por eso de su nombre se derivó la palabra "malinchista" para referirse a alguien que prefiere las cosas extranjeras, entregado a lo que viene de fuera, sin capacidad para valorar lo propio.

El término malinchismo, fue usado durante el periodo presidencial de Miguel Alemán por el periodismo de izquierda para denunciar el entreguismo de su gobierno a los Estados Unidos. Hoy se aplica a los grupos desnacionalizados y antipatriotas proclives a sobrevalorar todo lo extranjero y a demeritar todo lo nacional. En ese sentido, en la lírica popular se encuentra el popular corrido La Maldición de Malinche, cuya letra se transcribe a continuación:

“Del mar los vieron llegar mis hermanos emplumados,
eran los hombres barbados de la profecía esperada.
Se oyó la voz del monarca de que el dios había llegado
y les abrimos la puerta por temor a lo ignorado.

Iban montados en bestias como demonios del mal,
iban con fuego en las manos y cubiertos de metal.
Sólo el valor de unos cuantos les opuso resistencia
y al mirar correr la sangre se llenaron de vergüenza.

Porque los dioses ni comen ni gozan con lo robado
y cuando nos dimos cuenta ya todo estaba acabado.
Y en ese error entregamos la grandeza del pasado
y en ese error nos quedamos trescientos años esclavos.

Se nos quedó el maleficio de brindar al extranjero
nuestra fe, nuestra cultura, nuestro pan, nuestro dinero.
Y les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrio
y damos nuestras riquezas por sus espejos con brillo.

Hoy, en pleno siglo veinte nos siguen llegando rubios
y les abrimos la casa y les llamamos amigos.
Pero si llega cansado un indio de andar la sierra
lo humillamos y lo vemos como extraño por su tierra.

Tu, hipócrita que te muestras humilde ante el extranjero
pero te vuelves soberbio con tus hermanos del pueblo.
Oh, maldición de Malinche, enfermedad del presente
Cuándo dejarás mi tierra. Cuándo harás libre a mi gente.”

Hoy parece haber una tendencia en la literatura, en algunos movimientos feministas y en ciertos historiadores a rehabilitar la figura de la Malinche, único personaje femenino de trascendencia histórica en la conquista de México, que sigue haciendo volar la imaginación de propios y extraños.

Su imagen forma parte del escudo de armas del estado de Tabasco.

La Malinche o Malintzin es también el nombre de un volcán ubicado en el estado de Tlaxcala.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride: Muerte ¿29 de enero de 1529?