Home Page Image
 

Edicion 2017

 

Autora: Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

 

El contenido de la Memoria está a disposición como apoyo didáctico para los docentes de historia. Solicítelo en el siguiente enlace:

Solicitud de Descarga

Contacto:
MemoriaPoliticadeMexico@gmail.com

Comentarios:

MePolMex@gmail.com

 
 
 

 


 


Limantour Marquet José Yves

1854-1935

Hijo de Joseph Limantour, capitán de goleta originario de Bretaña, y de Adela Marquet, de Burdeos, ambos originarios de Francia, José Yves Limantour Marquet nació en la ciudad de México el 26 de diciembre de 1854. De familia adinerada, desde su infancia asistió a los mejores colegios privados, y realizó un viaje a Europa a los 14 años. Tras esto, ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria en una de las primeras promociones de la institución, en la que permaneció hasta 1871; de ahí pasó a la Escuela Nacional de Jurisprudencia, en donde logró graduarse como abogado en 1876. Posteriormente tomó en Europa diversos cursos de economía y administración.

Se desempeñó como profesor en la Escuela Superior de Comercio, en la que impartió la clase de economía política, y de derecho internacional en la Escuela Nacional de Jurisprudencia. Además tuvo importante participación en la publicación de la revista jurídica El Foro entre 1877 y 1882.

Posteriormente fue miembro de la Junta de Desagüe del Valle de México y diputado al Congreso entre 1880 y 1890. Pero su carrera en el servicio público fue en ascenso cuando en 1886 la Secretaría de Gobernación le encargó un estudio acerca de la baja de la plata. Diputado al Congreso de la Unión (1892), también fue presidente de la Junta de Saneamiento (1896) y de la de Provisión de Aguas Potables (1903).

Participó en la Unión Liberal que encabezaba Justo Sierra, pero su labor más destacada fue en el campo de las finanzas públicas. Fue designado oficial mayor de la Secretaría de Hacienda, que estaba a cargo de Matías Romero y poco después se encargó temporalmente del Despacho. En mayo de 1893 fue designado secretario de Hacienda y Crédito Público, cargo que conservó hasta que fue nombrado Secretario de Gobernación para concertar la paz con los revolucionarios y poner fin al gobierno de Porfirio Díaz, en mayo de 1911.

Como secretario de Hacienda fue identificado como la cabeza del grupo positivista de los “científicos”, grupo informal que rodeaba al dictador, llamados así por las clases populares porque eran cultos y proponían una dirección “científica” del gobierno para lograr un desarrollo “científico” del país. El grupo de los “científicos” fue muy importante en la economía y las finanzas porque sus miembros actuaron como representantes del gobierno ante los bancos en calidad de consejeros, otros como asesores fiscales y otros más llegaron a servir de intermediarios entre el gobierno y los capitalistas extranjeros interesados en invertir en México. "La mayoría de los científicos procedió de la pequeña burguesía citadina, realizó estudios de bachillerato y obtuvo el título de alguna profesión libre: abogacía, medicina, ingeniería, periodismo o literatura... este grupo selecto, cercano a las 50 personas, contribuyó de distintas formas a la estabilidad del régimen, pues tomó en sus manos las relaciones exteriores, controló la prensa, ocupó los altos puestos de educación y difundió una historia nacional hecha a la medida de los intereses porfirianos. Su pose aristocrática, su fascinación por la cultura europea y la presunción de contar con un saber enciclopédico le dio un toque de distinción al régimen y ayudó a desalentar a la muchedumbre analfabeta de algún intento de demanda democrática". (Pastor Marialba. Nueva Historia Mundial).

Los científicos iniciales lidereados por Limantour, fueron Justo Sierra, Joaquín D. Casasús, Francisco Bulnes, Pablo y Miguel Macedo, Manuel Flores, Ramón Corral y Enríque Creel. Todos ellos se enriquecieron a la sombra y protección del gobierno, abusaron de sus posiciones oficiales y monopolizaron las facilidades financieras del país, con lo que ganaron el repudio de las clases medias y populares excluidas de estos privilegios.

El propio Limantour es señalado por John Kenneth Turner como autor de actos de corrupción en la venta diferida de los ferrocarriles mexicanos a Harriman: “los miembros de la camarilla de Díaz recibieron, como su parte del botín, muchos millones de dólares por medio de maniobras con las acciones y valores al efectuarse la fusión. En conjunto, constituyó probablemente el caso más colosal de despojo que hayan llevado al cabo los destructores organizados de la nación mexicana…En este negocio con Harriman, el mismo ministro de Hacienda, Limantour, fue el maniobrero principal, y Pablo Macedo, hermano de Miguel Macedo, subsecretario de Gobernación, fue primer lugarteniente. Se dice que como premio por su intervención en el negocio, Limantour y Macedo se repartieron una utilidad de 9 millones de dólares en oro, además de que al primero se le hizo presidente y al segundo vicepresidente, del consejo de administración de las líneas unidas, puestos que todavía ocupan”.

Candidato permanente del grupo de los “científicos” para suceder a Díaz en la presidencia de la República, fue utilizado por el dictador para enfrentar al general Bernardo Reyes, gobernador de Nuevo León, que tenía aspiraciones similares. En la víspera de su cuarta reelección, Díaz expresó a Limantour que no se reelegiría y que lo apoyaría como su sucesor siempre y cuando lo aceptara Reyes. En marzo de 1899, Limantour  consiguió la anuencia de Reyes a cambio de nombrarlo secretario de Guerra y Marina; este acuerdo entre ambos se conoció como el “pacto de Monterrey”. A continuación, Díaz envió a Limantour a Europa a negocios de la deuda externa, y mientras lo descartó como candidato presidencial por ser hijo de padre francés y por lo tanto, no cumplir los requisitos constitucionales. Entonces, Díaz quedó nuevamente ante la opinión pública como el único candidato viable y se reeligió. 

Sin embargo, el grupo que encabezaba Limantour sí deseaba sustituir a Díaz en su momento, por lo que miraban hacia una democracia que les permitiera tomar el poder mediante un cambio evolucionista. En 1904 se corrió el rumor de que Limantour heredaría el poder de Díaz, lo que desató una reacción popular contra Limantour y los científicos por su lejanía a la realidad nacional y la protección que brindaban a los intereses extranjeros en México. Díaz siguió alentando la rivalidad entre Limantour y Bernardo Reyes para seguir gobernando dictatorialmente.

Limantour fue personaje muy destacado en la formulación de la política de desarrollo hacia afuera, basado en la inversión extranjera directa y la exportación de materias primas que adoptó Don Porfirio y que obtuvo logros no conocidos hasta entonces en nuestro país -debidos en buena medida a la “estabilidad política” impuesta por la dictadura-: la supresión de las alcabalas; el equilibrio presupuestal; el impulso a las obras de infraestructura material; tales como puertos, ferrocarriles, urbanización, etcétera; la reforma monetaria, por la que rescató de particulares las casas de moneda; la consolidación del sistema bancario y buen crédito internacional; los nuevos impuestos a la producción; el nuevo arregló de la deuda pública; el fomento a la inversión extranjera en la minería, la industria y el comercio. También se logró, por primera vez, una balanza comercial favorable.

Limantour escribió (Apuntes sobre mi vida pública): “La nivelación efectiva de los ingresos  y egresos normales, el arreglo de toda deuda nacional y la reorganización a la vez que la moralización de las oficinas de Hacienda, fueron los tres puntos fundamentales del programa que desde los primeros días, y de toda preferencia, me propuse llevar a efecto. Pensé también desde entonces en abordar otros dos problemas de cuya solución esperaba yo mucho para el desarrollo de todo el país: la abolición de las alcabalas y la legislación bancaria”.

Asimismo, Limantour organizó el sistema bancario mediante la Ley General de Instituciones de Crédito 1897. Asimismo, aconsejó a Porfirio Díaz diversificar la inversión extranjera, atrayendo capitales europeos que pudieran contrarrestar la influencia norteamericana y estar en posibilidad de negociar desde una posición más firme, sin embargo, al final del régimen porfirista, la inversión norteamericana ascendía a 1,500 millones de pesos, en contraste con la inglesa que sólo llegaba a 200 millones y la francesa que era de 100 millones. Un propósito similar de diversificación de las inversiones, se atribuye a la compra de acciones de las empresas extranjeras que realizó Limantour para fundar los Ferrocarriles Nacionales de México.

Como miembro prominente del grupo de los científicos, Limantour era un convencido del darwinismo social, como lo expresó en uno de sus discursos: “los débiles, los mal preparados, los que carecen de elementos para consumar victoriosamente la evolución, tienen que sucumbir, cediendo el campo a los más vigorosos, o que por las características de su modo de ser lograron sobreponérseles y pueden trasmitir a su descendencia las cualidades a las que debieron la supremacía”.

También tuvo un papel relevante en el embellecimiento afrancesado de la capital mexicana: intervino en obras tales como varias modificaciones al Bosque de Chapultepec, el Hemiciclo a Juárez, el Palacio Postal, el Teatro Nacional, la Cámara de Diputados y el Palacio Legislativo (hoy Monumento a la Revolución).

Al estallar la rebelión maderista, intentó llevar a cabo reformas políticas necesarias para mantener la sociedad que había creado el porfiriato.

Ante el avance revolucionario, en marzo de 1911 viajó a Nueva York a intentar acuerdos con los familiares de Madero y con el doctor Francisco Vázquez Gómez. No los logró. Posteriormente, ya en la ciudad de México, entre marzo y mayo estableció negociaciones con Madero para suscribir los Tratados de Ciudad Juárez por los que cayó la dictadura de Díaz el 25 de mayo de 1911, pero que preservaron el poder establecido.

Limantour, siempre fiel al general Díaz, lo acompañó al exilio, avecindándose en París, en donde se dedicó a atender negocios particulares. Murió en esa ciudad el 27 de agosto de 1935, a la edad de 80 años.

Concluye Marta Baranda que Limantour: “Siempre creyó que el renglón económico era la primera necesidad del país y el capital extranjero indispensable para su desarrollo…Estaba convencido de que un gobierno poderoso debía asentarse en una tecnocracia capacitada, ya que eran los ilustrados —los más preparados— los que debían dirigir desde el poder; ellos serían los encargados de realizar el progreso económico y la educación del pueblo... Como integrante de la burguesía, la clase dominante, y como hombre público, buscó el fortalecimiento de la dictadura que ejerciera un gran control y robusteciera los intereses y privilegios de los suyos, llegando a convertirse en uno de sus más sólidos pilares. Apoyó todas las reelecciones de Díaz aunque por otro lado sostuviera que estaba en contra de la perpetuidad en el poder. Esta aparente contradicción surgía de su frustrada candidatura presidencial y de la necesidad de que don Porfirio continuara para no perder el gran poder que ejercía desde la Secretaría de Hacienda: viendo que el dictador era invencible sería mejor seguir colaborando en su administración, tan favorable a la plutocracia y al desarrollo capitalista del país…Veía que sólo un gobierno fuerte y dictatorial podía conservar el orden y la paz, requisitos indispensables para el progreso económico y político de México. Por lo tanto, nos atrevemos a decir que el éxito de la dictadura se debió a la acción conjunta de Díaz y Limantour”.


Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride. Nacimiento 26 de diciembre de 1854. Muerte 27 de agosto de 1935