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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Gálvez José de

1720-1787

En la época de Gálvez, ante el avance de las potencias rivales, los monarcas borbones emprendieron reformas en sus colonias con el propósito de obtener mayores ganancias y mayor poder para la Corona Española. Se basaban en las ideas de la Ilustración, que confiaba en la razón y el conocimiento científico y tecnológico para transformar el mundo, en lugar de la tradición y de la religión. Las élites españolas estaban influidas por Benito Jerónimo Feijoó, que combatía las ideas comunes que erróneamente creía la gente y en materia económica, por José Campillo, que consideraba que España no aprovechaba sus colonias como lo hacían otros imperios, e inspirado en Inglaterra, proponía terminar el monopolio comercial de Cádiz, otorgar tierras a los indígenas, fomentar la minería y crear un mercado para los productos españoles.

Las reformas llamadas “borbónicas” comprendían diversas medidas en la Nueva España. Para reducir el poder de la Iglesia que controlaba grandes extensiones de tierra y fungía como el principal banquero de los terratenientes, quitaron fueros y privilegios personales al clero, especialmente a los jesuitas, no sujetos al Patronato Real, sino al Papa; restaron poder al Arzobispado de México; limitaron las funciones de los obispos; y prohibieron la intervención del clero en la redacción de testamentos civiles. Para que la Corona participara más en la economía y se corrigieran las fugas fiscales, se centralizaron los ingresos reales, el gobierno cobró los impuestos directamente (antes se daban en arrendamiento) y se creó una burocracia que asumió esta función; se aumentaron los impuestos; se establecieron monopolios reales; se fomentó la actividad económica (especialmente la minería) para que con su crecimiento aumentara la recaudación. Pero lo más importante fue el establecimiento del sistema de intendencias para que la metrópoli ejerciera un control más directo y efectivo sobre las regiones del imperio.

José de Gálvez perteneció a la nueva generación de funcionarios poco interesados en respetar las tradiciones y costumbres que durante siglos habían regido las relaciones entre gobernantes y gobernados en las colonias, a los que recurrió la Corona Española para establecer un colonialismo de mayor beneficio económico para la metrópoli y una más sólida sujeción de los dominios americanos amenazados por el predominio marítimo inglés.

De modesta familia, José de Gálvez nació en Macharaviaya, Málaga, el 2 de enero de 1720. Inició sus estudios en el seminario de Málaga y concluyó la carrera de derecho en la Universidad de Alcalá. Ejerció en Madrid, en donde contrajo matrimonio con María Magdalena de Grimaldo. Viudo, se volvió a casar con Lucía Romet y Pichelín descendiente de franceses; gracias a este matrimonio fue abogado de la embajada francesa en Madrid. Fue secretario del marqués Jerónimo Grimaldi en 1761 y uno de los mejores hacendistas y administradores del reino de Carlos III, como lo demostró desde que fue Alcalde de Casa y Corte, así como ministro del Consejo de Indias. Gracias a sus logros, fue nombrado visitador general de Nueva España, cargo que ocupó debido a la renuncia del primer designado, don Francisco Carrasco.

Gálvez llegó a la Nueva España el 2 de agosto de 1761 para investigar la causa de los reducidos envíos de valores a España, e investido de poderes extraordinarios para reorganizar la administración en empleos e impuestos, poderes tan amplios como los del propio virrey Montserrat, lo que generó un conflicto entre ambos. Debido a estas dificultades tuvo que esperar hasta 1764 la llegada de nuevas cédulas que confirmaran ante el virrey los amplios poderes de sus cargos, que fueron “Visitador General de todos los Tribunales y Cajas Reales, e “Intendente de los Ejércitos”, los que ejerció hasta 1771 en Nueva España.

Recorrió San Luis Potosí, Guanajuato, Michoacán, Nueva Galicia, Sonora y California, y emprendió importantes transformaciones en la administración de la colonia española, ya que puso orden en los tribunales y en los cargos públicos, realizando numerosas destituciones, entre ellas la del propio virrey Monserrat, a quien sustituyó por Carlos Francisco de Croix. También hizo florecer las finanzas públicas castigando los fraudes en la administración y contabilidad, aumentó las rentas reales e hizo ahorros en el erario. Buena parte del crecimiento de las rentas se debió a que, apoyado por Floridablanca y Campomanes, estableció el estanco del tabaco y otras reformas financieras, como la implantación de nuevos impuestos sobre el pulque y las harinas; también las rentas aumentaron por el combate al contrabando y la revisión del sistema aduanal de Acapulco y Veracruz. Sustituyó el régimen de arriendo de los impuestos por otro, denominado de encabezamiento, y estableció la contaduría general de las haciendas municipales.

Gálvez organizó e hizo crecer el ejército profesional de Nueva España (antes prácticamente inexistente), para contar con una fuerza represiva disciplinada y leal al rey, capaz de reprimir la inconformidad de los afectados por las reformas emprendidas. El nuevo ejército fue objeto de los máximos privilegios concedidos por el rey.

También desempeñó un papel importante en la expulsión de los jesuitas. En la madrugada del 25 de junio de 1767, sorpresivamente, Gálvez incomunicó a los jesuitas y los regresó a España sin más bienes que los personales; al mismo tiempo, secuestró todas sus propiedades. Por su lado, el virrey De Croix publicó la orden de destierro "con la prevención de que estando, todos los vasallos de cualquier condición y dignidad, obligados a respetar y obedecer las justas resoluciones del Soberano... deben saber los súbditos del Gran Monarca de España, Que nacieron para callar y obedecer y no para discutir ni opinar en los altos asuntos del gobierno". La expulsión ocasionó diversas inconformidades y motines populares en Pátzcuaro, Guanajuato, San Luis de la Paz y San Luis Potosí, los cuales fueron sofocados por Gálvez (quien se puso al frente de las fuerzas reales) mediante ejecuciones sumarísimas de 69 personas. A partir de entonces, la fuerza fue el instrumento favorito de los Borbones para reprimir el descontento.

También Gálvez impulsó la colonización de la Alta y la Baja Californias. Ayudó a fray Junípero Serra en la fundación de misiones y en el establecimiento de poblados para evitar que los rusos, posesionados de Alaska, avanzaran hacia el sur. Además, sustituyó a los jesuitas por franciscanos en las misiones de las Californias. Reprimió la sublevación de los indios de Sonora (durante una de estas campañas sufrió un extraño trastorno mental que le provocaba delirios y del que logró recuperarse, aunque para algunos, en realidad se fingía enfermo para justificar sus fracasos) y fundó una escuela náutica y un centro astronómico en el puerto de San Blas.

Regresó a España en 1772 como miembro de la Junta General de Comercio Moneda y Minas, gobernador del Consejo de Indias y Consejero de Estado. En 1775 contrajo terceras nupcias con María de la Concepción Valenzuela de Fuentes.

Desde España, Gálvez copió el sistema de intendencias de los franceses, que ya funcionaba en la metrópoli, para establecerlo en las colonias. Conforme a este sistema, los Intendentes, nombrados por el rey y sólo responsables ante él, concentraron el poder en todos los ámbitos: guerra, hacienda, justicia, fomento de la economía y obras públicas, en detrimento del virrey, de la Real Audiencia y de los ayuntamientos que antes ejercían algunas de estas funciones. A los amplios poderes de los intendentes, correspondió un sueldo equiparable al del virrey. Además, Gálvez excluyó a los criollos de estos cargos y para ocuparlos envió a la Nueva España a peninsulares amigos y hasta parientes, aunque en su mayoría los intendentes fueron oficiales de alta graduación. Así se formaron en Nueva España doce intendencias: México (sede de la Intendencia General o Superintendencia), Puebla, Veracruz, Mérida, Oaxaca, Valladolid, Guanajuato, Zacatecas, Durango y Arizpe.

Tan notable fue considerada su tarea realizada en la Nueva España que el rey Carlos III recompensó su labor al designarlo ministro universal de las Indias en 1776, en cuyo cargo fundó la Comandancia General de las provincias internas de la Nueva España que abarcaba Durango, Chihuahua, Sinaloa, Sonora, California, Coahuila, Texas y Nuevo León. Además creó el Virreinato del Río de la Plata, con los territorios meridionales del Virreinato del Perú, y la Intendencia de Caracas, con los del norte. La creación de estos nuevos virreinatos pretendía detener el avance territorial de ingleses, franceses y portugueses, así como administrar mejor los extensos y mal comunicados territorios coloniales.

Asimismo, promovió los decretos de libre comercio que terminaron con el monopolio comercial del puerto de Cádiz. Y fue miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País, que difundía las ideas de la Ilustración.

En 1778 fundó el Archivo General de Indias, con los documentos que se encontraban en el Archivo de Simancas, en Sevilla y en Cádiz.

En 1785 fue nombrado Marqués de Sonora y poco antes de su muerte, vizconde de Sinaloa.

Falleció en Aranjuez el 17 de junio de 1787, no sin antes haber promovido obras en beneficio del pueblo en que nació.

Las reformas “borbónicas” de las que Gálvez fue promotor y ejecutor, lograron triplicar los ingresos coloniales del estado español en la segunda mitad del siglo XVIII. La Nueva España se convirtió en la segunda fuente de ingresos para la Corona, superada sólo por la península. El auge económico de la minería permitió la construcción de grandes plazas, monumentos y edificios en las principales ciudades, así como la divulgación de las ciencias y las artes entre los criollos. Sin embargo, el despotismo ilustrado que ayudó Gálvez a implantar en Nueva España, transformó profundamente la política, la economía y la sociedad de la colonia: concentró el poder en los peninsulares inmigrantes (gachupines) y desplazó del gobierno a los peninsulares residentes y criollos; asimismo, trastocó la organización económica y social a favor de una minoría acaudalada y en contra de una gran masa empobrecida, mayoritariamente mestiza e indígena. En lo inmediato, las reformas borbónicas provocaron tanto malestar entre la gente por la presión impositiva que se ejerció sobre ella, que tuvieron lugar rebeliones y levantamientos, que abonarían el terreno para que, pocas décadas más tarde, surgiera el movimiento de independencia.


Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efemérides: Nacimiento 2 de enero 1720. Muerte 17 de junio de 1787.