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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Carlos María de Bustamante

1774-1848

Historiador y periodista, hijo del español José Antonio Sánchez de Bustamante y de Gerónima Merecilla y Osorio, nació en la ciudad de Oaxaca en 1774, el 3 de octubre para algunos, el 4 de noviembre para otros. Huérfano desde niño, a los doce años comenzó a estudiar gramática latina. Ingresó al colegio anexo al Convento de San Agustín en Oaxaca, posteriormente se trasladó a la ciudad de México, en donde se graduó de bachiller de Artes. En 1796 empezó la carrera de Jurisprudencia en el Colegio de San Pablo, y en julio de 1801, en Guadalajara, recibió el título de abogado en la Real Audiencia, en la que llegó a ocupar el cargo de relator, puesto al que renunció para evitar el caso de extender una sentencia de muerte. En ese periodo contrajo nupcias con doña Manuela García Villaseñor.

A partir de entonces empezó a ejercer su profesión y llegó a alcanzar prestigio como abogado, ya que se hizo cargo de graves casos tales como la defensa de Esteban de Castro, asesino de Lucas de Gálvez, capitán general de Yucatán. Pero sus esfuerzos no se limitaron a lo estrictamente profesional, ya que en 1805 inició la publicación del Diario de México, en el que comenzó a escribir artículos políticos en los que defendía a los reyes de España de la agresión napoleónica.

Tras ser invadida España por los franceses, se pronunció a favor de la unión de los mexicanos con los españoles; incluso mandó acuñar a su costa una medalla conmemorativa de esa unión. Sin embargo, su opinión cambió radicalmente debido a la aprehensión del virrey Iturrigaray y la muerte del licenciado Primo de Verdad.

En un principio no participó directamente en el movimiento insurgente, aunque simpatizó con la causa revolucionaria, llegando incluso a establecer contacto con los miembros de la resistencia localizados en la capital denominados los “Guadalupes”.

En 1812 publicó el periódico El Juguetillo, en el que criticó al gobierno colonial, pero al suspenderse la libertad de imprenta por órdenes del virrey Venegas, se fue a Tacubaya y posteriormente se marchó con su esposa a Zacatlán, Puebla, en donde se unió al grupo insurgente encabezado por José Francisco Osorno. De ahí se trasladó a Oaxaca, donde decidió unirse en mayo de 1813 al ejército insurgente de José María Morelos, en el que desempeñó el cargo de inspector general de caballería. También se dio tiempo para seguir redactando El Correo Americano del Sur, periódico fundado por el doctor Herrera, y cuya dirección le fue confiada por Morelos.

Cuando se realizó el Congreso de Anáhuac en Chilpancingo, acudió como diputado por la provincia de México. Para ese acto Bustamante fue quien redactó el discurso con el que debía inaugurarse el congreso; sin embargo, durante el acto de apertura, realizado el 15 de septiembre de 1813, Morelos prefirió leer primero el suyo propio, el célebre “Sentimientos de la Nación”.

Al concluir las sesiones del Congreso se aprobó el Acta Solemne de la Declaración de la Independencia de América Septentrional, documento firmado el 6 de noviembre de 1813. Bustamante participó en la redacción del acta, en la cual se declara: que “...queda rota para siempre jamás y disuelta la dependencia del trono español”.

Cuando el congreso salió de Chilpancingo, Bustamante salió a cumplir una misión que le había encomendado el mismo congreso: conseguir en Estados Unidos apoyos para la causa insurgente. Sin embargo, se vio prácticamente impedido de cumplir su misión debido a los numerosos obstáculos y tropiezos que debió enfrentar, especialmente el hostigamiento de la tropa de Juan N. Rosáins. Posteriormente, perseguido por tropas realistas, huyó a Tetela, donde estuvo hasta agosto de 1815. Tras la derrota de Rosáins, Bustamante regresó a Tehuacán, donde se encontraban los miembros del congreso, ahí se enteró de la detención de Morelos. Redactó para el congreso una petición de clemencia para Morelos, dirigida al virrey, la que fue ignorada.

Posteriormente el congreso designó a Bustamante ministro del Supremo Tribunal de Justicia, una de las instituciones creadas por la Constitución de Apatzingán.

Perseguido de cerca por los españoles, el 8 de marzo de 1817 se acogió al indulto. Sin embargo, en agosto intentó embarcarse en un buque inglés hacia Europa, pero fue apresado y recluido en la prisión de San Juan de Ulúa, donde permaneció algunos meses; pasó a la ciudad de Veracruz en febrero de 1819; al restituirse la Constitución de Cádiz logró la amnistía en 1820.

Ya libre, ejerció la abogacía. Su trabajo político continuó: envió una carta a Vicente Guerrero para que se entendiera con Agustín de Iturbide. Al proclamarse el Plan de Iguala, se unió en Jalapa a Antonio López de Santa Anna, de quien fue secretario.

Regresó a la ciudad de México en octubre de 1821. Ya instalado en la capital, Bustamante fundó un periódico, al que tituló La Avispa de Chilpancingo, desde donde difundió las decisiones del Congreso de Chilpancingo y atacó el proyecto de convocatoria al Congreso formulado por Iturbide. Molesto éste, mandó encarcelar a Bustamante, prisión que apenas duró algunas horas.

El 24 de febrero de 1822 concurrió como diputado por Oaxaca a la instalación de la asamblea constituyente de la cual fue presidente mientras se hacía la elección correspondiente.

El 26 de agosto de 1822 volvió a la cárcel, junto con otros legisladores, bajo la acusación de conspirar en contra del Emperador. Recobró la libertad hasta el derrocamiento de Agustín I en marzo de 1823. Nuevamente fue electo diputado para formar parte del congreso que redactó una nueva constitución federal. Ahí fue un firme opositor al federalismo y a favor del centralismo, lo que lo hizo figurar en la corriente conservadora.

Cayó en la cárcel una vez más en 1827. Sin embargo, casi inmediatamente el congreso le reconoció sus méritos y lo nombró Auditor de Guerra, además de otorgarle una pensión. Desde 1824 y hasta su muerte, con excepción de algunos breves intervalos, fue diputado por su estado.

En 1836 fue creado el Supremo Poder Conservador, y él fue uno de sus cinco miembros; ahí se mantuvo hasta la revolución de 1841. Después rehusó ser integrante del Consejo de Estado creado por las Bases Orgánicas de 1843.

Para Enrique Krauze (La Presencia del Pasado) la trayectoria de Bustamante fue “un desmentido a las simetrías que se trazarían después para describir las querellas ideológicas del siglo XIX. Fue el cronista por antonomasia de los insurgentes; los creía encarnaciones del pasado antiguo, al grado de disculpar a veces sus excesos y matanzas como compensaciones de las que, tres siglos atrás, habían perpetrado los conquistadores en Cholula y Tenochtitlan. Pero fuera de esta importante convergencia con la naciente tradición liberal (la negación del dominio español, la afirmación de la Independencia), Bustamante desplegó posiciones «incomodas»: era centralista, católico fervoroso y, sobre todo, defensor de la Iglesia: del carácter exclusivo y excluyente de su culto y sus creencias, el respeto a sus instituciones, sus fueros, sus bienes «y otras cosas piadosas». Detestaba a los radicales jacobinos, «zafios y groseros», y desconfiaba de la democracia (el pueblo es una bestia feroz e ingrata, que perdido una vez el tino y el respeto a la autoridad que lo manda no es fácil sujetarlo). No obstante, estaba igualmente lejos de los extremos monárquicos y dictatoriales. Habitaba un terreno ideológico ambiguo y no pocas veces contradictorio, Filateles y Paleófilo en una misma persona: un independentista radical que se apiadaba de los españoles expulsados de México en 1827; un antiliberal que hacia amplio uso de la libertad de imprenta. Era un patriota del siglo XIX, arraigado en la mentalidad del XVII, que había pasado casi a ciegas por el siglo XVIII. Quería construir una patria mexicana (es decir, no española) y por lo tanto orgullosa de su pasado indígena, pero católica y provista de un gobierno central fuerte.”

Bustamante también fue un notable historiador, entre cuyas numerosas obras destacan el Cuadro histórico de la revolución de la América mexicana comenzada el 15 de septiembre de 1810 por el ciudadano Miguel Hidalgo y Costilla, primera obra histórica sobre la guerra de independencia de México que abarca desde el golpe de Yermo en 1808 hasta la muerte de O’Donojú. Habiendo participado en muchos de los hechos narrados: “Notaba con sentimiento que las personas que fueron testigos presenciales, y que habían sobrevivido a tan grandes acontecimientos, iban desapareciendo rápidamente y que a vueltas de pocos años se encontrarían muy pocas capaces de instruirnos con verdad de lo mismo que vieron, o que trastornándoles el decurso del tiempo la memoria circunstanciada de los sucesos, los referirían diminutos e inexactos en la mayor parte. Alléguese a lo dicho que muy poco o casi nada se había impreso de lo que pudiera dar honor a los americanos”. Fue así que entre 1821 y 1827 publicó este libro primero en forma de cartas semanales y después como una edición corregida y aumentada de 1843 a 1846.

A través de sus obras resalta el propósito de crear a los héroes de la patria y sustentar la identidad nacional mexicana con un pasado glorioso. Entre sus más de cien escritos destacan: Galería de antiguos príncipes mexicanos; Crónica Mexicana; Hay tiempos de Hablar y Tiempos de Callar, El Gabinete Mexicano, Presidente Anastasio Bustamante hasta la entrega del mando a Antonio López de Santa Anna, El nuevo Bernal Díaz del Castillo y varios escritos sobre José María Morelos. Asimismo, hizo publicar numerosas obras de historia de México, algunas especialmente para estimular el patriotismo nacional durante la expedición española de Isidro Barradas en 1829.

La invasión de México por los Estados Unidos en 1847 causó grave dolor y afectación en Bustamante. Falleció en la ciudad de México el 21 de septiembre de 1848.

Escribió Andrés Henestrosa que “La vida y su muerte transcurrieron a compás con la de México: Carlos María de Bustamante, el denodado defensor de sus libertades murió de la tristeza que le produjo ver flotar sobre Palacio Nacional la bandera norteamericana, el fatídico año de 1848”.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride. Nacimiento 4 de noviembre de 1774. Muerte 21 de septiembre de 1848.