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Edicion 2017

 

Autora: Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

 

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Juan Nepomuceno Almonte

1802-1869

Nació el 15 de mayo de 1802 en Nocupétaro (aunque algunos dicen que fue en Parácuaro), población de la antigua provincia de Valladolid (hoy estado de Michoacán), siendo sus padres José María Morelos y Pavón y Brígida Almonte. El año de nacimiento fue aclarado por el propio Morelos, quien declaró ante el Tribunal de la Inquisición, en noviembre de 1815, de que su hijo tenía entonces 13 años.

Siendo todavía un niño, Juan Nepomuceno comandó la compañía de niños soldados “Los Emulantes”, y acompañó en varias acciones militares a su ilustre progenitor, como en el sitio de Cuautla. Incluso en diciembre de 1813, fue herido en un brazo durante el ataque a Valladolid.

Hacia 1815 fue enviado a estudiar a los Estados Unidos, en donde estuvo hasta 1821, año en que retornó al país una vez proclamado el Plan de Iguala. Empero, volvió a partir hacia el país del norte en cuanto Agustín de Iturbide fue coronado emperador. Tras una estancia no tan larga, regresó al país cuando se instauró la República y fue nombrado teniente coronel. A partir de entonces se integró a misiones diplomáticas que lo llevaron a Sudamérica e Inglaterra.

En el terreno político, se alió siempre a Vicente Guerrero; en 1835 escribió Noticia estadística sobre Tejas; posteriormente, en 1836 se unió a Antonio López de Santa Anna en la campaña contra los separatistas tejanos, en la que fue hecho prisionero por el general Samuel Houston en la batalla de San Jacinto. Al ser liberado en 1837, retornó a México acompañando a Santa Anna. Todo lo anterior le sirvió para que en 1839 fuera ascendido a general brigadier, llegando a ocupar la Secretaría de Guerra y Marina en la presidencia de Anastasio Bustamante. Después, entre 1841 y 1845 se desempeñó como ministro ante el gobierno de los Estados Unidos, cargo en el que se destacó por su afán de evitar la intervención norteamericana e impedir que Texas se incorporara a la Unión Americana. Regresó a ocupar la Secretaría de Guerra y Marina en 1846, desde donde participó en la guerra contra los norteamericanos.

Después del desastre de la guerra con los Estados Unidos, cambió de bandera política: de ser un liberal y republicano pasó a unirse al Partido Conservador, tras haber impugnado la ley de expropiación de los bienes de la Iglesia.

Pese a lo anterior, en 1856 Ignacio Comonfort todavía lo nombró representante de México ante la Gran Bretaña y luego ante las cortes de Austria y España.

Perteneció a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y a varias sociedades científicas del extranjero. En 1857 publicó el Catecismo de geografía universal para uso de los establecimientos de instrucción pública y la Guía de forasteros y repertorio de conocimientos útiles.

Ya en la Guerra de Reforma fungió como representante de Félix Zuloaga, -quien era el presidente de la República para el bando conservador-, y como tal firmó en París, el 26 de septiembre de 1859, el Tratado Mon-Almonte, que acuerda considerar a México como un protectorado español y conviene indemnizar a los súbditos españoles por los daños y perjuicios derivados de delitos del orden común, en un monto que determinarán los gobiernos de Francia e Inglaterra, a pesar de que las autoridades, funcionarios y empleados públicos no tuvieron responsabilidad alguna en esos actos. Esta sumisión al extranjero hizo que el presidente Benito Juárez lo declarara traidor a la patria y que se reservara “el derecho de arreglar las diferencias pendientes con España, conforme a los principios de justicia universal y de un modo conveniente a la dignidad de ambas naciones”.

Al triunfar los liberales en la guerra, Almonte dejó el país; ya en Europa se alió con Gutiérrez Estrada y otros conservadores para intentar establecer una monarquía en México. La búsqueda de los conservadores de un príncipe europeo tenía como principal motivo lograr el apoyo del viejo continente para acotar la influencia norteamericana. Así, Almonte conspiró para procurar la intervención francesa, por lo que impulsó la expedición tripartita Inglaterra-España-Francia. No conforme con ello, fue uno de los mexicanos que ofreció la corona de México a Maximiliano de Habsburgo.

Al darse la intervención francesa, Almonte aprovechó esa expedición militar para regresar al país. Y en 1862 se proclamó presidente interino, lo que pocos tomaron en serio. Participó militarmente al lado del ejército invasor, junto al cual libró la batalla del 5 de mayo. Al tomar los franceses la capital, formó parte de la Junta de Regencia –dispuesta por el general francés Forey- que gobernó entre el 21 de julio de 1863 y el 12 de junio de 1864, en la que participó con el arzobispo de México Pelagio de Labastida y Dávalos, y con el general Mariano Salas; como suplentes,  el obispo de Tulancingo Juan Bautista Ormachea y José Ignacio Pavón. Dicha junta proclamó unánimemente, el establecimiento de un imperio en México y llamó al trono al archiduque de Austria Fernando Maximiliano; en caso de que no aceptara, acordó suplicar a Napoleón III designara a la persona que debía ocupar el trono.

Al aceptar Maximiliano la corona mexicana y establecerse el Imperio, Almonte se convirtió en un lugarteniente del emperador y luego mariscal del imperio, al que sirvió en varios cargos. Uno de los más importantes fue el desempeñado en 1866 ante Napoleón III para pedirle que no retirara a las tropas francesas de México, objetivo en el que fracasó. Entonces decidió permanecer en París, donde falleció el 21 de marzo de 1869.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride. Nacimiento 15 de mayo de 1802. Muerte 21 de marzo de 1869.